Internacional

Temas vigentes de Geopolítica. Selección de información de fuentes verificadas.

Ecomunitarismo y geopolítica actual desde Nuestramérica

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Brevísimas notas

Ecomunitarismo y geopolítica actual desde Nuestramérica

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Por Sirio López Velasco | 12/03/2025 | América Latina y Caribe, Opinión

Fuentes: Rebelión

Empiezo estas brevísimas notas por su conclusión: En el concierto mundial actual Nuestramérica debe hablar con su propia voz plurinacional, unida, soberana, y solidaria. Tal es la senda que le indicaron, entre otros, Artigas, Bolívar, Martí, el Che, y Raúl Sendic Antonaccio.

El espectáculo del 28/2/25 de Trump regañando y prepoteando a Zelensky ante las pantallas de TV del Planeta entero, confirmó que una nueva Geopolítica mundial se está dibujando en estos días.

Trump aplica su MAGA (Make America Great Again, o sea, “Hacer a EEUU grande otra vez”) a la vez con prepotencia imperial renovada y con un cambio de la política hacia Rusia. Trump es consciente de que ésta, acogotada hasta sus mismas fronteras por una OTAN que se comió sucesivamente a todos los ex países socia..

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De Vicky Dávila, líbranos Señor… si llega a ser presidenta hay que «huir» de Colombia

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De Vicky Dávila, líbranos Señor… si llega a ser presidenta hay que «huir» de Colombia

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Por Fernando Alexis Jiménez | 12/03/2025 | Colombia

Fuentes: Cronicas de Macondo

Lo peor que le puede ocurrir al país es que Vicky Dávila llegara a la presidencia. Tocaría salir de huida, porque como precandidata, no hace otra cosa que exponer una verborrea sin piso real. Parece que viviera en otra nación distinta a la nuestra. Y, lo más irónico, defiende a la clase pudiente, ella que proviene de una familia modesta de Buga.

No creo que haya perdido el tiempo viendo la entrevista que le hizo el periodista, Guillermo Celis a Vicky Dávila en el programa “Al punto”. Por el contrario, esa media hora de tiempo al aire me permitió descubrir a una mujer sin conocimiento de país, venenosa, una mala réplica de Uribe en sus planteamientos y la ficha que utiliza hoy la derecha regresiva del país antes de abrirle paso a Germán Vargas Lleras como si fuera el sa..

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Europa humillada

Europa -desde Tarifa a los montes Urales-
es una pequeña península del gran continente euroasiático: una
realidad material ineludible para cualquier proyecto político de
largo alcance, con posibilidades razonables de éxito; como supo
anticipar, con indudable visión estratégica, el general De Gaulle.

Necesitamos una Unión Europea capaz de
fundamentar su estrategia en su evidente realidad continental; de lo
contrario, tenderá a desgarrarse, como consecuencia de sus
contradicciones internas, focalizadas por su humillante subordinación
al imperialismo USA, que la desprecia.

Europa es cuna de civilización, patria de
la Ilustración y de la Revolución francesa, que nos legó los
derechos del hombre y los valores de libertad, igualdad, fraternidad.
Abrió el camino a la revolución industrial y cruzó el Atlántico
llevando en su mochila la racionalidad del método científico. Más
adelante, la Revolución rusa, liderada por Lenin e impulsada por el
movimiento obrero, puso en práctica la ciencia política basada en
los escritos del genial judío alemán Carlos Marx, que dio lugar a
la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, hoy extinta.

Unión de Repúblicas Socialistas
Soviéticas que, en cuatro décadas, logró sacar de la miseria y la
ignorancia a decenas de millones de personas, transformando al pueblo
ruso en uno de los más cultos y avanzados del planeta.

Rusia puso en órbita el primer satélite
artificial de la historia en 1957 y en la primavera de 1961 llevó al
primer hombre al espacio, Yuri Gagarin; astronauta que, desde su
atalaya en el cosmos, contempló estremecido la inmensa soledad del
Universo, y nos informó cabalmente de que allí no había ningún
Dios. Lo recuerdo bien porque en aquella primavera del 61 yo tenía
17 años y era alumno de primer curso en la Escuela Naval de Marín,
con las inquietudes propias de mi generación.

También por aquellos días, como el
sediento va a la fuente, recurrí insaciable a mis lecturas para dar
respuesta a los interrogantes que mi percepción de joven adolescente
se planteaba: de dónde venimos y hacia dónde vamos. Y aplaqué en
parte mi sed de conocimiento en un libro de historia natural escrito
por Charles Darwin, “El origen de las especies”. Y en los versos
del poeta Miguel Hernández, “Vientos del pueblo me llevan”,
obtuve una respuesta certera a mis inquietudes: vamos de la vida a la
nada.

Dos años después, en el verano del 63,
Valentina Tereshcova se convertía en la primera mujer cosmonauta de
la historia de la Humanidad. Lo recuerdo vivamente, porque en
aquellos días conocí en Pontevedra a mi futura compañera de lucha,
Rosa, una joven adolescente de 16 años, hoy madre de mis seis hijos,
abuela de mis doce nietos y bisabuela de mi bisnieto Senda.

Un año antes, en octubre de 1962, se producía la “crisis de los misiles”, cuando los despliegues estadounidenses en Italia y Turquía fueron respondidos por los despliegues soviéticos en Cuba, lo que llevó a la Humanidad al borde del abismo. La URSS retiró finalmente sus misiles, a fin de evitar una conflagración nuclear.

Extinta la antigua Unión Soviética en
1991, el imperialismo USA dominó la esfera internacional, impulsando
la expansión de la OTAN hacia el Este de Europa, lo que incrementó
peligrosamente la tensión, alcanzando un punto de ruptura con el
golpe del Maidán, seguido de la persecución y asesinato de parte de
la población rusa de Ucrania.

La pretensión del presidente Zelensky de
llevar la OTAN hasta las fronteras de la Federación de Rusia fue la
gota que colmó el vaso.

En efecto, de haberse llevado a cabo tal
pretensión, Rusia hubiese quedado al alcance de misiles nucleares
hipersónicos, con tiempos de vuelo hacia Moscú de menos de 15
minutos, desestabilizando de ese modo el equilibrio estratégico,
conocido como Destrucción Mutua Asegurada (DMA). Esa explosiva
contradicción dio lugar a la “operación militar especial”,
ordenada por el presidente Putin, que desencadenó la guerra de
Ucrania.

Ante ese panorama desolador resulta
indignante el recuerdo del “banderista” presidente Zelensky,
admirador del colaboracionista nazi Stepán Bandera, aplaudido en pie
por la inmensa mayoría de los representantes de la “soberanía
europea”, hoy humillada por el “gran hermano” americano.

La humillante situación actual es
evidente, los USA exigen ahora el final de la guerra de Ucrania y
pretenden:

Que Ucrania pierda el 20 % de su territorio. Que Ucrania ceda a los USA, para su explotación en exclusiva, la riqueza minera en tierras raras, elementos clave para la producción de nuevas tecnologías, en particular de microchips. Que la Unión Europea asuma los costes de la guerra, en particular el coste económico de la reconstrucción. Que la Unión Europea envíe tropas permanentes a Ucrania, que no estarían cubiertas por el artículo 5 de la OTAN: “las partes convienen en que un ataque armado contra una o contra varias de ellas, acaecido en Europa o en América del Norte, se considerará como un ataque dirigido contra todas ellas (…)”…

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Otro escudo en nombre de la «democracia»

En nombre de las cacareadas “libertad” y “democracia” occidentales existen hoy en el mundo innumerables esperpentos, entre ellos muros antiemigrantes y escudos antimisiles, pero como si eso fuera poco recientemente fue creado el llamado Escudo Europeo de la Democracia (EDS, por sus siglas en inglés).

Según
el parlamento de la Unión Europea (UE), la EDS es una comisión
especial de esa institución legislativa, con sede en Bruselas, cuyo
fin es velar por “la integridad y la justicia” en las elecciones
de sus Estados miembros.

Tal
entidad fue conformada en diciembre pasado y es considerada un
“organismo supranacional” que permitirá a las autoridades del
Grupo de los 27 castigar a las naciones que lo integran en caso de
que vulneren los “estándares democráticos”.

Dicho
en lenguaje claro, constituye otro adefesio evidentemente
injerencista con el objetivo de impedir que candidatos y partidos
políticos que no respondan a los intereses de Occidente lleguen al
poder en los países del viejo continente.

La
EDS puede aplicar sanciones, entre ellas, reducir los fondos europeos
a los castigados, y suspenderles sus derechos de votos.

Esa
susodicha comisión tiene entre sus tareas “detectar, analizar y
combatir los ataques internos y externos a la democracia, la
manipulación informativa y amenazas como los ciberataques”.

La
práctica injerencista de la UE para nada es novedosa porque ha sido
aplicada en reiteradas ocasiones en naciones del Oriente Europeo, del
Oriente Medio y de Latinoamérica, en las cuales se ha implicado el
Grupo de los 27 para derrocar gobiernos con las nombradas
revoluciones de colores y los denominados golpes blandos, además de
cambiar eventuales resultados electorales a favor de sus intereses y
los de su ahora menos aliado EE.UU.

Uno
de los ejemplos más connotados es Venezuela, donde el viejo
continente ha financiado y apoyado, junto a Washington, a opositores
delincuentes y terroristas, e incluso los ha reconocido como
presidentes a pesar de ser derrotados en las urnas por el Chavismo.

La
UE parece transitar por un sendero tortuoso y peligroso que puede
tornarse letal para ese bloque y sus integrantes, en medio de la
crisis que padecen por sus posiciones políticas incoherentes y
errores de cálculo.

Precisamente
su postura injerencista, como la adoptada con sus sanciones a Rusia
y a favor de la continuación de la guerra en Ucrania, puede
fracturarla y llevarla definitivamente al abismo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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El quiebre de Occidente

La fracasada y grotesca reunión entre los Presidentes Volodimir Zelensky y Donald Trump el viernes en la Casa Blanca, en la que el estadounidense maltrató al ucraniano en presencia de los medios de comunicación internacionales, marca un giro de 180 grados en la política exterior de Estados Unidos y resquebraja seriamente su histórica alianza con el viejo continente. El mismo Zelensky que fue empujado hace tres años a la guerra desatada por Rusia –al desoírse los reclamos sobre su seguridad nacional, que hemos señalado en notas anteriores–, que fue apoyado militarmente por los Estados Unidos y recibido por el gobierno del ex Presidente Joe Biden con honores, ha sido echado de la Casa Blanca e invitado a regresar sólo cuando esté preparado para la paz.

Los mensajes del Vicepresidente estadounidense J.D. Vance en la Conferencia de Múnich del 14 de febrero, en los que cuestiona la democracia y los valores europeos, y el encuentro cuatro días después en Arabia Saudita entre los líderes de la política exterior de Rusia, Sergei Lavrov, y de Estados Unidos, Marcos Rubio, sin la participación de Ucrania y de la Unión Europea, fueron las primeras señales del divorcio occidental. Los hechos de esta semana dan cuenta de una ruptura definitiva.

En efecto, las visitas realizadas a Washington por el Presidente de Francia, Emmanuel Macrón, y por el Primer Ministro del Reino Unido, Keir Starmer –antes de la realizada por el Presidente ucraniano–, así como las posiciones antagónicas entre Estados Unidos y Europa en la votación en la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la paz en Ucrania, impulsaron la ola que reventó el viernes con la salida de Zelensky de Washington sin ningún acuerdo.

Europa no la ve

Hasta antes de la llegada de Trump a la presidencia, los líderes europeos, con muy pocas excepciones, descartaban la paz como un escenario posible. Para el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, no había nada que negociar con Rusia y, por lo tanto, había que continuar con la muerte, las armas y la guerra, a pesar de que ya había sido ganada por Rusia. Total, la sangre la ponían los ucranianos y los rusos.

Pero la firmeza de Trump en llevar a cabo las negociaciones de paz en esa guerra, una de sus banderas de campaña electoral, traccionó a los europeos a considerar la paz como un escenario posible. El problema es que los líderes del viejo continente no parecerían haberse dado cuenta de que Rusia se impuso a Ucrania y que el derrotado no impone las condiciones de un acuerdo de paz.

Así, las visitas de Macrón a la casa Blanca el lunes y de Starmer el jueves tenían como objetivos defender el protagonismo de los líderes europeos en las conversaciones sobre Ucrania y ofrecer garantías con presencia militar en el caso de que se lograra un alto al fuego. El francés le dijo a Trump que no querían un “acuerdo débil” y que “esta paz no debe significar la rendición de Ucrania”. Con respecto a las tropas militares, Trump le respondió que no veía mayor problema en que Francia y el Reino Unido las estacionaran en territorio ucraniano en la frontera con Rusia, siempre que se consultara a las partes concernientes.

Al día siguiente, Serguei Lavrov señaló que “la decisión de desplegar fuerzas de paz es posible sólo con el consentimiento de ambas partes”, la rusa y la ucraniana. “Nadie nos pregunta sobre eso. Este enfoque, que creo que está siendo impuesto por los europeos, en primer lugar Francia, y también por los británicos, tiene como objetivo avivar aún más el conflicto”. Añadió que “ese planteamiento es engañoso, pues no se puede apostar por un acuerdo que persigue un único objetivo: volver a bombear armas a Ucrania”. Era obvio que no sería aceptado por Rusia, tratándose precisamente de los dos países garantes del Acuerdo de Minsk 2 de 2014, que no cumplieron con su misión.

La visita de Starmer tres días después perseguía lo mismo, pero en tono más cordial. Le llevó una invitación especial del Rey Carlos de Inglaterra y hablaron de un gran acuerdo comercial entre ambos países. El Primer Ministro británico le dijo que trabajaba en estrecha colaboración con otros líderes europeos para poner tropas en el terreno y aviones en el aire para apoyar un eventual acuerdo de paz. Su país, agregó, está dispuesto a enviar soldados y aviones a Ucrania “porque es la única forma de que la paz perdure y que Putin no vaya por más”, pero Trump no se comprometió a dar garantías de seguridad militar, pues las promesas del Presidente ruso le bastaban. En términos similares a los expresados por Macrón, Starmer le dijo que no se puede “recompensar al agresor” durante la negociación de la paz, a lo que Trump respondió que había que encontrar una tregua pronto, porque de lo contrario podría no llegar nunca.

Ese mismo día tuvo lugar una reunión en el Consulado General de Estados Unidos en Estambul, Turquía, para entablar conversaciones sobre el restablecimiento de relaciones diplomáticas, nombramiento de embajadores, vuelos directos entre ambos ..

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El «continente de paz» se rearma

no te acuerdas porque eres muy joven, pero hubo un tiempo en que la Unión Europea se consideraba un “continente de paz”. Hasta hace al menos trece años: en 2012 la Unión Europea recibió el Premio Nobel de la Paz por “su contribución de seis décadas al avance de la paz” y “pasar de ser un continente de guerra a un continente de paz”. Tras siglos de matanzas, la creación de la Unión Europea aseguraba un largo período de paz, y daba ejemplo a toda la humanidad. Vale, había carnicerías en los Balcanes, pero eso no se consideraba Europa-Europa. Y países europeos se implicaban en guerras al lado de Estados Unidos, pero siempre lejos de nuestro suelo. Los europeos podíamos presumir de vivir en paz, y cada vez quedaban menos europeos con memoria directa de la guerra.

Hasta que este martes Von der Leyen declaró el
fin de los buenos tiempos: “Estamos en una era de rearme”. Hay que movilizar
800.000 millones de manera inmediata para aumentar
las capacidades militares de Europa. Y para ello sacarán el
dinero de donde sea. Incluso relajando la sagrada disciplina fiscal, para que
las compras de armamento no computen como deuda. Y los fondos de cohesión y
para la transición ecológica, de la que ya nadie se acuerda. Los Next Generation,
que ayudaban a cambiar las ventanas de casa, podrán ser reconducidos para
comprar “defensas aéreas, sistemas de artillería, misiles y drones”.

El momento lo justifica todo: estamos
viviendo “el más transcendental y peligroso de los tiempos”, según la
presidenta. El amigo americano nos ha dado la patada, la guerra en Ucrania se
inclina del lado ruso, y los europeos nos metimos hasta las trancas en esa
guerra, solo nos faltó enviar soldados. Europa está en peligro, Europa debe
defenderse, ese es el mensaje.

Cualquiera pensaría que Rusia, que en tres
años no ha sido capaz de vencer a Ucrania, y ha pagado un alto precio en vidas,
material militar y daño económico, no tendría muchas ganas de nuevas aventuras.
Pero hemos actualizado el viejo “Rusia es culpable”, y el espantajo de Putin
será utilizado en adelante para justificarlo todo: ¿aumento del gasto militar?
¡Putin! ¿Recortar políticas públicas para gastar más en defensa? ¡Putin!
¿Recuperar la mili? ¡Putin! Cualquier cosa que nos propongan frente a Putin, colará.
Incluido comprarle buena parte de esas armas… a Estados Unidos.

Se nos dirá además que Europa quiere la
paz, y que solo está aplicando el viejo latinajo de “Si vis pacem para bellum”
(si quieres la paz, prepárate para la guerra). Aparte de que la frasecita ha
sido coartada histórica del militarismo, y hace tiempo que el pacifismo la
sustituyó por “Si vis pacem para pacem”, muchos pensamos que “la guerra empieza
en la fragua”, como tituló Sánchez Ferlosio uno de sus brillantes textos sobre
la cuestión bélica. Decía Ferlosio que las armas “son un instrumento cuyo
ejercicio se ha erigido en fin en sí mismo”, de modo que la propia existencia
de las armas (y de la industria armamentística, que estos días se frota las
manos) acaba siendo la primera causa de guerra.

Hoy que medio planeta se lanza al rearme,
que también el “continente de paz” se apunte a la carrera armamentística es un
desastre. Por mucho Putin que digan.

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/continente-paz-rearma_129_12103909.html

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Europa, la madame despechada

Tras la Segunda Guerra Mundial Europa perdió privilegios. Aquellos acumulados desde el nacimiento de la cultura grecorromana, rebautizada como civilización occidental y cuna de los derechos humanos a partir del siglo XVIII. Una época de expansión del colonialismo, los imperios y la esclavitud moderna. En el siglo XIX, el poder de Europa occidental era incuestionable.

La Primera Guerra mundial (1914-18) no afectó su control geopolítico del planeta. Francia, Italia, Gran Bretaña, Suecia o Dinamarca, incluso la derrotada Alemania, renacía bajo una esvástica.

Mientras, en el Nuevo Mundo, Estados Unidos buscaba acotar fronteras y expandir su control sobre el resto del continente. El Destino Manifiesto le dio fuerza constituyente y la Doctrina Monroe le permitió marcar territorio. América para los americanos, de EU, claro.

En 1803, compró Luisiana a Francia. En 1846 declaró la guerra a México, anexionándose 2 millones 300 mil kilómetros cuadrados, 55 por ciento de su territorio. California, Nevada, Utah, Nuevo México, Arizona, Colorado, sin contar Texas en 1824. Y en 1867, pagó, a los zares de Rusia, 7 millones de dólares en oro, por Alaska. Así consolidó sus fronteras, guerra civil mediante (1861-65). A mediados del siglo XX, controlaba la casi totalidad de los gobiernos de América Latina. Guerras espurias, intervenciones militares, golpes de Estado, amenazas, etcétera. Ayer, como hoy, el control de las materias primas y la sumisión militar son su objetivo. Así nace el imperialismo estadunidense. Hoy lo reconocemos demandando tierras raras en Ucrania, marcando intenciones en Gaza, deseando anexionarse Canadá, comprar Groenlandia o enviar tropas a Panamá para recuperar el canal. Nada nuevo, salvo las formas. El Tratado de Yalta (1945), la Doctrina Truman (1947), el Plan Marshall (1948) y por último la creación de la OTAN (1949), rediseñaron el poder mundial. Así, en medio de una Europa devastada por el conflicto bélico, endeudada militar y económicamente con Estados Unidos, torció el brazo. Nunca más Europa llevará la voz cantante. Estados Unidos se convirtió en el hegemón. Y así, hasta hoy

La Guerra Fría trajo un nuevo enemigo: la URSS. Comunismo versus libertad. La historia se rescribió para avalar el relato de Occidente. La batalla de Stalingrado quedó sepultada y los 8 millones de soldados soviéticos muertos en combate contra el nazifascismo y otros 4 millones de desaparecidos fueron borrados de la victoria aliada, como también lo fueron los partisanos y tantos civiles, hombres y mujeres de los países ocupados que dieron su vida por hacer posible la caída del Tercer Reich. Los únicos héroes, pasaron a ser los soldados estadunidenses desembarcados en las playas de Utah y Omaha, en Normandía. Películas, series, reportajes, se centran en difundir esta versión espuria de la historia.

Europa les debía pleitesía y cayó rendida a sus pies. Oculta tras la victoria, se encontraba la subordinación militar y geopolítica. Las bombas atómicas lanzadas el 6 y 9 de agosto de 1945 sobre Hiroshima y Nagasaki dejó en claro quién tenía el poder. Europa se llenó de bases estadunidenses. En la actualidad, según la página web: https://www.descifrandolaguerra.es/mapa-de-las-bases-militaresde-estados-unidos-en-europa/, EU posee en territorio europeo, 275 bases militares y 100 mil soldados. Alemania encabeza ambas listas con 123 bases y 35 mil efectivos. Le siguen Italia (49), Reino Unido (23), Portugal (20) y Turquía (12). A lo anterior deben sumarse las instalaciones de menos de 4 hectáreas no contabilizadas en dicho estudio. Tampoco, es menor la compra de material pesado a la industria armamentística norteamericana. Noruega acaba de confirmar la compra de nuevos kits de guía M1156A1 para proyectiles de artillería de 155mm a EU.

Desde 1945 Europa perdió el control del proceso de toma decisiones a escala internacional. Fue desbancada por EU.

Podrán ser consultados como socios aliados, pero no van a condicionar las decisiones previas concebidas desde la Casa Blanca. Aunque se unan, griten y muestren su malestar por el trato displicente.

Y no es cuestión del gobierno de Trump, que también. Pero hasta ahora, Europa ha sido leal a las políticas estadunidenses diseñadas en la guerra ruso-ucraniana por el Pentágono y la OTAN ¿Acaso no fueron los presidentes demócratas Barack Obama y Joe Biden quienes exigieron a sus socios europeos, aumentar el porcentaje del gasto público en defensa?

Hoy, la administración Trump y sus asesores en la Casa Blanca deciden no hacer diplomacia. Sin tapujos, dejan claro quién manda y quién obedece. Más aún, cuando los gobiernos de Europa occidental son conscientes de su papel de gestionar y administrar los intereses del imperio en su zona de influencia. Pero no son el imperio. Trump no hace distingos.

Resulta un esperpento ver como los principales gobernantes de los países de la Unión Europea, se reúnen en Londres para solidarizarse con Volodymir Zelensky y proclamarlo estandarte de la democracia li..

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La temible militarización de Europa

Los líderes europeos quieren aumentar drásticamente el gasto en defensa y preparar sus economías para la guerra. Hay planes para introducir, (por ahora), el servicio militar voluntario e instalar un escudo nuclear. Varios países están dispuestos a enviar tropas a los países vecinos de Rusia, incluida Ucrania.

Boris
Pistorius, el exministro de Defensa de Alemania, ha declarado que su
país se estará “preparado para la guerra” (Kriegstüchtigkeit)
en 2029. El hacha de guerra se está desenterrando.

«Hemos sido traicionados por Trump y amenazados por Putin, por lo que debemos aumentar nuestros esfuerzos militares y prepararnos para la guerra». Ese es el relato que la élite europea nos presenta y que se difunde ampliamente en los medios de comunicación convencionales.

Sin
embargo, ese relato oculta las verdaderas razones y causas
subyacentes de esta fiebre bélica.

Declive

La
militarización de Europa se desarrolla en el contexto de una crisis
económica más amplia. Desde la crisis financiera de 2008 la
economía europea ha tenido dificultades para encontrar nuevas
vías de
crecimiento. La crisis del COVID-19 golpeó duramente la economía y
debido a las
sanciones económicas impuestas a
Rusia, que hemos renunciado a nuestra fuente de energía barata.

Debido
a una obsesión por la austeridad, los gobiernos han descuidado
sectores esenciales para el desarrollo de la productividad, como la
educación y la ciencia. Por su parte, los oligarcas financieros no
han invertido lo suficiente sus ganancias monopolísticas en nuevas
tecnologías para hacer frente a la
competencia de EE.UU. y China.

El
resultado es que Europa está rezagada tanto tecnológica como
económicamente.

Tampoco
las cosas van bien en el ámbito geopolítico. Europa y EE.UU. no han
logrado transformar a Rusia en una semicolonia después de la caída
de la Unión Soviética ni provocar un cambio de régimen capitalista
en China.

Se
esperaba que al admitir a China en la Organización Mundial del
Comercio e invertir fuertemente en el país, las fuerzas capitalistas
crecerían tanto que con el tiempo tomarían el poder del Partido
Comunista, una idea
ilusa.

Al
seguir servilmente a EE.UU., Europa ha descuidado la construcción de
una estructura de seguridad equilibrada después de la caída de la
URSS, una que también incluyera a Rusia.

Ahora,
tanto Rusia como China se han convertido en adversarios formidables,
a los que no se puede tomar a la ligera.

Especialmente bajo el impulso de China, a través de los BRICS los países del Sur Global también están formando un contrapeso cada vez mayor frente al dominio del Norte.

La lucha ha comenzado

Es
en este contexto en el que
la élite estadounidense, encabezada por Trump y Musk, ha lanzado una
agresiva campaña para salvaguardar la supremacía absoluta de EE.UU.
(«Make America
Great Again»),
incluso a expensas de sus aliados más cercanos.

Esto
significa que ha estallado la lucha entre EE.UU. y las otras grandes
potencias imperialistas. En el Foro Económico Mundial de Davos,
Ursula von der Leyen lo expresó de la siguiente manera: «El
orden mundial basado en la cooperación, tal como lo imaginamos hace
25 años, no se ha hecho realidad. En su lugar, hemos entrado en una
nueva era de feroz competencia geopolítica. Las economías más
grandes del mundo compiten por el acceso a materias primas, nuevas
tecnologías y rutas comerciales globales. Desde la inteligencia
artificial hasta la tecnología limpia, desde los ordenadores
cuánticos hasta el espacio, desde el Ártico hasta el Mar de China
Meridional, la carrera ha comenzado».

La
fuerza motriz detrás de esta carrera es la búsqueda de la máxima
ganancia y la expansión del capital monopolista occidental. Eso es
lo que está en juego y de lo que realmente se trata. Para participar
en esta carrera, se juega la carta militar. O como dijo el
excanciller alemán Gerhard Schröder: «Un
país solo cuenta verdaderamente en el escenario internacional si
también está dispuesto a ir a la guerra».

Una excusa

Carece
de sentido la
principal excusa para la actual fiebre bélica, a saber, que Rusia
representa una amenaza militar. Moscú no tiene intención alguna de
expandirse. Según expertos como Jeffrey Sachs y John Mearsheimer, la
invasión de Ucrania fue para Moscú una respuesta a la expansión de
la OTAN hacia el este y a la militarización de Ucrania. Moscú lo
consideró una
amenaza existencial.

En
términos de guerra convencional, Europa no es rival para Rusia. El
Kremlin ya se ha atascado rápidamente en Ucrania, que es un país
mucho más débil que los países europeos. Y si finalmente hubiera
un enfrentamiento entre Europa y Rusia, estaríamos en un escenario
nuclear, un final
que nadie desea.

Una economía de guerra

En
otras palabras, las tensiones militares actuales no son tanto el
resultado de contradicciones geopolíticas con Rusia, China y ahora
también EE.UU., sino que están arraigadas en la obsesión del
capital monopolista occidental por obtener máximas ganancias y
expansión.

Para
asegurar las ganancias..

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¿Adónde va Europa?

La administración Trump está
imponiendo las nuevas prioridades al bloque occidental: refuerzo de
la primacía estadounidense, con mayor subordinación europea, e
involución ultraconservadora e iliberal, con nueva dominación,
división y disciplinamiento de las capas populares: mayor
segregación social, de sexo/género y étnico-cultural y prevalencia
del supremacismo blanco, el machismo y el negacionismo climático.

La nueva jerarquización de
poder y estructuración social, así como su propaganda
justificadora, se asientan en la realidad descarnada de su ventajismo
político militar. Queda atrás la legitimidad cívica basada en
normas comunes acordadas, el derecho internacional o las referencias
a la democracia, la ética pública, los derechos humanos o los
valores occidentales. Lo que prima es la fuerza, que impone su ley
particular. Volvemos a Maquiavelo y Hobbes, pero también al
nihilismo prefascista.

No obstante, el imperialismo
expansivo y militarista estadounidense no es todopoderoso. Por el
contrario, supone un intento de frenar su declive y recomponer su
hegemonía mundial. Es también un signo de debilidad de su
prevalencia económica y su credibilidad política y cultural ante el
desafío económico, demográfico, tecnológico y político del Sur
global, representados por China y los BRICs, y también de la propia
UE, cuya capacidad económica y comercial es superior -salvo en la
alta tecnología y la industria militar-. Su deslegitimación mundial
se ha acelerado dada su implicación en el genocidio palestino y su
despotismo -junto con el Gobierno Israelí- para controlar todo el
Oriente Próximo.

Su primacía se enfrenta a
graves problemas y necesita a Europa como vasallo disciplinado. Es el
sentido de sus autoritarios desplantes políticos, sus medidas
arancelarias y su abuso de la dependencia energética y militar
europea. Pretende reducir su competencia económica, frenar su
cohesión y autonomía y hacerla más dependiente de los propios
intereses estadounidenses. No supone un cambio de alianzas
estratégicas, y menos con la Rusia de Putin, cuyo eje geopolítico
bascula hacia China, y Trump lo sabe; es una conveniencia táctica en
una dinámica transaccional inmediata.

Hay un interés conjunto entre
Trump y Putin en disminuir la relevancia de Europa y, además de
imprimir un giro iliberal y ultraconservador, repartirse Ucrania y
sus grandes reservas agrícolas, muchas de propiedad de fondos de
inversión estadounidenses, y mineras, de tierra raras, fundamentales
para las nuevas tecnologías, así como aprovechar las ventajas
comerciales y marítimas y las grandes reservas de petróleo, gas y
tierras raras que subyacen en un Ártico que se deshiela. El plan
trumpista para controlar Groenlandia, frente a un país europeo, y
Canadá, un socio de la OTAN, obedece, aparte de los beneficios
geoestratégicos y mineros de esos territorios, a su intento de
monopolio, frente a China, del Ártico… con la aquiescencia de
Rusia y la nula competencia de Europa.

El sentido del incremento
del gasto militar

EEUU sigue necesitando a
Europa para consolidar un tapón estratégico a Rusia, una vez
debilitada por esta guerra y demostrados los límites de su
agresividad expansionista y su imperialismo regional, y poder
concentrarse en su adversario estratégico principal: China y sus
aliados. Así, se aclara la función de la exigencia del incremento
del gasto militar, ya planteada en el seno de la OTAN, lo que Europa
admite no, o no solo, con el objetivo de incrementar su autonomía
estratégica respecto de los EEUU, para lo que habría que romper con
una OTAN jerarquizada bajo el mando estadounidense y levantar un
ejército europeo, sino para garantizar el dominio occidental del
mundo, con la nueva subordinación a los intereses estadounidenses,
sus oligarquías tecnológicas y su complejo militar-industrial, y no
con el propósito de la defensa europea o de su autonomía comercial
respecto de China.

Veamos algunos datos para
aclarar el sentido del nuevo militarismo otanista y las alianzas que
conlleva. Según el prestigioso Instituto
Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo,en su informe
militar de 2025, con datos en dólares para 2024, Europa (incluido
Reino Unido) tiene un gasto militar cerca de seiscientos mil
millones, más del doble que la suma de China (unos trescientos mil)
y Rusia (unos ciento cuarenta mil). Mientras tanto, EEUU gasta en
torno a ochocientos cincuenta mil, es decir, el doble que el gasto
conjunto de Rusia/China. Si sumamos el gasto occidental frente al eje
Rusia/China, la proporción es de tres a uno.

A qué viene ese incremento
militar y la nueva ola belicista, compartida en el seno de la OTAN.
No a la supuesta indefensión europea. Solo el gasto en Defensa de
Francia, Alemania y Reino Unido suma más de doscientos treinta mil
millones de dólares, un 60% más que el de Rusia. Se puede
contemplar la especial agresividad del imperialismo ruso para
controlar su esfera de influencia ucraniana, pero es dudoso que se
plantee, con esa correlac..

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