El cambio climático, el modelo de desarrollo forestal, ausencia de trabajo preventivo con las comunidades, falta de educación medioambiental, reforzamiento de estrategias y financiamiento para la prevención en las zonas más sensibles, contar con una legislación fuerte y adecuada, aumentar los controles y financiamientos, definir bien el uso de suelos, modificar los planos reguladores y criterios para construcción de viviendas.
“El Siglo”. El Editorial. Santiago. 25/2/2024. En una dramática repetición con graves consecuencias, Chile asiste a la magnitud de enormes incendios forestales, esta vez, y por ahora, concentrados en tres regiones del país, Biobío, Ñuble y La Araucanía. Los datos de la tragedia se irán actualizando y, por desgracia, aumentando.
El primer hecho de la causa es que los incendios forestales están convertidos en una negativa realidad del país. Parece inevitable que cada verano lleguen con su estela de muerte y destrucción.
Los gobiernos hacen los esfuerzos en campañas preventivas, fortalecimiento de Conaf, preparación investigativa de las policías, apoyo a Municipalidades, procuración de mejores condiciones como contar con aeronaves potentes para combatir los siniestros, apoyos a Bomberos. Eso incorpora planes de emergencia para apoyar a las y los damnificados, reconstrucción de viviendas, lo que incluye villas y poblaciones enteras, bonos a las familias, etcétera. Siempre parece insuficiente, incluidos atrasos increíbles en reconstrucción de viviendas.
Hay situaciones específicas que inciden en estos episodios, como la actuación delictiva de individuos que provocan los siniestros y que requiere de una acción policial y judicial. Considerando cuestiones insospechadas y condenables, como que autores de este delito sean brigadistas de Conaf y miembros de Bomberos.
Sin embargo, en el fondo de todo, o en la superficie, saltan factores estructurales y sistémicos. No se puede abordar la prevención y la realidad de los incendios forestales si no se da cuenta de las nuevas condiciones por el cambio climático, el modelo de desarrollo forestal, ausencia de trabajo preventivo con las comunidades y los municipios, falta de educación medioambiental, reforzamiento de estrategias y financiamiento para la prevención en las zonas más sensibles, contar con una legislación fuerte y adecuada, aumentar los controles y financiamientos, definir bien el uso de suelos, modificar los planos reguladores y criterios para construcción de viviendas.
Si se observa lo que ocurre en zonas de España, Francia, Estados Unidos, y naciones latinoamericanas, se comprobará que llega un momento en que toda estrategia, incluso estructural, no puede con la naturaleza o factores que no desaparecen, como la intencionalidad. Pero ocuparse de los elementos sistémicos y tremendamente gravitantes como el cambio climático y potentes medidas preventivas, sin duda que contribuye a evitar o paliar los siniestros en bosques y zonas agrícolas.
Como ejemplo, más allá de responsabilidades específicas, resulta insoportable conocer que en el Congreso la Ley de Incendios sufrió un atraso de alrededor de dos años. ¿En qué estaban pensando legisladoras y legisladores?
No cabe duda que el país está presentando retrasos y problemas en la prevención y ataque a los incendios forestales y parece quedar en respuestas parciales y paliativos, y no encarar causas estructurales y sistémicas. Es un área que requiere de acciones y repuestas.
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