El norte global tiene diez veces más poder de voto en el FMI que el sur global
Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), cada persona del norte vale por nueve personas del sur. Este cálculo se basa en los datos del FMI sobre el poder de voto en la organización de los Estados del norte global y del sur global en relación con su población. Cada país, en función de su “posición económica relativa”, como sugiere el FMI, tiene derecho a voto para elegir a sus delegados al directorio ejecutivo, que toma todas las decisiones importantes de la organización. Un breve vistazo al directorio muestra que el norte global está ampliamente sobrerrepresentado en esta institución multilateral, crucial para los países endeudados.
Estados Unidos, por ejemplo, tiene el 16,49% de los votos en el directorio del FMI, a pesar de representar solo el 4,22% de la población mundial. Dado que el Convenio Constitutivo del FMI exige el 85% de los votos para realizar cualquier cambio, Estados Unidos tiene poder de veto sobre las decisiones del FMI. En consecuencia, los altos funcionarios del FMI se alinean con las políticas del Gobierno estadounidense y, dada la ubicación de la organización en Washington, DC, consultan frecuentemente con el Departamento del Tesoro de EE. UU. sobre su marco político y las decisiones específicas.
Por ejemplo, en 2019, cuando el Gobierno de Estados Unidos decidió dejar de reconocer unilateralmente al Gobierno de Venezuela, presionó al FMI para que siguiera su ejemplo. Venezuela, uno de los miembros fundadores del FMI, había acudido a la entidad en busca de ayuda en varias ocasiones, pagó los préstamos pendientes del FMI en 2007 y luego decidió no solicitar más asistencia a corto plazo. De hecho, el Gobierno venezolano se comprometió a construir el Banco del Sur para proporcionar préstamos puente a los países endeudados en caso de déficit en la balanza de pagos. Sin embargo, durante la pandemia, Venezuela, al igual que la mayoría de los países, intentó recurrir a sus reservas de 5000 millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG), la “moneda” del FMI, a los que tenía acceso como parte de la iniciativa global de aumento de liquidez del fondo. No obstante, el FMI, bajo presión de EE. UU., decidió no transferir el dinero. Esta resolución se produjo después que se rechazara previamente una solicitud de Venezuela para acceder a 400 millones de dólares de sus derechos especiales de giro.
Aunque Estados Unidos afirmó que el verdadero presidente de Venezuela era Juan Guaidó, el FMI siguió reconociendo en su sitio web que el representante de Venezuela ante la organización era Simón Alejandro Zerpa Delgado, entonces ministro de Finanzas del Gobierno del presidente Nicolás Maduro. El portavoz del FMI, Raphael Anspach, no respondió a un correo electrónico enviado en marzo de 2020 sobre la denegación de los fondos, aunque publicó una declaración formal en la que afirmaba que “el compromiso del FMI con los países miembros se basa en el reconocimiento oficial del Gobierno por parte de la comunidad internacional”. Dado que “no hay claridad” sobre este reconocimiento, escribió Anspach, el FMI no permitiría a Venezuela acceder a su propia cuota de derechos especiales de giro durante la pandemia. Poco después, el FMI eliminó abruptamente el nombre de Zerpa de su página web. Una clara muestra de la presión ejercida por Estados Unidos.
En 2023, en el Nuevo Banco de Desarrollo (Banco BRICS) en Shanghái, China, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, señaló
la “asfixia” de la política del FMI hacia las naciones más pobres.
Refiriéndose al caso de Argentina, Lula dijo: “Ningún gobierno puede
trabajar con un cuchillo en la garganta porque debe dinero. Los bancos
deben tener paciencia y, si es necesario, renovar los acuerdos. Cuando
el FMI o cualquier otro banco presta a un país del Tercer Mundo, la
gente se siente con derecho a dar órdenes y manejar las finanzas del
país, como si los países se hubieran convertido en rehenes de quienes
les prestan dinero”.
Ben Enwonwu (Nigeria), The Dancer [La bailarina], 1962.
Toda la retórica sobre la democracia se desvanece cuando se trata de la base real del poder en el mundo: el control sobre el capital. El año pasado, OXFAM demostró que “el 1% más rico del mundo posee más riqueza que el 95% de la humanidad” y que “más de un tercio de las 50 empresas más grandes del mundo, con un valor de 13,3 billones de dólares, están ahora dirigidas por un multimillonario o tienen a un multimillonario como principal accionista”. Más de una docena de estos multimillonarios forman parte del gabinete del presidente estadounidense Donald Trump, que ya no representa al 1%, sino al 0,0001%. Al ritmo actual, a finales de esta década, el mundo verá la aparición de cinco billonarios. Son quienes dominan los gobiernos y, por tanto, tienen un impacto extraordinario en las organizaciones multilaterales.
En 1963, el ministro de Relaciones Exteriores de Nigeria, Jaja Anucha
Ndubuisi Wachuku, expresó su frustración con las Naciones Unidas y
otras organizaciones ..