De nuevo Marx
Política 13 marzo, 2026 Miguel Ángel Cerdán Pérez

En su famosa disputa con Kautsky, Edward Bernstein argumentó contra la “Ley de la Miseria Creciente” de Marx y señaló que no se estaba dando un empobrecimiento masivo de la clase trabajadora, lo que alejaba la revolución socialista. Kautsky era ortodoxo, y Bernstein heterodoxo. Ambos eran miembros destacados a finales del XIX del Partido Socialdemócrata alemán, que entonces era marxista. La Ley de la Miseria Creciente de Marx indicaba que en la evolución del capitalismo, los dueños de los medios de producción invertirían cada vez más en capital constante (maquinaria, tecnología e infraestructuras) con el fin de reducir el capital circulante y por lo tanto los trabajadores, aumentar por lo tanto el llamado “Ejército de reserva”, es decir el número de trabajadores en paro disputándose los cada vez más escasos puestos de trabajo, y así poder imponer “plusvalías” crecientes, es decir salarios más bajos y beneficios cada vez más grandes.
Durante buena parte del siglo XX la Historia pareció dar la razón a Bernstein dado que, a partir de Keynes sobre todo y del “New Deal”, la ley de la Miseria Creciente no se hizo efectiva, se articuló incluso con los “treinta años dorados” una potente clase media tras la II Guerra Mundial, y el capitalismo parecía no sólo salvado sino el mejor de los mundos posibles. El descredito de Marx aumentó con el fracaso de los sistemas comunistas, pues se demostró que era imposible aquello de “cada cual según sus posibilidades y a cada cual según sus necesidades”, que nunca se había llegado a la idílica “sociedad comunista” y que la Dictadura del Proletariado en los sistemas donde habían triunfado los comunistas se había convertido en una Dictadura sobre el Proletariado como había oportunamente criticado Bakunin a Marx, que señaló que los que los que decían defender a los trabajadores se convertirían en una nueva élite de opresores.
Marx parecía haberse equivocado, y fue descartado a finales del XX. Sus conceptos y tesis de la “plusvalía” y del “materialismo histórico” sin embargo no habían sido refutados.
Hoy Marx, vuelve con más fuerza que nunca. En primer lugar veamos lo que nunca se ha ido. Y por lo tanto hablemos de la plusvalía. La plusvalía parte de que es el trabajo de la persona (y no esa necedad difundida por lacayos voceros de que es el empresario el que crea riqueza) el que da valor a un producto. Es decir, si para hacer un lápiz el capital circulante (maquinaria, fuente de energía, etc, etc.) aporta 10 céntimos, y el precio final del lápiz es de 1 euro, el valor trabajo (es decir, el trabajador) ha supuesto un valor de 90 céntimos. Como el capitalista le ha pagado al trabajador 5 céntimos por eso trabajo, la plusvalía (diferencia entre el valor aportado y el salario cobrado) de la que se ha apropiado el empresario ha sido de 85 céntimos (90 céntimos aportados menos 5 céntimos cobrados).
El materialismo histórico habla de que son las condiciones materiales y las relaciones de producción (la infraestructura) la que determina la ideología, cultura, forma de pensar, instituciones, etc, etc, es decir la superestructura. Por poner un ejemplo, que hoy mismo las relaciones de producción no se concentren en fábricas sino en un sector servicios muy atomizado ha supuesto que la ideología dominante (al servicio del capital) pueda centrarse en el fomento del individualismo y el supuesto empoderamiento de la persona liberador, que es más bien esclavizador. Los medios de comunicación, y no digamos los algoritmos de las redes, inciden aún más en esta superestructura como ente de dominación. Las variaciones de Gramsci, Poulantzas, etc, son irrelevantes respecto a lo esencial.
Ahora bien, lo fundamental en la vuelta de Marx es que ahora, en el siglo XXI, se está dando de forma acelerada e irreversible la Ley de la Miseria Creciente. Y lo está haciendo la IA y la automatización.
Me explico. Mientras el otro día el grueso de los mortales se fijó en los robots chinos haciendo kung fu y sonrieron, los que entienden de esto se asustaron muchísimo. Hay un salto exponencial en la IA, en el algoritmo y la automatización. Ya no sólo es que se vaya a sustituir a los trabajos de cuello blanco, es que se sustituirá a los trabajadores de cuello azul; a los fontaneros, electricistas, etc, etc….Eso es a lo que nos aboca una automatización y una IA que crece y se autoalimenta de forma exponencial. Y ello significa una “Ley de la Miseria Creciente” donde el 99 % de la mano de obra será sustituible, y donde las peores pesadillas de desempleo y pobreaza se harán realidad. Desaparecerá no sólo la clase media; desaparecerá el 1 % más rico, y la riqueza se concentrará en el 0.000001 % de la población. El resto se hará prescindible y formará parte del “Ejército de reserva”. Y por favor, que no vengan con la necedad de que se crearán nuevos puestos de trabajo. Los que se creen no sustituirán ni uno de cada 10.000 empleos que se destruyan.
Esta es la realidad que se atisba. La alienación del ser humano será total. Y aunque los ritmos se harán más lentos o más rápidos en función de lo que dictamine el Hegemón de la superestructura, la perspectiva es inevitable. Un Olimpo de “homo deus”, unos millones de sirvientes, y el resto o extinguido o en el abismo del Elysium.
A eso es a lo que estamos abocados. Ahora bien, para llegar a eso, ha tenido el Hegemón que hacer una faena de desguace previo, de limpieza casi étnica de lo que podría haber supuesto resistencia. Y ahí se inscribe los valores postmateriales a lo Inglehart que entronizaron los que hubiesen tenido que defender a la herencia de Marx, la izquierda vamos, y se dedicaron sin embargo a rendir las últimas defensas. ¿Hay sin embargo posibilidad de resistencia? Cada vez es más efímera. Pero aún la hay.
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