Internacional

Temas vigentes de Geopolítica. Selección de información de fuentes verificadas.

«La militarización de Europa está cocinándose a fuego lento desde hace más de dos décadas»

El Centre Delàs d’Estudis per la Pau ha publicado, en diciembre de 2024, el informe Fondo Europeo de Defensa (FED): uso opaco de los fondos públicos, del divulgador científico y catedrático (jubilado) de la Universitat Politècnica de Catalunya, Pere Brunet; las cinco empresas que más se beneficiaron en la convocatoria del FED de 2021 fueron Leonardo, Thales, Airbus, Saab e Indra; recibieron, subraya el documento, más del 30% de la financiación.

El economista y también investigador del Centre Delàs, Jordi Calvo, participó el 28 de febrero en un conversatorio con el activista de Coop57, David Fernández, y la profesora de Relaciones Internacionales Laura Ferre Sanjuán; con el título de Banca desarmada: el rol de les finances per evitar guerres i genocidis, el acto se celebró en Ca Revolta de Valencia.

Jordi Calvo es autor de libros como Banca armada vs Banca ética (Ed. Dharana, 2013); fue uno de los coordinadores de Pacifistas en acción. Desmilitarizar, desarmar, pacificar (Ed. Icaria, 2021); y además se encargó de editar Gasto militar y seguridad global. Perspectivas humanitarias y mediombientales (Ed. Icaria, 2021); la siguiente entrevista tuvo lugar tras la jornada en Ca Revolta.

-P:Ante el
oficialmente denominado abandono de
Trump, países de la UE como Dinamarca han anunciado un aumento del gasto
militar en 2025 (hasta el 3,2% del PIB); y, entre otros ejemplos, el Ministerio
de Defensa español ha informado sobre un incremento salarial para los efectivos
militares; ¿se está despreciando la oportunidad de fomentar en Europa una
cultura de la paz y rechazo de la guerra?

-JC: Creo, sobre todo, que está aprovechándose el momento actual de shock; pero la propuesta de aumentar el presupuesto europeo para la industria militar no es algo nuevo; de hecho, la militarización de Europa se está cocinando a fuego lento desde hace más de 20 años; es cierto que ha ido acelerándose con la invasión de Ucrania, en 2022, por parte del ejército ruso; y, todavía más, con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos.

A
largo plazo la citada Estrategia responde a la reflexión sobre la paz
y la seguridad en Europa, que durante mucho tiempo ha comandado la
industria militar; se trata, en concreto, del Grupo de Personalidades sobre
Investigación en Defensa, constituido en 2015 por la Comisión Europea; de los
15 integrantes del grupo, nueve
representaban a la industria o centros de investigación militar; se trata de expertos que responden a unos
intereses.

-P: ¿Pueden citarse ejemplos de los beneficios empresariales?

-JC: Es el caso de la empresa militar española Indra, que en 2024 alcanzó un beneficio neto de 278 millones de euros, lo que supone un incremento cercano al 35% respecto a 2023; representantes de Indra forman parte del mencionado Grupo de Personalidades; la multinacional está creciendo a un ritmo espectacular en los últimos años, y aumentando la firma de contratos con los gobiernos europeos.

(Las
empresas armamentísticas “se dispararon” en las bolsas europeas tras el
compromiso, por parte de la UE, de mantener el respaldo a Ucrania, informó la
Agencia Efe el 3 de marzo; además de Indra, se mencionan los casos de la
alemana Rheinmetall –ganancias del 14,2%-; la británica Bae Systems (17,4%); la
italiana Leonardo -11,7%-; y la francesa Thales -15,8%-. Nota del
entrevistador).

-P: ¿Tiene relevancia, a escala global, el complejo militar-industrial europeo o su peso es relativo en relación con los gigantes estadounidenses?

-JC: Podemos compararlos a través del top 100 de la industria militar que realiza el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), con los datos de 2023; de las 100 principales del listado, 41 son de Estados Unidos; las cinco primeras productoras de armas son estadounidenses: Lockheed Martin; RTX; Northrop Grumman; Boeing y General Dynamics.

Si
a las norteamericanas sumamos las industrias militares europeas, las de Japón,
Canadá y algún otro país como Corea del Sur, representan el 70% del ranking.

-P: ¿Observas algún cambio en el caso de Alemania? (se situó, en el periodo 2019-2023, como quinto país del mundo en la exportación de grandes armas, tras Estados Unidos, Francia, Rusia y China, según el SIPRI).

-JC: Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, tanto Alemania como Japón tenían prohibido desarrollar un ejército; en Japón, por ejemplo, se estableció el nombre de Fuerzas de Autodefensa; en cuanto al ejército alemán, se mantuvo en un nivel reducido y controlado; pero desde hace unos años, Alemania ha ido cambiando el discurso y dejado de tener, digamos, un rol más modesto en cuestiones militares.

Tras
la salida del Reino Unido de la UE (brexit),
el liderazgo militar de Francia y Gran Bretaña en Europa fue sustituido por el
eje franco-alemán; por tanto, cuando nos referimos a la militarización de la
UE, se trata realmente de las dos grandes potencias que la comandan –Francia y
Alemania-; España es seguidora de estos dos países.

-P: ¿Es un mito consid..

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Peligrosa ineptitud europea

La élite política europea se caracteriza por su ineptitud.
En casi su totalidad se trata de gente que durante décadas externalizó a
Estados Unidos la función de pensar políticamente, adoptando el
infantilismo político, el narcisismo y la arrogancia de unos “principios
y valores” que, desde luego, la Unión Europea no encarna, practicando
una política basada en la imagen, y creyéndose su propia propaganda
mediática sobre el motivo y origen del conflicto de Ucrania, a saber: el
deseo de un malvado dictador de ampliar su imperio y recrear una
especie de URSS.

La Unión Europea no puede resolver un conflicto cuyos
motivos no entiende. Es incapaz, por tanto, de negociar, porque
desconoce sus propios intereses: no los ha formulado, y se ha limitado a
seguir los de Estados Unidos, que ahora gira y la deja en la estacada.

Europa no quiere acabar la guerra de Ucrania,
porque su burocracia oligárquica ha encontrado en la confrontación con
Rusia la fórmula para consolidar su poder, su razón de ser. Este cúmulo
de circunstancias explica su actual despropósito: pretender ganar sin Estados Unidos una guerra, que en su actual estado y a lo largo de tres años ha perdido con Estados
Unidos. ¿De dónde van a salir los 800.000 millones anunciados para el
rearme? Alemania, su principal potencia, está a las puertas de otro año
de recesión. ¿De dónde saldrán los hombres dispuestos a morir en la
enésima cruzada de la historia europea contra Rusia? Sus principales
potencias militares –Inglaterra, Alemania y Francia– apenas cuentan,
cada una, con una decena de sistemas de defensa antiaérea y antimisiles,
pero para cubrir mínimamente el espacio ucraniano (ciudades e
industrias clave). En la época soviética, allí se disponía de centenares
de esos sistemas. Es solo un ejemplo.

Es verdad que los presupuestos de defensa combinados de
los Estados europeos suman cifras enormes, bien superiores a las de
Rusia, pero eso no cambia la realidad de un mosaico operativamente
incoherente de retazos de diferentes sistemas de armas, cuya complicada
interacción ha demostrado la estrategia militar occidental en Ucrania.
Respecto a la invocada “invasión rusa de Europa”, es una fantasía. Choca
con la propia realidad del lento y penoso avance militar ruso en
Ucrania y con la propia narrativa europea. Durante años, la UE ha
mantenido que la inclusión de Ucrania en la OTAN es la garantía de
seguridad, porque Rusia no se atrevería a atacar a la OTAN, pero al
mismo tiempo se afirma esa posibilidad al agitar el “que vienen los
rusos”.

Lo que deberían hacer los políticos europeos es abrir su
propia negociación con Rusia en lugar de mendigar un puesto en la mesa
de Trump. Antes, deberían reconocer que la única “garantía de seguridad”
para Ucrania es su neutralidad. Seguramente es pedirles demasiado…

A poco más de seis semanas desde que Trump asumió la
presidencia –cuando se escriben estas líneas– y en medio de una
desconcertante y a veces contradictoria sucesión de declaraciones y
anuncios, sigue sin haber apenas perspectiva para pronósticos y
conclusiones. Es difícil imaginar que se cumpla, por ejemplo, lo que
dice el ayudante presidencial Elon Musk de que Estados Unidos se vaya de
esa OTAN que el propio secretario de Defensa, Pete Hegseth, quiere “más
fuerte y letal”. Aún más que abandone Europa, pieza fundamental de la
proyección del poder americano en el mundo. Sin embargo, el mero hecho
de que el primero en la cadena de mando de la guerra entre la OTAN y
Rusia que se libra en Ucrania exprese comprensión hacia los intereses
rusos e insista en acabar la guerra, ha quebrado la narrativa occidental
sobre el conflicto y crea una enorme confusión en las filas europeas,
unidas en su hostilidad a Rusia, lo que abre una ventana de oportunidad a
Moscú.

En el Kremlin se preguntan hasta qué punto es firme esa
oportunidad. Tras décadas de deslocalización y desindustrialización en
busca del máximo beneficio cortoplacista, la dependencia de la economía
de Estados Unidos de sus suministradores es grande. Los castigos
arancelarios anunciados pueden crear rupturas y carestías. El mundo ya
conoció, en la Rusia de Boris Yeltsin de los años noventa, grandes
promesas de “volver a hacer grande” el país que se saldaron con un
fenomenal desbarajuste. En los inicios de Trump, el presidente
(recordemos que sufrió dos atentados durante la campaña electoral) tiene
a su favor la inercia del shock que provoca el frenético
anuncio de sus iniciativas políticas entre sus adversarios en Estados
Unidos y en Europa, pero su posición está lejos de ser firme. Su mayoría
en el Congreso es exigua, de solo tres votos. En el dossier ucraniano,
todo el partido demócrata y parte del republicano no sintonizan con el
giro hacia un acuerdo con Rusia. En el probable caso de que la economía
se le tuerza, Trump perderá en dos años la mayoría en las elecciones de midterm
y recibirá la suma de la energía opositora que ya se está ges..

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Europa apuesta al rearme y se relame la industria bélica

Europa apuesta al rearme y se relame la industria bélica

Por Alberto López Girondo | 11/03/2025 | EE.UU., Europa

Fuentes: Tiempo Argentino

Macron ofrece la fuerza de disuación francesa y Starmer el desarrollo de la capacidad fabril británica. Putin dijo que «todavía hay gente que quiere volver a los tiempos de Napoleón olvidando cómo terminó». Las acciones de algunas empresas de armas crecen al infinito.

Europa alardea de independencia de Estados Unidos avanzando en planes de rearme en apoyo de Ucrania encabezados por el francés Emmanuel Macron y el británico Keir Starmer, nostálgicos de dos imperios que esperan renacer de sus cenizas en una guerra de la que Donald Trump eligió escapar. Una contienda en la que ya se restriegan las manos los seguros ganadores: las empresas fabricantes de armas, que se posicionan como las mejores inversiones en lo va del año.

El inquilino del Elíseo dio un discurso en cadena nacional el
miércoles en el que calificó a Rusia como una amenaza contra Europa y
planteó como “oferta” la fuerza de disuasión nuclear que puede aportar
Francia. En el fondo era una mojada de oreja al Reino Unido, cuyo
sistema de armamento atómico no puede funcionar sin el sostén
estadounidense. Y se entiende, la semana anterior, Starmer había
recibido a Volodimir Zelenski en el 10 de Downing Street con promesas de
poner a su industria bélica a trabajar a pleno. El primer ministro
laborista anunció fondos de unos 2000 millones de dólares para “proteger
la infraestructura crítica y reforzar a Ucrania”. Se trata de dinero de
fondos rusos embargados en Europa para la compra de misiles a
fabricados en Belfast “que crearán empleo en nuestro brillante sector de
la defensa”, dijo Starmer, en el mejor estilo Trump.

La respuesta de Vladimir Putin, quien habló este sábado y fue directo contra el ego de Macron. «Todavía hay gente que no puede estarse quieta. Todavía hay gente que quiere volver a los tiempos de Napoleón, olvidando cómo terminó», dijo el presidente ruso, sin mencionar a su par galo. «Ellos –añadió Putin, en referencia al los ejércitos napoleónicos– subestimaron el carácter del pueblo ruso y de los representantes de la cultura rusa en general».

Dos días antes los jefes de Estado de los 27 países de la Unión Europea se juntaron para elaborar una estrategia común. El giro de Washington con la administración Trump los dejó en su cruda desnudez y tratan desesperadamente salvar los papeles, aunque la jugada tiene el riesgo de incrementar las posibilidades una nueva guerra mundial, ya que la Federación Rusa tiene un acuerdo de amplia cooperación con China desde 20 días antes de la Operación Militar Especial en Ucrania, en 2022.

En Bruselas, la no menos belicista Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, alemana ella, o sea, de otro imperio barrido por la historia, propuso un plan de «Rearme Europeo» por el que se incrementaría el gasto en defensa hasta los 800.000 millones de euros. Se supone que será presentado oficialmente el 19 de marzo por el Comisario Europeo de Defensa, el lituano Andrius Kubilius, y la representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, la estonia Kaja Kallas. Por ahora, se destinarán 150.000 millones para incrementar el presupuesto armamentístico. Las voces dispares en este concierto militarista son las del primer ministro húngaro Viktor Orban y del eslovaco Robert Fico, que proponen discutir el caso Ucrania directamente con Putin.

Como sea, en la semana las acciones de empresas bélicas se dispararon
hasta dos dígitos en las bolsas europeas. Rheinmetall AG, el mayor
fabricante de municiones de Europa, por caso, tuvo alzas de más del 10% y
en lo que va del año, 85%. La sueca Saab también subió más del 10% y
supera el 50% en 2025. En ese rubro, hay mercado para todos: al italiana
Leonardo, que fabrica helicópteros y drones, no se quedó atrás. Tampoco
Safran, fabricante de motores para la industria aeronáutica, recopila
el chileno Maximiliano Villena en La Tercera. El ministerio de
Defensa británico, a su vez, presentó nuevos contratos con las firmas
BAE Systems, Babcock y Thales UK. Empresas del Reino Unido pasaron de
exportar 35 millones de libras esterlinas entre 2012 y 2022, y desde la
OME las ventas treparon hasta los 1100 millones, consigna un artículo de
Mark Curtis en Declassified UK, un portal donde se publica información
desclasificada del gobierno británico. “Gran parte de la ayuda militar
del Reino Unido a Ucrania —que asciende a 4500 millones de libras este
año— es en realidad un subsidio a las empresas de armas”, concluye
Curtis.

El 16 de enero pasado, Starmer y Zelenski firmaron en el Palacio
Mariinsky, de Kiev, un acuerdo por 100 años para “fortalecer los lazos
de defensa entre ambos países”. El laborista dijo esa vez que como parte
de ese convenio, Ucrania recibirá un nuevo sistema de defensa diseñado
por Reino Unido y financiado por Dinamarca, y los británicos seguirán
entrenando a tropas de ese p..

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India, un largo puente hacia Kabul

Quizás los juegos de intereses, cercanías y distanciamientos entre Afganistán, Pakistán e India sean el mejor ejemplo práctico de aquel concepto que apareció por primera vez tres siglos antes de Cristo en el Arthashastra, el tratado hindú sobre la gobernanza del Estado: “el enemigo de mi enemigo…”. Pakistán, al estar en medio de afganos e indios, obligatoriamente ha desarrollado más vínculos entre sus dos vecinos, de los que han tenido India y Afganistán, más allá de haber sido parte del Imperio Británico. Las relaciones entre Pakistán y Afganistán, contrariando lo que se podría suponer a priori, han alcanzado puntos extremadamente conflictivos desde que los mullahs han llegado a Kabul.

Partiendo de dos factores determinantes, Islamabad profundiza sus políticas de deportaciones masivas contra los tres millones de afganos que desde hace décadas se han refugiado no solo a lo largo de la frontera, la disputada “Línea Durand”, sino también en ciudades como Karachi, Islamabad y Rawalpindi. En esta últim se están dando cursos intensivos a la policía, la Guardia Fronteriza y otras fuerzas de seguridad para la búsqueda y captura de afganos indocumentados o no, ya que un millón y medio de ellos han conseguido el estatus de refugiados avalados por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), lo que había sido revalidado por el Gobierno pakistaní con plazo que vencía el próximo 30 de junio. Esta situación se agrava con la decisión del presidente Donald Trump de cerrar la Oficina del Coordinador de los Esfuerzos de Reubicación de los afganos (CARE) a partir del próximo abril, lo que impedirá que doscientos mil afganos que han colaborado con los Estados Unidos durante la ocupación puedan radicarse en aquel país.

Si bien las motivaciones que articula el Gobierno del primer ministro Shehbaz Sharif es la grave crisis económica que atraviesa el país, tan cierta como que Pakistán es el cuarto deudor mundial del Fondo Monetario Internacional, después de Argentina, Egipto y Ucrania. Quizás la principal de las razones de esta campaña de deportaciones sea por el supuesto “dejar hacer” de Kabul al grupo terrorista Tehreek-e-Taliban-e-Pakistan (TTP), que aparentemente nada tiene que ver con los muyahidines del mullah Haibatullah Akhundzada y, en menor medida, con las organizaciones armadas de Baluchistán, que pugna por escindirse de Pakistán desde hace más de setenta años. Las cotidianas operaciones del TT en Pakistán, que después de golpear vuelven a Afganistán, les han permitido provocar miles de bajas al ejército, a las fuerzas de seguridad y de civiles, además de generar a Islamabad pérdidas millonarias.

Según algunos registros, entre 2023 y 2024 los muertos superarían los dos mil. Mientras Pakistán establece mayores controles en los pasos fronterizos, lo que causa un descalabro económico en todo el sistema comercial a un lado y otro de la frontera profundizando la crisis económica, Islamabad ha bombardeado posiciones del TTP en territorio afgano, generando al menos una veintena de civiles muertos. India, el histórico enemigo de Pakistán, con quien desde 1947 ha mantenido tres guerras e innumerables choques fronterizos por la región de Cachemira, estrecha más y más lazos diplomáticos y comerciales con el Gobierno talibán. Si bien Nueva Delhi ha tenido históricamente una relación ambivalente con Afganistán, a lo largo de los 20 años de ocupación norteamericana (2001-2021) tuvo una importante presencia en ese país, habiendo invertido más de tres mil millones de dólares en el sostenimiento de distintas instituciones estatales, incluida la construcción del Parlamento y el entrenamiento tanto del extinto Ejército Nacional Afgano como de la Alianza del Norte, la vieja organización político-militar creada por Ahmad Shāh Masūd, asesinado dos días antes de los ataques a las torres de Nueva York. Sin su líder y a pesar de haber sido derrotada por los talibanes en la guerra civil 1992-1994, resistió en las alturas del Panjshir hasta la llegada de los norteamericanos en 2001 y, tras su salida 20 años después, es ahora el hijo de Masūd, también llamado Ahmad, que junto a Amrullah Saleh, el ex vicepresidente del Gobierno norteamericano, intenta mantener la resistencia en la provincia de los tayikos afganos. Afganistán también cuenta con la peligrosa presencia del Dáesh Khorasan, que, instalado desde el 2014, ha sido una creciente amenaza para el poder de los mullahs.

La guerra quedó atrás

Durante los primeros meses del nuevo Gobierno de los talibanes, la presencia india prácticamente había desaparecido de Afganistán, aunque comenzó a retornar tras las primeras señales que dejaban en claro que los mullahs, o por lo menos gran parte de su Gobierno, ya no eran los fanáticos moldeados por su fundador, el mullah Mohammad Omar, muerto en 2013. La dirigencia intentaba la creación de un estado, con todas las prevenciones del caso, “moderno”, mientras se distanciaba de Pakistán, por lo que India rápidam..

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Auge y caída de los padrinos de la guerra

En junio de 2022, en pleno éxtasis onanista de la OTAN y la UE, se celebraba la cumbre del G7 en la localidad alemana de Schloss Elmau. Apenas habían pasado cuatro meses desde la entrada de las tropas rusas en Ucrania y las potencias occidentales ponían en práctica todas las sanciones imaginables contra Rusia con el objetivo de colapsar su economía, paseaban a Zelensky de parlamento en parlamento como un superhéroe de Hollywood y alentaban el mito de una, supuestamente, inevitable victoria ucraniana. En la imagen más icónica de la cumbre puede observarse a los sonrientes Olaf Scholz (Alemania), Joe Biden (EE.UU.), Boris Johnson (Reino Unido), Emmanuel Macron (Francia), Mario Draghi (Italia), Justin Trudeau (Canadá), Fumio Kishida (Japón), Ursula von der Leyen (Comisión Europea) y Charles Michel (Consejo Europeo) manteniendo una videoconferencia con el líder ucraniano mientras lucen camisas arremangadas de un color blanco impoluto, purificado y casi angelical. De manera que, en su comunicado final, se comprometieron a apoyar a Ucrania el tiempo que fuese necesario y a aumentar las sanciones a Rusia por el bien de la libertad y la democracia.

Dos años y medio después, de aquella puesta en escena no va a quedar ni el apuntador y, para bien o para mal, un Vladimir Putin sobrado de legitimidad interna les va a sobrevivir políticamente a todos. Porque la mayoría de los presentes han sido borrados del mapa o están a punto de serlo, tras haber comprometido miles de millones para la guerra en lugar de promover la paz; tras aumentar de forma desorbitada los presupuestos militares en detrimento del gasto social; y tras haber provocado en sus respectivos países una crisis económica, energética e industrial de un alcance aún por determinar. Personajes que llegaron arrasando en comicios electorales, cumplieron su función como mamporreros del imperio y se van despreciados, desacreditados y deslegitimados por sus propios hooligans.

El último en caer ha sido Justin Trudeau, que el 6 de enero de 2024 ha anunciado su renuncia como primer ministro de Canadá tras casi diez años en el poder, con uno de los niveles de aceptación más bajos en la historia de su país y agobiado con la falta de apoyo en sus propias filas partidistas. Con su decisión, el Parlamento estará prorrogado hasta el 24 de marzo, concediendo tiempo al gobernante Partido Liberal para evitar una moción de censura y elegirle un sustituto. Trudeau reafirmó en muchas ocasiones «el compromiso inquebrantable de Canadá» con el pueblo de Ucrania frente a la agresión rusa y, al menos los parlamentarios canadienses, lo demostraron inequívocamente cuando en septiembre de 2023 ovacionaron de pie a un nazi ucraniano de las SS durante la visita del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.

Sin embargo, el precursor en abandonar el cargo fue el bocazas y estrambótico Boris Johnson, que dimitió como primer ministro británico tres meses después de la cumbre alemana del G7. Aún tuvo tiempo para sabotear las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, no permitiendo que Zelensky y los suyos pusiera fin a la guerra y aceptasen su neutralidad militar. Johnson sustituido por Liz Truss, hasta aquel entonces ministra de Asuntos Exteriores, que pasó únicamente 44 días en el cargo y tuvo que dejar el camión de la mudanza a las puertas de Downing Street. Entonces emergió la figura de Rishi Sunak, que ejercería de primer ministro hasta ser desalojado por la mayoría absoluta del opositor Partido Laborista en la elecciones celebradas en julio de 2024.

En octubre del mismo 2022, Mario Draghi fue sustituido al frente del gobierno italiano por la ultraderechista Giorgia Meloni, la cabecilla de Hermanos de Italia. Draghi había presentado la dimisión en julio, pero su renuncia fue rechazada por el presidente de la República. Meloni dejó bien claro durante la campaña electoral que «Italia es, a título pleno, parte de Europa y la OTAN. Quien no esté de acuerdo no podrá formar parte de este Gobierno». Y desde entonces ha dejado claro en la práctica su apoyo a la política de EE.UU., incluso en el permiso para usar misiles de largo alcance contra Rusia.

Fumio Kishida dimitió y abandonó el cargo de primer ministro de Japón el 1 de octubre de 2024, después de ocupar el asiento durante tres años. Se fue con una de las tasas de apoyo público más bajas de su historia y acusado de ser una marioneta de EE.UU. y la OTAN.

En Francia, el nivel de confianza en su presidente Emmanuel Macron está a la altura de las catacumbas de París. En febrero de 2024, Macron pretendió erigirse en héroe de guerra tras organizar una conferencia en París y proponer abiertamente el envío de tropas occidentales a Ucrania. Tras el estrepitoso fracaso de su partido en las elecciones europeas, convocó elecciones legislativas en las que su partido obtuvo el tercer puesto, pese a lo cual impuso con calzador como primer ministro a Michel Barnier, quien presentó su renuncia tres meses más tarde, convirtiéndose en el primer ministro ..

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Japón, en la isla del Houtokuji

En la última planta del rascacielos Sunshine 60, en Ikebukuro, donde los niños y sus madres juegan en un parque infantil entre falsos momijis otoñales, hay un observatorio con magníficas vistas sobre Tokio. El gigantesco edificio se levanta donde estuvo la célebre prisión de Sugamo: allí fueron recluidos los criminales de guerra del fascismo japonés que acabaron colgados en la horca el 23 de diciembre de 1948. Entre ellos estaban Hideki Tōjō, el primer ministro que dirigió el país durante la Segunda Guerra Mundial; Seishirō Itagaki, ministro de la Guerra; Kōki Hirota, ministro de Asuntos Exteriores, e Iwane Matsui, el general que ocupó Shanghái y permitió la masacre de Nankín. La prisión fue derribada en 1958 y todo aquel barrio de Nishi Sugamo fue remodelado. Nada recuerda hoy a la cárcel, aunque junto al rascacielos crearon una pequeña zona ajardinada, con una roca en el lugar donde estuvo la horca donde, en kanji, se lee: “Deseando la paz eterna”. No hay ninguna mención al fascismo, ni a los criminales de guerra japoneses. Ese olvido deliberado sigue ocultando los demonios del militarismo fascista japonés y, también, de la ocupación estadounidense de posguerra, que no ha terminado: el Pentágono dispone hoy de más de ciento veinte bases militares en el archipiélago nipón.

En
Shinjuku, las tabernas de Omoide Yokochō siguen mostrando el
recuerdo de la triste posguerra, aunque los pequeños figones se
hayan renovado, y la vida tokiota no se detiene nunca, en medio de
rascacielos, templos y centros comerciales, en
un frenesí que tritura la modernidad y oculta los temores del Japón
de hoy: la decadencia, el envejecimiento, la pérdida de población,
el retroceso ante la pujanza china. A ciento treinta kilómetros de
Tokio, en la ciudad de Kiryū, la agitación y las premuras tokiotas
desaparecen, y surge de nuevo la vida apacible: allí se halla el
austero Houtokuji, un templo zen de 1450 que se ilumina en las noches
de otoño con la deslumbrante belleza de los ginkos y momijis, y cuyo
jardín de rocas y arena expresa la delicada cultura nipona, el
esplendor del mundo, representando la grúa, la tortuga y el monte
Hōrai,
deseando una larga vida y buena fortuna. Como tantos siglos atrás,
la isla del jardín simboliza los problemas que atrapan, los años
oscuros que apresan, ahora en un momento crucial en que parece que
todo el país se fuera deslizando hacia esa ínsula del albero.

*
* *

En
las elecciones de octubre de 2024 la derecha tradicional del Partido
Liberal Democrático, el Jimintō,
del primer ministro Shigeru Ishiba, consiguió el mayor porcentaje de
votos, el 26 %, seguido del Partido Democrático Constitucional, de
Yoshihiko Noda, (un partido centrista, con algunos rasgos
progresistas) con el 21 %. El resto de los tres partidos
conservadores obtuvieron entre el 9 % y el 11 %, incluido el
Kōmeitō de la secta budista Sōka Gakkai. El Partido Comunista, que
cuenta con una fuerte organización, no consiguió agrupar a los
descontentos, que optaron por la abstención. Así, el PLD y su
aliado el Kōmeitō tienen 215 escaños (perdieron 73 con relación a
las anteriores elecciones) cuando la mayoría parlamentaria se sitúa
en 233 diputados, y el Partido Liberal Democrático, pese a no
dominar la Dieta, consiguió que su candidato, Ishiba, fuera
reelegido primer ministro. Pero crece la desafección hacia el
anquilosado sistema político japonés: votó poco más de la mitad
de la población, descontenta con el viejo partido conservador que
gobierna casi desde el final de la ocupación estadounidense e
inquieta por el aumento de los precios y las dificultades de la
economía, mientras contempla la corrupción, la oscura y delictiva
financiación de los liberales, y el militarismo que estimula Estados
Unidos para arrastrar a Tokio en su acoso a China.

El
año 2023 fue también malo. Otro más. Y 2024 ha mostrado el
desgaste del poder conservador. Según el Fondo Monetario
Internacional (FMI), en valores nominales Japón
cedió el tercer puesto de la economía mundial a Alemania (cuya
fortaleza también flaquea) aunque si se define con el más riguroso
criterio del PIB por PPA, paridad de poder adquisitivo, Japón ha
retrocedido para convertirse en la quinta economía mundial, tras
China, Estados Unidos, India y Rusia. Hace treinta años que la
economía japonesa inició su lento declive, viendo pasar los que se
denominaron “tigres asiáticos” (Corea del Sur, Taiwán, Singapur
y Hong Kong), la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, la
disminución del número de habitantes y el envejecimiento de la
población, hasta el punto de que la crisis ha hecho que aparezcan
también los “bancos de alimentos” para ayudar a los pobres, algo
impensable tres décadas atrás cuando la economía nipona era la
segunda del mundo. La
combinación de un yen debilitado que ha llevado al Banco de Japón,
en coordinación con la Reserva Federal estadounidense y el banco
central surcoreano, a intervenir para frenar la depreciación de la
moneda, junto a una reducción del consumo i..

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La caída de Zelenski será la mayor derrota de los «neocon»

El
pasado 12 de febrero, los presidentes Putin y Trump mantuvieron una
conversación telefónica en la que abordaron el conflicto de
Ucrania, la situación del Medio Oriente, el canje de presos, el
programa nuclear iraní y el estado de las relaciones entre sus
países.

Posteriormente,
el 18 de febrero, en Arabia Saudita se llevaron a cabo negociaciones
entre Rusia y Estados Unidos, con la finalidad de eliminar las
restricciones al trabajo de sus embajadas y normalizar las relaciones
entre sus países, de discutir la agenda de un futuro encuentro entre
los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump y de planificar
acuerdos que resuelvan el conflicto ucraniano. Tanto en Moscú como
en Washington valoraron positivamente las conversaciones y expresaron
el deseo de mantener contactos y trabajar para lograr el fin del
conflicto ucraniano.

Según Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU.: “Todo estaba perdido bajo el mandato de Joe Biden. No había contacto. (…) Incluso en el apogeo de la Guerra Fría, incluso en los peores días de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética tuvieron contacto. (…) Así que, al final, nos guste o no, Rusia es una potencia, una potencia mundial. Está implicada y comprometida en Siria; ha estado implicada y comprometida en Oriente Medio, ciertamente en Europa e incluso en el hemisferio occidental. Tenemos que mantener cierta comunicación con ellos”.

Esta reunión, que debía ser aplaudida por el mundo entero, pues cambió la política de EE.UU., enmarcada en los viejos paradigmas de la Guerra Fría y de la ruso fobia nazi, provocó histeria y pánico entre los países de la UE, persuadidos de que nadie puede decidir sobre la guerra y la paz por encima de sus cabezas. Por lo que María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, declaró: “Vemos una reacción nerviosa, por no decir al borde del pánico, de Occidente. (…) Los contactos ruso-estadounidenses en los niveles más altos y elevados están provocando una verdadera histeria entre los rusófobos euroatlánticos. (…) Por lo visto, la UE busca una solución militar al conflicto ucraniano, pese a que eso está en contra de los intereses de todos los pueblos del viejo continente”.

¿Qué es lo que ha pasado? Que un puñado de plutócratas acaparó el poder político de EE.UU. No hace mucho, Elon Musk dijo que el Partido Demócrata está secuestrado por extremistas. Aunque él no lo dijo, este secuestro se dio a partir del 9/11, cuando parte del poder en Occidente fue tomado por los neocon, un sector de la ultraderecha de EE.UU.

A
partir de entonces comenzaron las guerras ‎sin fin, o sea, se
trataba ahora no de ganar las guerras, sino de ‎iniciarlas y
prolongarlas el mayor tiempo posible, con el objetivo de destruir la
‎estructura política de los países, blancos de esta estrategia,
para, en virtud del caos creado, ‎privarlos de toda defensa.

Los
neocon postulan que deben primero destruir a Rusia y
luego, a
China, para que EEUU mantenga su supremacía sobre el mundo;
vendieron la idea de derrotar a Rusia mediante drásticas sanciones
económicas, la misma que UE y el G(7) aceptaron sin razonar ni
chistar.

Este
hecho posibilita responder a una pregunta sin respuesta aparente:
¿Por qué en la guerra de Ucrania, la UE apoya al gobierno nazi de
Kiev? Porque Ucrania es usada como carne de cañón por las potencias
occidentales, para derrotar a Rusia y luego desintegrarla
y
pulverizarla, utilizan
este conflicto
con el fin de empeorar su situación. Para ello, prolongando el mayor
tiempo posible la guerra de
Rusia contra los nazis que gobiernan Ucrania y mediante sanciones,
buscan que se produzca la bancarrota económica de este país.

Entre
noviembre de 2013 y febrero de 2014 se dio el sangriento golpe de
Estado de Ucrania. Victoria Nuland, neocon y que era alta dirigente
del Departamento de Estado de EEUU, fue a Kiev para ‎respaldar a
los banderistas del Sector de Derecha, ‎herederos de los
colaboradores ucranianos que durante la Segunda Guerra Mundial
lucharon junto a los nazis y son responsables de numerosos crímenes
de lesa humanidad.

La
primavera de 2014, cuando en Ucrania no había autoridad legítima
alguna, Crimea se independizó de Ucrania y, mediante un referéndum,
se reintegró a Rusia, mientras que los ciudadanos del Donbass
proclamaron la independencia de las Repúblicas de ‎Donetsk y
Lugansk.

A
partir de febrero de 2022, la situación empeoró debido a que
Ucrania planificó la toma de Crimea y el ‎Donbass, para lo cual
incorporó a sus Fuerzas Armadas a todas las organizaciones
paramilitares ‎de los banderistas.

‎En
estas circunstancias, Rusia reconoció la independencia de Donetsk y
Lugansk. De inmediato, sus gobernantes pidieron a Rusia ayuda contra
Ucrania, que realizaba operaciones militares contra ellos y ocupaba
una parte de sus territorios desde 2014. El 24 de febrero de 2022, el
Presidente Putin inició ‎una operación militar especial para
desnazificar y desmilitarizar a Ucrania.

Antes de ganar su segunda presidencia, Donald Trump sostu..

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Ucrania en el predregoso camino a la paz

La
conversación telefónica del 12 de febrero entre Trump y Putin,
esperada por pacificadores, pero temida por los muchos belicistas en
cargos de gobierno en Occidente, abre una gran cisura en las
relaciones internacionales occidentales de los tres últimos años,
que, en lo referente a la seguridad internacional, estaban marcadas
por la narrativa de defensa incondicional a Ucrania y el tono marcial
a un enemigo “agresor” y “visible”: Rusia. Por ello, esta
conversación que abre negociaciones de paz, puede calificarse de
histórica en medio de una atmósfera occidental de rechazo a toda
voz pacifista de alto al fuego, a las muertes y destrucción que
acarrea la guerra. Por lo pronto, tiene ya serias consecuencias para
los diferentes actores que tuvieron una participación estrecha en la
contienda.

Para
la Unión Europea

Este
primer contacto de paz que se extiende también a la reanudación de
relaciones diplomáticas y comerciales entre EEUU y Rusia, representa
un duro golpe al belicismo europeo y Occidental. ¿Cómo queda ahora
la Unión Europea, que participó activamente en la guerra contra
Rusia a órdenes de Washington, llevando al extremo la victimización
de Ucrania y demonización de Rusia, y con ello, haciendo el papel de
su fiel sirviente? A las élites políticas de la Unión Europea, que
aún siguen manteniendo en alto sus espadas contra Rusia, no les
quedará otra opción más que bajar a regañadientes su tono bélico
y esconder la humillación pidiendo a Washington participar en
negociaciones de paz.

Pero
las relaciones entre Washington y la Unión Europea no son ahora las
mejores. De ésta última se oye resistencia y hasta rebeldía al
gran giro político estadounidense sobre Ucrania, quedándose ella
sola como su única defensora acérrima. De ahí que Trump concederá
a la Unión Europea asiento en las negociaciones de paz, en todo caso
después de ser elegido el nuevo gobierno alemán, y siempre que éste
se someta a las directrices y mandatos de Estados Unidos en la causa
ucraniana. Estados Unidos no hará concesiones a su satélite Europa
Occidental si sus gobiernos no marchan al son de su política; y esto
lo sabe el próximo canciller del partido conservador CDU, Friedrich
Merz, que aún persigue alimentar la guerra con mejores armas, como
los misiles Taurus, y más dinero a Ucrania; actos que torpedearán
los esfuerzos de paz de Trump. Pero no creo que se llegue a ello; ya
en el cargo tendrá que educarse en la política pragmática de Trump
lograr la paz en Ucrania y trabajar con él en esa dirección; es
decir, tendrá que hacer una conversión de Saulo a Pablo para evitar
retaliaciones y hasta sanciones por parte de Washington.

Pero
es de gozar este momento de “golpe” duro a la arrogancia de la
élite europea, desesperada por no encontrar aún el tono consonante
con Washington. Sobre todo, el ver cómo se van derritiendo esos
“soldados de plomo” que azuzaron la confrontación militar contra
Rusia con propaganda y tambores de guerra, obtuvieron el
consentimiento de sus poblaciones con toda clase de falsedades sobre
Rusia y Putin, arriesgando no solo una Tercera Guerra Mundial sino
una confrontación nuclear de dimensiones incalculables para la
humanidad. “Soldados” de escasa o nula sensibilidad humana hacia
las diarias y cuantiosas pérdidas humanas; quienes censuraron y
oprimieron las voces de “paz”; quienes se alistaban ya a una
confrontación directa y larga contra el “enemigo ruso”, que
ellos mismos construyeron en su “posición de superioridad”
militar, económica, política y moral, que ni siquiera era suya,
sino prestada de su hermano mayor hegemónico, Estados Unidos.

Solo
es de lamentar que las poblaciones de la Unión Europea en su mayoría
hayan caído en ese juego político manipulativo de sus gobernantes,
en complicidad con los medios de comunicación de masas. En todo
conflicto siempre hay dos partes que cuentan su historia diferente.
En una guerra, en la que está de por medio la vida de una gran parte
de la población, siempre se culpa al enemigo, obviándose la máxima
pacifista y de equidad de que se debe escuchar también a la otra
parte a la que se culpa. Que los hechos son obvios porque Rusia
comenzó la guerra con su incursión militar en Ucrania, sí, pero
esta narración, neutral, puede cargarse con acusaciones de
“invasión”, “agresión”, “crimen de guerra”,
“exterminio”, genocidio, etc. etc., cuando el otro lado porta su
justificación de que se trató de una “intervención militar” de
carácter humanitario. Conflicto éste para ser dirimido por un
tribunal internacional, pero el sistema internacional no está apto
para hacerlo; por ello solo queda el camino de la negociación de
acuerdo a las normas internacionales de la buena fe y del debido
respeto mutuo entre las partes.

Para
Estados Unidos

Estados
Unidos bajo la administración de Biden fue el planificador y
promotor de esta guerra, cargándosela inmediatamente en los hombros
de la élite europea occidental y aliados de la OTAN, quienes la
ejecutaron y engrandecieron sobrepasando l..

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Los archivos del genocidio: del pueblo pequot al palestino, del «destino manifiesto» a la Riviera de Gaza

El
Dr.
Martin Luther King hijo
escribió
en 1964 un célebre libro titulado Why
We Can’t Wait?
[Por qué no podemos esperar] en el que además de abordar el crimen
de la esclavitud y de las humillaciones diarias que padecen las
personas
afroestadounidenses, también dedicaba varias páginas a examinar lo
que se puede denominar el «choque de civilizaciones» de
los siglos XVI al
XIX entre los emigrantes europeos y los 70 millones de personas
originarias que vivían en el continente
de América del Norte y del Sur.
Colón
no «descubrió»
las
Américas,
había
otras
personas que
vivían
aquí desde hacía decenas de miles de años.
Lo
que se iba
a conocer
como «América» no era una
«terra
nullius»,
sino
que pertenecía
a cientos de pueblos originarios diferentes, que tenían sus propias
culturas y lenguas, las «primeras
naciones»
del continente de América del Norte.

En
el territorio que ocupan ahora Estados Unidos y Canadá vivían unos
diez millones de algonquins,
apaches,
cayugas,
cherokees,
cheyennes,
chippewas,
comanches,
coyotes,
crees,
dakotas,
delawares,
hopis,
iowas,
iroquois,
lakotas,
micosukees,
mi’kmaqs,
mohawks,
mohegans,
mojaves,
muscogees,
narragansetts,
omahas,
oneidas,
pawnees,
pequots,
pueblos,
quechans,
saginows,
seminoles,
senecas,
shawnee,
shoshones,
sioux,
spokanes,
squamish,
tlingits,
unangans,
utes,
wichitas,
yuroks,
zunis,
etc.

El
Dr. King escribió:
«Nuestra nación nació de
un genocidio cuando aceptó
la doctrina de que las personas originarias americanas, las
y los indios, eran una raza
inferior. Incluso antes de
que en nuestras tierras
hubiera gran cantidad de
personas negras,
la cicatriz del odio racial ya había desfigurado a
la sociedad colonial.
La sangre fluyó
desde el siglo XVII en adelante en las batallas de supremacía
racial. Quizá
somos la única nación que, como
política nacional, trató
de eliminar a su población originaria.
Es más, elevamos esa
trágica experiencia a la condición de noble cruzada.
De hecho, ni siquiera hoy
nos hemos permitido rechazar este bochornoso episodio o sentir
remordimiento por él.
Nuestra literatura, nuestro
cine, nuestro teatro y nuestro folclore lo exaltan» (1).

En
efecto, durante mi infancia
en Chicago en la década de
1960 tenía muy claro que en la lucha entre los cowboys
y los indios, los cowboys
eran los buenos y los indios los malos.
Me costó muchos años darme
cuenta de quién era el opresor y quién el oprimido, de quién
era el ladrón y quién la víctima del asesinato,
la expoliación y la humillación.

¿Ha
cambiado nuestra mentalidad?¿Estamos
dispuestos a rechazar la filosofía del «destino manifiesto»?¿Hemos
desarrollado nuestra facultad de autocrítica y empezado a darnos
cuenta de la enormidad del crimen cometido contra
las
personas originarias
de América del Norte y del Sur? ¿Somos capaces de practicar el
cristianismo y mantener un mínimo de humanidad hacia otros
pueblos? ¿Qué significa
«Primero Estados Unidos»?
¿Significa la opresión del
resto del mundo? ¿Qué quiere decir Trump con su
consigna «Hacer que Estados
Unidos sea grande otra vez»?¿No sería mejor hacer que Estados
Unidos sea querido y respetado?¿No
sería mejor para Estados Unidos y para el resto del mundo que las
órdenes ejecutivas provenientes
del Despacho Oval estuvieran en consonancia con las tradiciones
cristianas de Estados Unidos? ¿No
sería mejor revivir el legado de Eleanor Roosevelt y redescubrir la
espiritualidad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

Por
desgracia, si observamos cómo actúa el presidente Donald Trump,
dudo que el resto del mundo nos considere «grandes». La mayoría de
las personas civilizadas del mundo podrían tener motivos para
temernos e incluso para odiarnos. Trump
parece poner en práctica la máxima de Calígula
oderint dum metuant:
«siempre
y cuando
me teman, que me
odien» (2). ¿Por
qué cambiar el nombre de Monte
Denali en
Alaska por
Monte
McKinley (3)?
¿Por qué apoyar la
limpieza étnica y el genocidio del pueblo de Gaza (4)
y de Palestina (5)
que está llevando a cabo ahora Israel? ¿Por
qué negar al pueblo palestino su derecho a la autodeterminación, su
derecho a su
patria (6), en la que sus
antepasados han vivido durante miles de años?
También en este caso se
han invertido los papeles,
está claro que Israel es el ocupante y el opresor, y está claro que
el pueblo palestino es la víctima y lo ha sido desde la Nakba de
1947-1948. La
guerra genocida en Gaza no empezó el 7
de octubre de
2023, sino
76 años antes.
Pero en vez
de tratar de
hacer justicia al pueblo de Palestina que
sufre desde hace
tanto tiempo, el presidente
Trump pretende robarle
sus tierras, «trasferir»
a la población
palestina
fuera de sus hogares y hacer una «Riviera» mediterránea (7)
para los oligarcas de Israel y Estados Unidos. ¿Tenemos
tan metido en nuestro ADN el genocidio de las Primeras Naciones de
Estados Unidos que podemos apoyar entusiasmados la limpieza étnica y
el genocidio en Palestina?

El «descubrimiento» de
América»

Cada
12 de octubre muchas
personas celebran en Estados Unidos l..

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Zelensky vs Trump: una implosión por el saqueo de Ucrania

Sin embargo, para algunos analistas, el inédito griterío entre ambos presidentes habría tenido la escenificación de Hitler cuando este forzó a los gobiernos checoslovaco y austriaco a entregar el territorio en los Sudestes y el país entero, respectivamente. Y es que Zelensky rechazó la propuesta de Trump de un cese al fuego incondicional donde Rusia y EE.UU. terminaban repartiéndose los ricos recursos naturales de Ucrania (petróleo, gas, tierras raras, etc.), haciendo a un lado a la UE y al propio presidente ucraniano.

En
la Casa Blanca, Trump, le advirtió a Zelensky que, “no estaba en
posición de imponer condiciones para la paz y le acusó de coquetear
con la Tercera Guerra Mundial”, cuestión llamativa viniendo de
alguien que criminaliza a los migrantes, impone aranceles a la
competencia económica y plantea el principio de una nueva Edad de
Oro para EE.UU. desenvolviendo una estrategia geopolítica
expansionista (anexión de Canadá, Groenlandia, etc.).

Inmediatamente,
Úrsula von der Layen, presidenta del Consejo Europeo, declaró: “Tu
dignidad (en referencia a Zelensky) hace honor a la bravura del
pueblo ucraniano. Manténgase fuerte, sea bravo, no se deje
intimidar. Usted no está nunca solo, querido presidente Zelensky”,
(DW, 28/02/25).

De
esta forma, Zelensky quedaría al borde de un golpe de Estado yanqui
o de ser rescatado por un sector de la UE como señala líneas arriba
der Layen. Es que si bien es cierto la inversión norteamericana se
aproxima a los $115,000 millones (aunque Trump habla de $500,000
millones), la de la UE alcanza los 132,000 millones de euros (datos
del Instituto de Economía Mundial de Kiel). La UE y Zelensky habían
aceptado el cese al fuego siempre y cuando EE.UU. garantice la
presencia militar de la UE en Ucrania, cuestión que Putin rechaza de
forma categórica. La única garantía que ofrece EE.UU. es un fondo
de compensación que implicaría la cesión del 50% del territorio
ucraniano por el apoyo financiero y militar invertidos en la guerra
de Ucrania contra Rusia.

Cuando
Zelensky habla de “una paz justa y duradera” buscaría un
“reparto democrático” de Ucrania donde él y la UE tengan una
“tajada más grande de la torta y una presencia militar como
garantía disuasiva frente al ejército ruso”, cuestión que Trump
no aceptaría ya que prioriza su acuerdo con Putin y porque sabe que,
por un lado, Zelensky y la UE dependen de su sistema satelital
antimisiles para poder desenvolver una guerra de alcance mundial, y
por otro, porque para él su enemigo principal es China. Sin embargo,
el nuevo canciller conservador alemán, Friedrich Merz, estaría
decidido a priorizar “que Europa logre la independencia de EE.UU.”,
(BBC, 24/02).

En
este sentido, en la reunión de la UE en Londres (02/03), se acordó,
“mantener
el flujo de ayuda a Kiev y mantener la presión económica sobre
Rusia para fortalecer la posición de Ucrania; asegurarse de que
Ucrania esté en la mesa de negociaciones y que cualquier acuerdo de
paz debe garantizar su soberanía y seguridad; y continuar armando a
Ucrania para disuadir futuras invasiones”, (Infobae, 03/03). No
obstante, a pesar que Macron declaró que irían a dar una tregua de
un mes, Starmer, señaló que no había un plan determinado todavía.
Este último a su vez “lanza puentes” a Trump, mientras que la
mayoría de mandatarios europeos aparecen más firmes en su
distanciamiento con EE.UU.

Para
algunos analistas, el acuerdo de paz integrando a la mesa de
negociaciones a la UE o Zelensky sería la solución a la guerra.
Pero una “garantía de seguridad” para Ucrania (como plantean la
UE y Zelensky), implicaría una fuerza militar. Es decir, una
situación de volatilidad colosal como la de Siria o la de Palestina,
donde a la menor chispa se podría volver a incendiar la pradera.

Así
las cosas, estaríamos frente a la paz de los cementerios que sería
financiada con la plata del recorte del presupuesto social a los
trabajadores europeos y norteamericanos.

César Zelada. Director de la revista La Abeja obrera. Escritor y colaborador en varios medios de prensa obrera y popular.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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