En lo que Fidesz, el partido del histórico líder nacionalista Viktor Orbán, ha calificado como un hecho sin precedentes desde el fin del comunismo en 1990, la Fiscalía húngara allanó este martes las oficinas que albergan los servidores de la formación opositora, en el marco de una investigación por supuesta malversación de fondos públicos a través del Fondo Nacional de Cultura. Mientras el partido en el poder, Tisza, del primer ministro Péter Magyar, promete “limpiar” las instituciones de la “corrupción endémica” de la era Orbán, la oposición denuncia un intento de “tiranía agresiva” para silenciarla por la vía legal. La clase trabajadora del mundo asiste, una vez más, a la cruda realidad de la política burguesa: la disputa entre fracciones de la élite por el control del Estado, donde la “lucha contra la corrupción” se convierte en el arma de una clase para desbancar a otra, mientras los verdaderos explotadores —el capital financiero y las grandes corporaciones— observan y se beneficia..