Es ( ) un ejercicio gramático de hegemonía: presenta la destrucción del Estado social como “equilibrio fiscal”, el desmantelamiento de programas como “eficiencia”, y el congelamiento del gasto como “responsabilidad”. Nadie que lo lea se imagina que está leyendo un acto de guerra de clases. Ese es, precisamente, el éxito ideológico del documento. El oficio reivindica con orgullo la instalación de un “nuevo paradigma”: la primacía del mediano plazo sobre el corto plazo en la gestión presupuestaria. Habla de “coherencia entre planificación, presupuesto y resultados”, de “alineación con prioridades estratégicas”, de “resultados verificables”. Nada de eso es nuevo. Es el lenguaje del New Public Management, la teoría de gestión pública diseñada en los años ochenta para aplicar la lógica del mercado y la empresa privada al Estado. Lo que en Chile experimentó como laboratorio de choque en los años setenta, el mundo neoliberal fue exportando como “modernización” durante las siguientes décadas.

