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Coyuntura semanal

Análisis coyuntural actual

por Webmaster
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Coyuntura

Desde el materialismo histórico y dialéctico, el éxito de la ultraderecha latinoamericana no se explica por “malos líderes” o “desinformación”, sino como una respuesta orgánica del capital ante la crisis estructural del sistema en la periferia. Aquí el análisis en tres niveles:

1. Base económica: La superexplotación y el agotamiento del “consenso de los commodities”
El marxismo parte de la base material. El auge previo de la izquierda (el “giro a la izquierda”) fue posible gracias a los altos precios de las materias primas, que permitieron políticas redistributivas sin tocar la propiedad privada de los medios de producción. Al colapsar ese ciclo (caída de la tasa de ganancia), el capital necesita deprimir salarios y flexibilizar derechos para restaurar la rentabilidad.
La ultraderecha (ej. Milei) es el “gerente de la crisis” que la burguesía necesita para implementar ajustes brutales que la socialdemocracia o la izquierda institucional no pueden aplicar sin perder su base. El voto popular a estos proyectos no es “falsa conciencia” pura, sino la expresión de que el reformismo fracasó en romper con el capital; al no ofrecer una salida anticapitalista, la masa empobrecida busca cualquier opción que rompa con el establishment, aunque sea a su propio costo.

2. Superestructura política: El bonapartismo y el disciplinamiento de clase
Políticamente, estas fuerzas operan como lo que Gramsci llamaría una “revolución pasiva” o un bonapartismo (en el sentido marxista): un poder ejecutivo fuerte que se presenta por encima de las clases, pero que en los hechos actúa como el “comité de vigilancia” de la burguesía frente al ascenso de los movimientos populares (feministas, indígenas, sindicales).
Su discurso de “mano dura” y antipolítica tiene una función material: desmovilizar y criminalizar la protesta social. Al eliminar mediaciones institucionales y atacar a los movimientos sociales, despejan el terreno para que la acumulación por desposesión (despojo de recursos, privatizaciones) avance sin resistencia organizada.

3. Superestructura ideológica y medios: La lucha por la hegemonía y el fetichismo
Desde el marxismo, los medios son aparatos ideológicos de Estado (Althusser) que reproducen las relaciones de producción. En la actual fase, la burguesía ha perdido la hegemonía cultural (no logra que los obreros acepten la austeridad como “natural”), por lo que recurre a la polarización cultural (género, aborto, “wokismo”) como arma.
Esto no es un simple “distractor”: es una estrategia de fragmentación horizontal de la clase trabajadora. Al enfrentar a hombres contra mujeres, o a nativos contra migrantes, se impide la solidaridad de clase (el “proletariado en sí” no logra ser “clase para sí”). La ultraderecha exacerba el fetichismo de la mercancía y el individualismo, presentando la realidad como una competencia darwinista donde el triunfo es personal, no colectivo.

4. El factor imperialista (centro-periferia)
Lenin y la teoría de la dependencia son clave. La ultraderecha es el partido local del imperialismo norteamericano. No es casual que surjan con fuerza tras el giro de EE. UU. hacia su propio proteccionismo y la disputa con China. Estos gobiernos garantizan la entrega de recursos estratégicos (litio, cobre, petróleo) en condiciones neocoloniales, alineando a la región con la OTAN y los intereses geopolíticos de Washington, rompiendo cualquier intento de integración regional autónoma (como UNASUR o CELAC).

Conclusión dialéctica:
Para el marxismo, la ultraderecha es un fenómeno reaccionario, pero históricamente necesario dentro del capitalismo en crisis. No resuelve las contradicciones de clase; las agudiza. Al desnudar la brutalidad del capital sin los ropajes del “estado de bienestar” keynesiano, crea las condiciones objetivas para que, en el futuro, la clase trabajadora supere el reformismo y abrace una conciencia revolucionaria. El desafío no es “derrotar a Milei o Bolsonaro en las urnas”, sino reconstruir una organización política de masas con programa anticapitalista que rompa con la dictadura del mercado.

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