Europa, los fondos de inversión de Estados Unidos y el negocio de reconstruir Ucrania

El último viernes de febrero, víspera de carnaval, el Presidente ucraniano recibió ante el mundo una serie de lecciones políticas que todavía estamos tratando de entender. Fueron un poco carnavalescas, atendiendo a la fecha. El rasgo más abrumador tuvo que ver con la teatralidad. ¿Hubo alguna vez una puesta en la escena internacional que confirmara la idea de Guy Debord expuesta en un libro de 1967? Ese año el autor francés publicó La sociedad del espectáculo. Todo cambió desde entonces, pero su anticipación se volvió cada vez más actual.

Donald Trump se hizo conocido en su país con un asqueroso show televisivo donde la gracia consistía en pedirle a gente que hiciera tal o cual trabajo para luego despedirla. Volodimir Zelensky tuvo mucho éxito con sus comedias difundidas en la televisión de Ucrania contra los políticos y la corrupción. Ambas puntas argumentales, o telegénicas, se encontraron aquel viernes en el Salón Oval. De pronto, dos narrativas tan anodinas como reaccionarias tomaron un curso destructivo de impacto planetario. Todas las pantallas del mundo las difundían.

Estás despedido

El show televisivo de Trump era un ejercicio sádico donde siempre se humillaba a alguien y se lo expulsaba de un empleo. No intentó otra estrategia con Zelensky en la Casa Blanca. Lo echó. La prensa hizo énfasis en la brutalidad del jefe y de su Vicepresidente, el niño resentido J. D. Vance.

Trump en el reality The Apprentice, que condujo hasta 2015.

Pero esa visión pasó por alto la torpe iniciativa del debilitadísimo Presidente ucraniano. Entró a la reunión pidiendo garantías de seguridad a cambio de recursos naturales. Trump y Vance no terminaban de creer que un miserable dependiente de sus dólares y sus pertrechos les pretendiera imponer condiciones que arriesgaban un choque militar directo entre las dos potencias que cuentan, Estados Unidos y Rusia. Lo demás importa muy poco, por cierto. Los habitantes de la Casa Blanca, aparentemente, ya tenían un principio de acuerdo con Putin. Así que lo ridiculizaron en público. Zelensky no tiene vuelta atrás. Trump quiere enaltecer a su país de nuevo, pero no es tonto.

El destino del Presidente-comediante ucraniano refleja bien la cultura política occidental. Su país, según todo lo indica, ha quedado en ruinas y no es fácil imaginar las fuerzas que ayudarán a revitalizarlo. El desastre ucraniano, del que nadie en la prensa occidental hace comentario alguno, es múltiple. Los jóvenes se fueron, los que marcharon al frente están heridos, muertos, mutilados o enloquecidos, las infraestructuras fueron liquidadas, las ciudades son inhabitables en la mitad de la geografía nacional. El FMI estaba al acecho antes de la guerra y sigue allí. La clase dirigente, en el caso de que pueda seguirse hablando de algo así, es pura corrupción.

Mientras tanto, Europa quiere seguir con la guerra. Hace bien. En la medida en que Ucrania siga siendo un país, Europa tendrá que aportar a su reconstrucción. Pero cuando termine en ruinas, simplemente lo podría comprar. El negocio está en la radicalización del desastre. Europa, cuna de cultura, es, como otras veces, generador de barbarie.

Un tema de fondo consiste en determinar quién se quedará con Ucrania. Quizá no sea Europa, que está en muy mala posición puesto que se enfrenta a Rusia y, para retomar la expresión de Trump en el Salón Oval, no tiene cartas. Son los fondos de inversión de Estados Unidos los que harán su agosto. Se están apropiando de Ucrania. Ambicionan una de las praderas fértiles que alimentan al mundo y también las centrales nucleares de la época soviética. Desean controlar a Kiev. Quieren todo, como en todos lados. Lo de costumbre.

Los empleados

Es curioso que la independencia europea, ante la brutalidad de Trump, descanse en el nuevo político prominente de Alemania y seguro canciller, Friedrich Merz, que ha hecho algunas declaraciones desafiantes. Lo cual no quita que Estados Unidos tenga amplias bases militares en su país y localice armas nucleares que puede utilizar como quiera.

Pero hay algo peor. Cuando Angela Merkel marginó la carrera política de Merz, este se consagró al dinero en el fondo de inversión estadounidense BlackRock. No le fue mal. Será interesante saber si le sigue yendo bien en su nueva posición ejecutiva. Junto con Macron, es el segundo (¿ex?) banquero en el poder. Francia y Alemania son los principales países de la Unión Europea. En resumen: Europa está dirigida por banqueros al servicio de los capitales de Estados Unidos.

Ucrania, imaginada por la OTAN como una avanzada militar contra Rusia, quizá sirva ahora –que fue derrotada– como negocio. La reconstrucción es una veta interesante. Las tierras raras, que el prepotente Zelensky pensó que serían irresistibles en la Casa Blanca, siguen siendo un objeto de deseo. El tema es que sus fuentes están –y no sólo ahora– bajo control ruso. Lo que queda de Ucrania sigue siendo una de las praderas fértiles del mundo, como el llamado cinturón de Estados Unidos y l..

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¿Salvará el rearme a la Unión Europea?

“La UE se ha convertido en la correa de transmisión de la OTAN, cuando no en la rueda de repuesto, respecto a la totalidad de los asuntos esenciales, empezando por el gasto militar y el suministro de armas”

Marco d’Eramo. 2025

Es tan viejo como nuestro mundo: buscar un saludable y bien plantado enemigo para unir al pueblo e identificar el enemigo interno. Ambos asuntos están conectados y forman parte de nuestra experiencia histórica. Rusia da la talla como antagonista de lujo. Nuestro imaginario está colonizado por representaciones de un oscuro mal que viene del Este: asiáticos, rusos, soviéticos y, desde hace años, Putin. Una Unión Europea en crisis desde que Alemania impuso las políticas de austeridad, agravada -sí, agravada- por el conflicto ucraniano. El enemigo interno fue identificado desde el principio: los que se opusieron a la subordinación de la UE a los intereses estratégicos de los EEUU; los que denunciaron las políticas dirigidas y organizadas por la OTAN para aislar, asediar y presionar al país euroasiático; los que defendieron la necesidad de una salida negociada al conflicto político y militar. Con una rapidez inusitada, se impuso un discurso único que devino en disciplinario, estableciéndose un concurso en los medios para ver quien insultaba más y quien identificaba con mayor precisión a los agentes de Putin.

Con la victoria de Trump todo parece haber cambiado.; sin embargo, hay que tener cuidado con este Presidente -nos lo enseño en su anterior mandato-, la distancia entre lo mucho que dice (y rectifica) y lo que realmente hace puede ser muy grande, a veces enorme. Lo fundamental, no equivocarse en el diagnóstico. De ganar Kamala Harris -dada la dramática situación del frente militar ucraniano- tendría que haber elegido entre la escalada militar o negociar la paz. No había posiciones intermedias. La diferencia sustancial entre Trump y la candidata del Partido Demócrata es que aquel no estaba por la escalada y esta sí. Dicho de otro modo, muchos sabíamos que una de las decisiones cruciales que se dilucidaban en estas elecciones era la continuidad, ampliada y multiplicada, de la guerra en Europa. Los dirigentes y los gobernantes de la UE también lo sabían y por eso apostaron por la señora Harris.

«Nuestros gobiernos han pasado de defender la derrota sí o sí de Rusia a ponerse detrás del odiado Presidente norteamericano y exigir una tregua sin condiciones»

Una de las criticas favoritas contra los y las políticas populistas es aquello de “pretender resolver problemas complejos con respuestas simples, con discursos emotivos y sin rigor”. Lo paradójico es que, cuando nuestros sesudos tertulianos y escribidores pretenden analizar las decisiones políticas de sus adversarios o enemigos, sustituyen los argumentos con descalificaciones e insultos varios, difunden, sin apenas parpadear, los guiones temáticos producidos por las terminales gubernamentales o reproducen una y mil veces las insidias de los aparatos encargados de la lucha contra la desinformación en su fatigosa tarea de ocultar la verdad. Lo que viene a decir, aquí y ahora, Trump es claro: la escalada militar en Ucrania lleva directamente a la tercera guerra mundial; no queda otra que “imponer por la fuerza”, por la fuerza de los EEUU, una salida negociada al conflicto político-militar. Hay que estar atentos. La “narrativa” es ya distinta; ahora nuestros gobiernos han pasado, en apenas unos días, de oponerse a cualquier negociación con Putin, de defender la derrota sí o sí de Rusia (¿Qué habrá pasado con su arsenal nuclear?) a ponerse detrás del odiado Presidente norteamericano y exigir una tregua sin condiciones.

Las cosas han cambiado mucho en estos tres años de guerra en Ucrania. El genocidio del pueblo palestino y la entera situación de Asia Occidental clarifica el sentido y la orientación de esta “gran transición” geopolítica que estamos viviendo y que se acelera por momentos. Digámoslo sin rodeos: lo que se está produciendo es una gigantesca redistribución del poder a escala planetaria; es decir, lo que se está redefiniendo es el papel de las grandes potencias y sus relaciones, la posición del Sur del mundo en el nuevo orden internacional en gestación, la reforma sustancial de las instituciones internacionales y las nuevas funciones de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Bien, digan lo que digan las instituciones de la Unión Europea y de los gobiernos que la componen, su papel en esta “gran transición”, en esta mutación histórica-mundial es secundario, aliado subalterno de un bloque de poder organizado y dirigido por los EEUU. La UE hará, a final, lo que Donald Trump decida. Más allá de las protestas, de los lamentos, de las añoranzas de la espléndida etapa de Biden. Su única posibilidad es crear un escenario que obligue al Presidente norteamericano a cambiar de opinión; en eso andan, de la mano del gobierno británico con la complicidad suicida de Zelensky.

Cumbre de Londres.

Nuestros gobernantes siguen haciendo ..

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Persecución, derechos humanos y dobles estándares

Tras pasar casi dos años y medio en una cárcel de máxima seguridad y mientras mis derechos siguen siendo vulnerados en la Unión Europea, tomo la palabra.

Ante todo, quiero agradecer el esfuerzo de tantas y tantas personas que se han volcado en la defensa de mis derechos básicos, aquellos que son inherentes a toda persona, empezando por la presunción de inocencia. A quienes habéis alzado la voz por mí, sin conocerme en su mayoría, sin entrar a valorar si soy culpable o inocente, pero sí reconociéndome como sujeto de derechos, a vosotras y vosotros, gentes de Sevilla, Madrid, Valencia, Valladolid, Galicia, La Rioja, Catalunya y, sobre todo, Euskadi: ESKERRIK ASKO, GRACIAS, GRÀCIES, GRAZAS.

Desde que recuperé la libertad, he sido objeto de un intento de linchamiento mediático. Se han difundido una enorme cantidad de mentiras e imprecisiones sobre mí, mi vida y el caso de espionaje abierto en mi contra en Polonia. No me cabe duda de que todo esto es una provocación destinada a asustarme, a blanquear a los servicios secretos de los países de la OTAN y a encubrir sus flagrantes violaciones de derechos humanos. Pero, sobre todo, buscaban provocarme.

Tal vez no todos sepan que, tras el intercambio, soy la única persona de todas las que fuimos liberadas cuyo caso no ha sido cerrado. El expresidente Biden firmó amnistías para los presos que salieron de sus cárceles, y varios países europeos encontraron fórmulas legales para liberar y exonerar a los suyos. Rusia hizo lo mismo. Solo en mi caso sigue existiendo un proceso zombi. Hacen todo lo posible para mantenerme lejos.

¿Por qué querrían hacer algo así? ¿Porque represento un peligro para la seguridad nacional de Polonia? Por supuesto que no. Simplemente, buscan mantenerme alejado como una voz crítica que conoce demasiado bien sus métodos. Alguien que también ha visto de primera mano cómo operan, en realidad, las democracias “pro-derechos humanos” en el espacio postsoviético: cómo provocan conflictos, suministran armas y, ante todo, acusan a los demás de cometer sus propios pecados.

Buscan mantenerme alejado como una voz crítica que conoce demasiado bien sus métodos. Alguien que también ha visto cómo provocan conflictos, suministran armas y, ante todo, acusan a los demás de cometer sus propios pecados

Siempre me he manifestado en contra de su proyecto de uniformización de los pueblos, de su intento de estandarizarnos y despojarnos de nuestra identidad. Programas como USAID y otros similares han trabajado arduamente en ello. Lo he denunciado y, por eso, he sido señalado. Ahora que sale a la luz la realidad de esas organizaciones, muchos se sorprenden. Pero cuando yo lo advertía, me tachaban de conspiranoico.

Solo para recordar: Polonia me tuvo durante dos años y medio en el módulo de aislamiento. Sufrí registros diarios, tanto personales como en mi celda. Me sometieron a un trato denigrante, obligándome a desnudarme y hacer sentadillas. Solo podía salir una hora al día para pasear por un cubículo de 3,5 por 6,5 metros. Mi celda tenía una ventana que no se abría, lo que provocaba una ventilación deficiente y la formación de humedades y hongos en las paredes. Además, la ventana era opaca, impidiéndome ver el exterior. Os invito a pasar 23 horas diarias en esas condiciones, solo por experimentar. No es muy agradable.

El contacto con mis familiares, especialmente con mis hijos menores de edad, era por carta. Fiscalía me negó las llamadas telefónicas o por vídeo, ya que en sus palabras ¡yo podría transmitir a mis hijos información secreta en código y así influir en el caso! Por el mismo motivo todo mi correo era censurado. Muchas cartas no me llegaron nunca. Otras, las que sí lo hicieron, eran traducidas primero, leídas en fiscalía y servicios secretos y solo tras eso llegaban a mis manos. De esta manera lo normal es que una carta me llegara al cabo de 2-3 meses tras ser echada al buzón. Es decir que para comunicarme con mis hijos carta-respuesta necesitaba unos 4-6 meses.

Pedí varias veces hablar con el psicólogo, pero esas charlas eran bastante deprimentes. En una me retó a probar a suicidarme si estaba mal

Perdí 20 kilos en los primeros meses en prisión antes de empezar a recibir ayuda. El menú gratuito era absolutamente insuficiente. Dos terceras partes de las calorías que consumía en prisión las obtenía de la compra que podía hacer de una lista muy limitada de productos. Sin esa ayuda proporcionada por mi familia, amigos y gente a la que no le era indiferente, hubiera pasado hambre y mi salud se hubiera resentido aún más. La salud psicológica tampoco ayudaban a cuidarla. Pedí varias veces hablar con el psicólogo, pero esas charlas eran bastante deprimentes. Así, en una me retó a probar a suicidarme si estaba mal, ya que en sus palabras textuales “no es tan sencillo como parece”. Eso sí, me ofrecieron pastillas, como los llamaban los “psicotrópicos”, para estar más tranquilo y no molestar con mis quejas. Me negué a tomar esas pastillas.

Por cierto, sigo tratá..

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La guerra de Ucrania: análisis y antecedentes

La actual guerra de Ucrania, tal como la hemos conocido en los últimos tres años, tuvo su origen inmediato en la invasión rusa de febrero de 2022. Una primera pregunta asalta al observador: por qué Putin decide invadir Ucrania. Es claro que esta acción imperialista tiene su origen en la voluntad imperialista rusa de responder a supuestas agresiones del imperialismo occidental.

Ambas voluntades imperialistas que se contraponen nos
remiten a la lucha entre bloques geopolíticos. Encontrándonos en que para
explicarnos la guerra de Ucrania hemos de ver la relación entre ambos imperios.
Hemos de aclarar que en este planteo, referido a una coyuntura muy específica,
el capital anglo-europeo aparece como unidad. Pero sabemos que no es así.
Cuestión que se ha visto más evidente con la política de Trump, pero esto
tendrá que ser materia de otro desarrollo.

Las disputas entre bloques geopolíticos
no resultan de divergencias morales, como la libertad, la democracia, la
seguridad, o la fraternidad. Ese es el discurso que envuelve la verdadera
causa, los intereses que nutren la acumulación de sus respectivos capitales:
materias primas o recursos naturales, fuerza de trabajo, mercados,
localizaciones o rutas de transporte y comunicaciones, básicamente. Es decir,
las bases materiales de la reproducción ampliada del capital. Ucrania ofrecía
muchos de estos motivos (potencia cerealistica, recursos energéticos, tierras
raras, posicion estratégica y acceso directo al territorio ruso).

También sabemos que esta lucha
interimperialista en torno al territorio ucraniano no comenzó en 2022 y que
tiene unos antecedentes, lo cual nos lleva a mirar las relaciones entre las dos
potencias, Rusia y USA-UE, en torno al territorio ucraniano en su evolución
histórica.

Pero, hay algo más que no debe
escapar a la mirada histórica atenta. Esta guerra interimperialista histórica
de Ucrania es una forma concreta del enfrentamiento entre los dos bloques en
torno a la expansión de la OTAN en Europa oriental.

Aún más, este enfrentamiento no se limitó a la Europa
del este sino que se extendió a lo largo y ancho de la tierra. Este es el marco
que permite entender las revoluciones naranjas, primaveras árabes, golpes
suaves que riegan la historia reciente de la humanidad desde los años noventa:
Irak (1991, invasión en 2003, ocupación 2003-2011), Irán, Chechenia (1994-1996,
1999, 2005), Libia (2011, 2014-2020), Siria (2011-2024), Afganistan (2011),
Líbano, Argelia, Venezuela, entre muchos otros.

Por ello, para adquirir una comprensión amplia de la
guerra de Ucrania hay que volver la mirada a los hechos que siguen al
desmoronamiento de la URSS y, particularmente, a la lucha más o menos larvada
en torno a su área de influencia desde inicio de los años noventa del siglo
pasado. Veamos.

La caída de la URSS sunió a todo el
bloque soviético en una depresión económica y un desorden político. En los años
90, y hasta mediados de la segunda década del nuevo siglo, el incipiente
capital ruso, deslumbrado por la modernidad occidental, demanda integrarse en
el imperialismo anglo-europeo, pero será rechazado en diversas ocasiones.
También intentará restablecer la colaboración con el antiguo Comecon, pero verá
esfumarse su área histórica de influencia. No obstante, tendrá una tarea que
realizar, desarrollarse. Primero saqueando el estado ex-soviético que se repartirán
los gerentes de las empresas publicas y los burócratas del PCUS, los futuros
oligarcas. Luego, reprimiendo, explotando y empobreciendo a la clase obrera
rusa. Este ensimismamiento, en parte debido a su debilidad, lo relegará al
papel de un observador resignado de la caída del imperio ex-soviético.

Tras la reunificación alemana
(1990) donde los líderes occidentales prometerán que la OTAN no se expandirá
hacia Europa del Este, negarán a Gorbachov su propuesta de integrarse en una
OTAN reformada. Entre tanto, ayudan a los países de Europa del Este para que
vayan superando sus deprimidas economías con gobiernos prooccidentales que se
irán integrando en la UE. En cambio, a Rusia, le negarán tal auxilio y le
enviarán numerosos expertos que conduzcan su economía hacia el capitalismo. La
tarea del Occidente atlantista consistió en separar a la URSS de su área de
influencia (Europa del Este y algunos países de extremo oriente), por un lado,
mientras se fomentaba su debilidad (fraccionamiento, hostigamiento, aislamiento,
en definitiva que no despierte el oso), por el otro. Cualquiera que fuese la
causa de la dinámica centrífuga de la URSS/Rusia, la tarea del imperialismo
atlantista fue favorecerla. Así la expotencia mundial quedaba relegada a un
papel subsidiario en la división internacional del trabajo le tenía asignado a
Rusia en la acumulación mundial de capital

En 1991 se disuelve la URSS,
declarándose el final de la guerra fría con la victoria del capitalismo
atlantista. Fukuyama proclamará el final de la historia que los intelectuales
occidentales celebrarán. Le tocará a Yeltsin contemplar como el i..

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Contra el rearme europeo

El Reino Unido y Francia, las únicas potencias nucleares europeas (aparte de Rusia) y de tradición colonialista, aspiran a dirigir este proceso belicista. De ese liderazgo, bajo dependencia estadounidense, no se quiere descolgar el otro coloso económico, Alemania, que ha aprobado con el voto democristiano, socialdemócrata y verde -antes de la constitución del nuevo parlamento en el que podrían no conseguir los dos tercios imprescindibles-, otro medio billón de euros, para su plan particular de rearme militar y reestructuración económica.

La carrera armamentística en
Europa se pone en marcha o, más bien, se acelera, con una
orientación común a la estadounidense, funcional para los objetivos
compartidos de hegemonía occidental a nivel mundial. Mientras tanto,
la guerra en Ucrania se está terminando y en Palestina y Oriente
Próximo se guarda un consenso ante el genocidio, la limpieza étnica
y la colonización por el Gobierno prooccidental israelí.

El problema de fondo es el
sentido del rearme militar, la debilidad de su justificación, aunque
hay un gran consenso político y mediático. El dilema es en qué
grado de subordinación o reequilibrio de poder se coloca Europa,
según los planes trumpistas
y los forcejeos europeos. No se trata solo de la Unión Europea, sino
que en este ámbito de defensa tiene un papel relevante el Reino
Unido, aunque también Turquía -Oriente Próximo- y Noruega -Ártico-
en el marco de la OTAN o de la alianza occidental (y oriental, hasta
el Asia-Pacífico). Supone un difícil reajuste de la cobertura
institucional.

Sin autonomía estratégica
y con menos seguridad

Aparecen cuestionados los dos
grandes argumentos y objetivos para el rearme europeo. El primero,
esa militarización urgente no facilita la autonomía estratégica
europea respecto del poderío militar estadounidense y su complejo
militar industrial, del que dependen dos tercios de sus armas y su
adquisición inmediata. Hasta medio plazo, al menos una década, no
hay capacidad industrial y tecnológica para garantizar esa autonomía
militar respecto de EEUU. O sea, las élites dirigentes europeas no
se replantean la salida de la OTAN ni la insubordinación jerárquica
del mando militar estadounidense. Tampoco hay suficientes motivos
políticos en los gobiernos europeos para romper la alianza
atlántica, ni siquiera para formar un ejército autónomo o un brazo
europeo en la OTAN.

Por otra parte, está clara la
existencia del suficiente gasto militar europeo, superior al de
Rusia, para demostrar capacidad disuasoria, incluso nuclear. El
rearme europeo tampoco sirve para mejorar su competencia económica y
tecnológica, a la que aspiraba el plan Draghi, precisamente del
mismo importe, y hoy sustituido en gran parte por éste que prioriza
el gasto militar… con la compra a EEUU de lo fundamental y sin
innovación tecnológica.

Por tanto, la declamada
autonomía estratégica europea no va en serio. Las élites
dirigentes extreman la amenaza rusa y el desamparo estadounidense
para negociar una recolocación menos desfavorable en la alianza
occidental, imprimir una dinámica prepotente, frenar la trayectoria
democrática y social europea, así como intentar legitimarse ante su
fiasco político y doctrinal. En todo caso, haciendo de la necesidad
virtud, pretenden dar la apariencia de disminuir su dependencia de
EEUU, pero sin romper con Trump y su modelo expansionista y
autoritario.

En ese sentido, hay que
recordar que la máxima expresión de la autonomía estratégica
europea, derivada de la oposición franco-alemana y de la mayoría de
las poblaciones europeas y española, fue frente a la intervención
militar en Irak en 2003, precisamente por el trio de las Azores, el
republicano Bush, el laborista Blair y el conservador Aznar, con el
inicio de los grandes bulos de las armas de destrucción masiva. La
posición mayoritaria en Europa tenía una amplia conciencia
pacifista y se reforzó la autonomía europea frente a ese
militarismo injustificado… y todavía dura hoy, actitud
antibelicista que siguen combatiendo los poderosos.

Pero las administraciones
estadounidenses no podían dejar pasar ese precedente y ya, con la
involucración de la OTAN en Afganistán, disciplinaron a los
gobiernos europeos, que tuvieron que participar y asumir el fracaso
de aquella aventura.

Lo curioso es que ahora los
dirigentes europeos defienden la autonomía estratégica para
legitimar el rearme militar, de forma seguidista a la carrera
armamentista estadounidense, y con una orientación más belicista
que ellos ante la tregua impuesta en la guerra Ucrania/Rusia. Al
mismo tiempo, Trump se plantea la readecuación estratégica en el
Asia-Pacífico, frente a China, con la colaboración europea desde la
subalternidad.

Desde la tradición cívica y
pacifista europea, la oposición principal es al rearme militar,
innecesario y contraproducente. Todavía más cuando hay un
equilibrio de fuerzas, con la superior capacidad económica, militar,
tecnológica y demográfica respecto de Rusia. No tiene sentido la
just..

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La Unión Europea nos roba

Hace unos años nos impusieron un organismo supranacional, decían que para coordinar mejor las políticas de los países europeos, pero la operación real consistió en quitar gran parte de la soberanía (económica y política) de dichos países, no demasiado democráticos, para dárselo a la UE, un organismo bastante opaco y mucho menos democrático aún que, como estamos comprobando, no está al servicio de los europeos, sino de las grandes corporaciones.

De la misma forma nos metieron en la OTAN (OTAN, de entrada NO, dijo el PSOE) para quitarnos también la soberanía militar y entregársela a los EEUU.

Allí ha llegado a la presidencia un delincuente que, para garantizar su poder se pone en manos del poder real norteamericano: el “complejo industrial-armamentístico” que, como es lógico (para sus intereses) dice que hay que rearmarse.

Los dirigentes de la UE, que nadie sabe quién los ha puesto ahí, obedecen las órdenes de inmediato y el presidente Sánchez se adhiere a la causa para tratar de asentar su liderazgo internacional. Como esa posición no gusta mucho en su propio país, dice que rearme sí, pero sin perjudicar los servicios sociales, cosa que sabemos imposible, pero ya estamos acostumbrados a que PSOE y PP, en la UE voten juntos y en España simulen una enemistad irremediable mientras adoptan la misma política económica. La Política como Teatro.

Los gobernantes europeos piden un ejército europeo, pero no hablan ni de salir de la OTAN, ni de coordinar los ejércitos de los países miembros. Lo que realmente piden es más gasto militar, como manda la corrupción, a costa de nuestros bolsillos. Y Alemania, industria militar para paliar su crisis industrial.

Esto, que llamaban Democracia, se va convirtiendo en una dictadura político-económica en la que vamos perdiendo derechos sociales, políticos y económicos, mediante gobiernos títeres manejados (corrupción mediante) por las Grandes Corporaciones.

Mientras tanto, como los jóvenes no quieren combatir, los ucranianos están recurriendo a los presos para mantener su guerra. La historia se repite, así consiguieron Las Españas llenar las naves para sus expediciones de guerras y descubrimientos.

Blog del autor: https://antoniocampuzano.es/2025/03/23/la-union-europea-nos-roba/

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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La OTAN europea enloquece y se suma a la guerra contra Rusia

El lunes 24 tuvo lugar un encuentro entre Estados Unidos y Rusia con presencia de la parte ucraniana para negociar una paz. El pasado sábado Trump confirmó que el ejército que invadió Kursk estaba rodeado y debía deponer las armas y pidió en público a Putin que tuviera clemencia con las tropas que quedaron dentro del bolsón. Putin respondió que la clemencia rusa se refería solo a las tropas ucranianas, esa precisión no augura nada bueno para las numerosas tropas regulares de la OTAN que participaron con uniforme ucraniano en esa invasión de la provincia rusa de Kursk.

La inesperada solicitud de Trump hace presumir que entre las tropas aisladas en el bolsón que se formó mientras escapaban de vuelta al territorio ucraniano debe de haber muchos mercenarios originarios del ejército estadounidense que fueron enviados a participar en esa invasión del territorio ruso en un intento de capturar la central nuclear de Kursk y se decidió en la época del presidente Joe Biden.

Los jefes de Estado mayor de los países europeos de la OTAN reunidos en Bruselas decidieron que van a acumular armamento y tropas en Polonia y Rumania para provocar a Rusia con una intervención militar por tierra mar y aire con el ostensible pretexto de sostener una teórica tregua de la que Rusia aún no es parte. La OTAN, ante el inminente colapso del régimen de Zelensky, quiere correr tardíamente a salvarlo aún con el riesgo de desencadenar, partiendo del territorio europeo, una tercera guerra mundial que ya Trump esquivó declarando que las tropas europeas que ingresen en Ucrania para apoyar a Zelensky no gozarán de la protección del Artículo 5 de la OTAN.

Eso quiere decir que si los socios europeos quieren guerra con Rusia la obtendrán pero sin apoyo estadounidense. En Ucrania los rusos han limitado el ejercicio de su poder bélico porque luchan contra un pueblo hermano con el que hay mucho parentesco, pero cundo luchen contra los rusófobos europeos de la OTAN no van a tener esas consideraciones. Por por eso es probable que el engreimiento de los enanos militares europeos sea castigado con toda la furia guerrera de Rusia, algo que los alemanes y franceses que alguna vez lucharon contra los rusos parecen haber olvidado en estos últimos 70 años. Los estadounidenses han preferido abstenerse de aprender esa lección

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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La carrera belicista europea: ¿quién está detrás de la industria de la guerra?

Más allá de la posición de Trump en la posible paz en Ucrania, Europa
parece haber tomado ya de manera indiscutible la senda de aumento del
presupuesto militar. La Comisión Europea, presidida por la exministra de
Defensa alemana Von der Leyen, y que integra la gran coalición formada
por la ultraderecha, socialistas y conservadores, ha prometido la
movilización de 800.000 millones de euros. “Estamos en una era de rearme
y Europa está dispuesta a impulsar masivamente su gasto en Defensa”,
dijo a principios de marzo la presidenta de la Comisión, tras la
congelación de la ayuda de EEUU a Ucrania decretada por Trump. El nuevo
plan, denominado “Rearmar Europa”, plantea romper reglas tradicionales
de la Unión, como congelar las reglas de déficit fiscal para autorizar
el endeudamiento si es para gasto militar; o la compra mancomunada de
material militar, para evitar sobrecargar los precios y las cadenas de
suministros; y préstamos por valor de 180.000 millones para estas
compras. El objetivo es “la adquisición de sistemas de defensa aérea y
antimisiles, los sistemas de artillería, misiles y munición, drones y
sistemas antidrones, pero también para abordar otras necesidades, desde
el ciberespacio a la movilidad militar”, según aseguraba Von der Leyen.
Ante esta espiral incuestionable, cabe preguntarse qué actores se pueden
beneficiar de esta carrera.

El declive económico del eje franco-alemán

Macron y la industria francesa de defensa son uno de los
grandes beneficiados de este plan de rearme. Desde la convocatoria de
elecciones anticipadas el año pasado, y el frustrado gobierno de su
delfín, el conservador Michel Barnier, las malas noticias se le han ido
acumulando. En unos pocos meses ha perdido a su socio alemán Olaf
Scholtz, y principalmente al estadounidense Biden, con quienes compartía
objetivo estratégico en Ucrania. Más allá, la economía sigue una senda
de estancamiento, con un tímido crecimiento del 1,1% en 2023 y 2024.
Tras la crisis de gobierno y los datos económicos de fin de año, las
agencias rebajaron la calificación de la deuda, cuyos intereses están en
máximos históricos desde la crisis de 2011.

Una situación que ya hace mella en las familias. Según una encuesta de IPSOS,
el 32% de los franceses afirma que apenas puede satisfacer sus
necesidades esenciales (+2 puntos en un año) y el 13% que no lo hace (+1
punto en un año). En total, casi uno de cada dos franceses se
encuentra, por tanto, en una situación económica incómoda (45%, una
proporción que ha aumentado 3 puntos respecto a 2023).

En enero,
otra encuesta situaba a Macron como el presidente con menos popularidad
desde François Holland en 2015. Bajo este aguacero, Macron ha abrazado
con fervor el plan de rearme europeo y cuestiona las reglas de déficit.
Ya en enero decía que estaban “caducas”, con una deuda del 113,7% y un
déficit del 6%, muy por encima del resto de países, y el doble de lo que
marca el Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC), que limita el
déficit público al 3% y la deuda pública al 60% del PIB.

Con el rearme europeo, Macron fía su futuro al desempeño de la
industria gala en el sector. Tras casi tres años de guerra en Ucrania,
Francia se ha convertido en el segundo exportador de armas a nivel
global, sólo por detrás de EEUU. Cinco de sus empresas se sitúan entre las 50 mayores del mundo
(Thales, Dassault, Naval Group, Safran y CEA). Estas empresas se
caracterizan, dentro del ecosistema global, por tener una participación
estatal de control por parte del gobierno francés y el Ministerio de
Defensa. Esto beneficia a ambas partes de la carrera armamentística,
pues asegura un crecimiento de pedidos por parte del Estado y aumenta su
recaudación. Sólo en 2024, los beneficios por la venta de armas de
Thales aumentaron un 45%.

La locomotora parada

Alemania es otro de los países que encuentra una salida económica con
esta guerra. La locomotora industrial de Europa no ha levantado cabeza
tras la crisis del covid y el final del gas ruso barato: su producción
industrial sigue 10 puntos por debajo del nivel precrisis, y en 2024
cayó un 3%. La economía alemana arrastra dos años de crecimiento
negativo, en 2023 y 2024, una situación que no se producía desde el
inicio del milenio.

Los efectos de la recesión se han dejado ver en los recientes cambios políticos en el país. Las encuestas
electorales destacaban la economía y la inmigración como los
principales problemas que preocupaban a la ciudadanía, y acabaron
provocando el cambio de gobierno. Otro de los elementos es la disparidad
creciente entre ricos y pobres, muy común en el resto de países
europeos. Las condiciones de vida de muchos ciudadanos han ido
empeorando, y Alemania figura entre los países líderes en indicadores
como pobreza energética, con un 8,2% de su población pasando problemas
para mantener caliente su hogar, frente al 20,8% en España, que lidera
el ranking; y por encima de países como Polonia (4,7%)..

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Muertes en el trabajo, una escalada sin fin

El
artículo 1 de la Constitución italiana dicta que Italia es una
república democrática fundada en el trabajo. El artículo 4 reconoce a
todos los ciudadanos el derecho al trabajo y promueve las condiciones
que hagan efectivo este derecho. Pero, ¿de qué trabajo estamos hablando y
en qué condiciones?

En lo que va del año son 237 las personas fallecidas en accidentes de trabajo (casi 3 por día), 9 en las últimas 72 horas.

Según el más reciente informe
del Observatorio Seguridad en el Trabajo Vega Engineering, en los
últimos cuatro años (2021-2024) han fallecido 4.442 personas por
accidentes laborales, 3.367 de ellas en el lugar de trabajo y 1.075 de
camino al trabajo (in itinere).Hablamos
de un registro oficial de víctimas que no incluye a las muertes en el
trabajo informal, no declarado y en la economía sumergida, ámbitos que
siguen siendo muy difíciles de investigar.

Una
situación más que alarmante, tomando en cuenta también que el índice de
incidencia de mortalidad laboral (relación entre accidentes mortales y
población ocupada) sigue siendo muy elevado y no da señales de reducción
significativa.

Un campo de batalla

“El
balance es trágico, tanto como un boletín de guerra. Porque,
desgraciadamente, esto parece ser el trabajo en nuestro país: un campo
de batalla, sin trinchera, ni escudos”, sentencia la publicación.

Construcción
(564 víctimas), transportes y almacenamiento (434), actividad
manufacturera (411) son los sectores más letales para trabajadores y
trabajadoras.

Las
personas mayores de 65 años resultan ser las más vulnerables (entre
96,1 y 150,4 muertes por millón de ocupados), mientras que los
extranjeros tienen el doble de mortalidad (entre 63,2 y 74,2) que los
italianos (entre 29,7 y 40,8).

Más
del 90 por ciento de los fallecidos en el trabajo fueron hombres (418
fueron las trabajadoras que perdieron la vida) y los accidentes se
registraron principalmente en regiones del centro y sur de Italia.

Urgen medidas

Para
Guido Lutrario, miembro del ejecutivo nacional de la Unión Sindical de
Base (USB), la situación podría hasta empeorar si las autoridades siguen
sin adoptar soluciones de fondo.

Introducción
del delito de homicidio en el trabajo y fortalecimiento del rol de los
Representantes de los Trabajadores para la Seguridad (RLS)¹,
garantizándoles más poderes y efectividad de acción, son las principales
propuestas de la USB.

“Tendríamos
a cientos de miles de trabajadores y trabajadoras con más capacidad de
incidencia, gozando de la confianza de sus colegas y más protegidos ante
posibles represalias de la patronal, cuidando la salud y seguridad en
el trabajo”, dijo Lutrario entrevistado por Radio Onda d’Urto.

“¿Como
combatimos el fenómeno de las masacres laborales? Dando más poder a las
y los trabajadores, haciendo de contrapeso a la visión patronal de la
seguridad como un costo adicional, frenando las políticas de
flexibilización, precarización y explotación laboral”, concluyó.

Nota:

¹ Figura obligatoria designada en el seno de la representación sindical unitaria, cuya misión en una empresa es representar a las y los trabajadores en materia de salud y seguridad en el trabajo.

Fuente: Rel UITA

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