¿Salvará el rearme a la Unión Europea?
“La UE se ha convertido en la correa de transmisión de la OTAN, cuando no en la rueda de repuesto, respecto a la totalidad de los asuntos esenciales, empezando por el gasto militar y el suministro de armas”
Marco d’Eramo. 2025
Es tan viejo como nuestro mundo: buscar un saludable y bien plantado enemigo para unir al pueblo e identificar el enemigo interno. Ambos asuntos están conectados y forman parte de nuestra experiencia histórica. Rusia da la talla como antagonista de lujo. Nuestro imaginario está colonizado por representaciones de un oscuro mal que viene del Este: asiáticos, rusos, soviéticos y, desde hace años, Putin. Una Unión Europea en crisis desde que Alemania impuso las políticas de austeridad, agravada -sí, agravada- por el conflicto ucraniano. El enemigo interno fue identificado desde el principio: los que se opusieron a la subordinación de la UE a los intereses estratégicos de los EEUU; los que denunciaron las políticas dirigidas y organizadas por la OTAN para aislar, asediar y presionar al país euroasiático; los que defendieron la necesidad de una salida negociada al conflicto político y militar. Con una rapidez inusitada, se impuso un discurso único que devino en disciplinario, estableciéndose un concurso en los medios para ver quien insultaba más y quien identificaba con mayor precisión a los agentes de Putin.
Con la victoria de Trump todo parece haber cambiado.; sin embargo, hay que tener cuidado con este Presidente -nos lo enseño en su anterior mandato-, la distancia entre lo mucho que dice (y rectifica) y lo que realmente hace puede ser muy grande, a veces enorme. Lo fundamental, no equivocarse en el diagnóstico. De ganar Kamala Harris -dada la dramática situación del frente militar ucraniano- tendría que haber elegido entre la escalada militar o negociar la paz. No había posiciones intermedias. La diferencia sustancial entre Trump y la candidata del Partido Demócrata es que aquel no estaba por la escalada y esta sí. Dicho de otro modo, muchos sabíamos que una de las decisiones cruciales que se dilucidaban en estas elecciones era la continuidad, ampliada y multiplicada, de la guerra en Europa. Los dirigentes y los gobernantes de la UE también lo sabían y por eso apostaron por la señora Harris.
«Nuestros gobiernos han pasado de defender la derrota sí o sí de Rusia a ponerse detrás del odiado Presidente norteamericano y exigir una tregua sin condiciones»
Una de las criticas favoritas contra los y las políticas populistas es aquello de “pretender resolver problemas complejos con respuestas simples, con discursos emotivos y sin rigor”. Lo paradójico es que, cuando nuestros sesudos tertulianos y escribidores pretenden analizar las decisiones políticas de sus adversarios o enemigos, sustituyen los argumentos con descalificaciones e insultos varios, difunden, sin apenas parpadear, los guiones temáticos producidos por las terminales gubernamentales o reproducen una y mil veces las insidias de los aparatos encargados de la lucha contra la desinformación en su fatigosa tarea de ocultar la verdad. Lo que viene a decir, aquí y ahora, Trump es claro: la escalada militar en Ucrania lleva directamente a la tercera guerra mundial; no queda otra que “imponer por la fuerza”, por la fuerza de los EEUU, una salida negociada al conflicto político-militar. Hay que estar atentos. La “narrativa” es ya distinta; ahora nuestros gobiernos han pasado, en apenas unos días, de oponerse a cualquier negociación con Putin, de defender la derrota sí o sí de Rusia (¿Qué habrá pasado con su arsenal nuclear?) a ponerse detrás del odiado Presidente norteamericano y exigir una tregua sin condiciones.
Las cosas han cambiado mucho en estos tres años de guerra en Ucrania. El genocidio del pueblo palestino y la entera situación de Asia Occidental clarifica el sentido y la orientación de esta “gran transición” geopolítica que estamos viviendo y que se acelera por momentos. Digámoslo sin rodeos: lo que se está produciendo es una gigantesca redistribución del poder a escala planetaria; es decir, lo que se está redefiniendo es el papel de las grandes potencias y sus relaciones, la posición del Sur del mundo en el nuevo orden internacional en gestación, la reforma sustancial de las instituciones internacionales y las nuevas funciones de las Naciones Unidas y el derecho internacional. Bien, digan lo que digan las instituciones de la Unión Europea y de los gobiernos que la componen, su papel en esta “gran transición”, en esta mutación histórica-mundial es secundario, aliado subalterno de un bloque de poder organizado y dirigido por los EEUU. La UE hará, a final, lo que Donald Trump decida. Más allá de las protestas, de los lamentos, de las añoranzas de la espléndida etapa de Biden. Su única posibilidad es crear un escenario que obligue al Presidente norteamericano a cambiar de opinión; en eso andan, de la mano del gobierno británico con la complicidad suicida de Zelensky.
Cumbre de Londres.
Nuestros gobernantes siguen haciendo ..