Cuando la FIFA selecciona a una nación anfitriona, no está tomando una decisión logística neutral. Confiere legitimidad, visibilidad y poder simbólico. En un período marcado por el aumento de la tensión geopolítica, el unilateralismo y la desconfianza generalizada de las instituciones, la elección del anfitrión de la Copa del Mundo inevitablemente se convierte en una declaración sobre lo que representa el deporte global.