Caso Judith Marín: No es por su doctrina religiosa, es por su postura contra derechos de las mujeres

Las críticas a la nombrada ministra de la Mujer y la Equidad de Género no son en relación a su credo religioso sino a las políticas públicas que quiere implementar. Los cuestionamientos van a que quiere imponer a todas las mujeres del país y a la institucionalidad del país, la doctrina de su religión. Marín es antiabortista, se opone a la diversidad sexual, está en contra de la eutanasia. El expresidente de Evópoli, Hernán Larraín, siendo parte del futuro gobierno, expresó que “el punto es que esta ministra con ese perfil, con las declaraciones que ha hecho sobre muchas materias valóricas y morales y, por lo pronto, poner en cuestión el propio Ministerio de la Mujer, es una provocación”. Claudia Pascual, la primera ministra de la Mujer y la Equidad de Género, declaró que “es tremendamente preocupante que se ponga a la cabeza de un ministerio a alguien que no cree en que las mujeres necesitan tener políticas públicas especiales y específicas”. Marín es una disciplinada militante creyente del Partido Social Cristiano, nido conservador de base electoral evangélica. En su mundo religioso la llaman “pastora”. Fue presidenta de la organización Jóvenes Cristianos Evangélicos de la Universidad de Santiago, donde reclutó adherentes. Incontables veces ha planteado “la defensa de nuestros valores y principios cristianos”.

Gonzalo Magueda. Periodista. “El Siglo”. Santiago. 25/1/2026. Las representaciones de la derecha y la extrema derecha, y vocerías como las del jefe de la Iglesia Católica, están distorsionando la controversia en torno de Judith Marín, connotada evangélica, reivindicadora “del Señor”, antiabortista, militante de un partido político conservador y nombrada ministra de la Mujer y la Equidad de Género de un gobierno de extrema derecha. Todos datos objetivos.

El asunto es que, contrario a lo que dicen los representantes de sectores conservadores y de la Iglesia, los cuestionamientos a Marín no son por la religión que profesa, sino por las posturas que sostiene respecto a los derechos de las mujeres.

El Cardenal y Arzobispo de Santiago, Fernando Chomali, en X, en referencia a la futura ministra, sostuvo que “discriminar o cancelar a una persona por la fe que profesa es inaceptable”. En cuanto a las críticas hacia la militante conservadora, planteó que “es un acto de intolerancia que daña la convivencia, socava el derecho a profesar una fe y la democracia”.

Coincidiendo con el jefe de la Iglesia Católica se expresaron personeros de derecha. La diputada Francesca Muñoz, del Partido Social Cristiano (PSC), donde milita Marín, indicó que los cuestionamientos hacia su correligionaria “están demostrando una esencia totalitaria porque ella ni siquiera ha asumido y ya la están criticando”. Afirmó que las y los críticos de la próxima ministra “son intolerantes, no están siendo respetuosos, están solamente criticando porque una persona tiene fe”. Y enfatizó que “están demostrando que no respetan la libertad de expresión, la libertad de conciencia y la libertad de culto que tenemos en nuestro país”.

Eduardo Durán, diputado de Renovación Nacional, y quien tuvo a Marín como su asesora -él hijo de pastor metodista- dijo que “yo lamento esta política de cancelación permanente de la izquierda respecto de los nombramientos que ha hecho el Presidente Kast. ¿Qué es evangélico? Nadie pregunta si un ministro es católico o judío, por ejemplo, o si le gusta el Colo-Colo o la Universidad de Chile. Eso está fuera de foco”.

Esas declaraciones se acercan a una fake news o una tergiversación. ¿En lo esencial qué se le cuestiona a la próxima Ministra de la Mujer y la Equidad de Género? Que estableció rudamente que está en contra de la legalización del aborto, proyecto que está en trámite en el Congreso; que estuvo y está en contra de la ley de tres causales para interrumpir el embarazo y estaría dispuesta a modificar esa legislación para limitarla o frenarla; que se mostró en su momento partidaria a eliminar el ministro que ahora dirigirá; que es contraria a muchos de los contenidos de los derechos sexuales y reproductivos de las chilenas; que quiere priorizar en el rol familiar de las mujeres, el papel de maternidad, en un concepto machista y excluyente; que es contraria al feminismo.

Por lo tanto, las críticas no son en relación a su credo religioso sino a las políticas públicas que quiere implementar. Los cuestionamientos van a que quiere imponer a todas las mujeres del país y a la institucionalidad del país, la doctrina de su religión. Algo que, por cierto, va en la línea de los movimientos evangélicos ultraconservadores a nivel internacional y que ahora vendrían con esos propósitos en el próximo gobierno chileno.

Antiabortista, partidaria del matrimonio sólo entre un hombre y una mujer, contraria a la eutanasia

Judith Marín es una activista antiabortista y contraria a derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. Es una disciplinada militante creyente del Partido Social Cristiano, nido conservador de base electoral evangélica. En su mundo religioso la llaman “pastora”. Fue presidenta de la organización Jóvenes Cristianos Evangélicos de la Universidad de Santiago, donde reclutó adherentes.

Incontables veces ha planteado “la defensa de nuestros valores y principios cristianos”, ha participado en varias manifestaciones en contra del aborto y a favor de su religión, y en 2017 se opuso férreamente a que avanzara el proyecto de interrupción del embarazo en tres causales: peligro de vida para la madre, inviabilidad del feto y violación. Actuó con mucho fervor y gritó “Vuélvete a Cristo”, lo que siguió diciendo en otros espacios, defendiendo su religión.

A ella se le atribuyen posiciones como ser “defensora de la vida desde la concepción hasta la muerte natural”. Entre sus posiciones está que “la familia natural (es) entre un hombre y una mujer como núcleo fundamental de la sociedad y el derecho preferente de los padres de educar a sus hijos”.

Marín, personeros de su partido y de sectores conservadores, asumen que un Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, debe velar por la defensa de su doctrina religiosa, por el rol de madre y esposa de las mujeres, y evitar que caiga en marcos de diversidad sexual.

Judith Marín planteó públicamente en 2025 que la continuidad del Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género, debía evaluarse y no descartó su eliminación o fusión con el Ministerio de Desarrollo Social y Familia. “Estaríamos por evaluarlo y evaluar de qué forma seguimos manteniendo este sello de la mujer”, declaró hace un tiempo quien ahora estaría a cargo de ese ministerio y relativizando su importancia indicó que “a veces fusionar también es un buen concepto a utilizar”.

Se le vincula también al movimiento Las Águilas de Jesús, que siempre apoyó al dirigente de extrema derecha, José Antonio Kast, de donde surgió Francesca Muñoz, la primera diputada evangélica, y de donde salieron consignas como “Vuélvete a Cristo”, “Jesús te ama”, “Acércate al señor”, que son de las que grita la futura ministra de la Mujer y la Equidad de Género.

El año pasado declaró que “nuestro país está atravesando una crisis espiritual, social, moral y política, y más que nunca los hijos de Dios tenemos que levantarnos”. Afirmó que su partido, el PSC, es “ser luz, ser sal” y sentenció que los cristianos deben defender su religión en cualquier parte.

“No cree en que las mujeres necesitan tener políticas públicas especiales”

Los cuestionamientos provinieron incluso desde la derecha. El expresidente de Evópoli, y partidario del gobierno de Kast, Hernán Larraín Matte, expresó que “si hay un error político en este gabinete es lo que está pasando en el Ministerio de la Mujer, porque este gabinete es parte de un proyecto y un relato, y de una campaña que se situó en el gobierno de emergencia. Fue extremadamente claro que la cuestión cultural y valórica no iban a ser parte de la campaña. Un compromiso expreso de que no se iba a abrir esa cancha”. Pero con Marín eso ocurrió.

Enfatizó que “el punto es que esta ministra con ese perfil, con las declaraciones que ha hecho sobre muchas materias valóricas y morales y, por lo pronto, poner en cuestión el propio Ministerio de la Mujer, es una provocación. Es de hecho, una declaración cultural”.

Claudia Pascual, la primera ministra de la Mujer y la Equidad de Género, declaró que “es tremendamente preocupante que se ponga a la cabeza de un ministerio a alguien que no cree en que las mujeres necesitan tener políticas públicas especiales y específicas”.

En una declaración pública, desde la Coordinadora Feminista 8M se dijo que la llegada de Judith Marín al Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género es “un peligro” y se advirtió que “la vida de las niñas, mujeres y disidencias no puede estar en manos de fundamentalistas religiosos”.

Se apuntó a que “las iglesias han tomado posiciones que van en contra de los derechos de las mujeres, incluso oponiéndose al reconocimiento de que somos personas”. Para la Coordinadora 8M es grave que esta entidad “quede en manos de un partido que no separa su religión de la gestión pública”.

Desde la Red Chilena contra la Violencia hacia las Mujeres, Priscila González apuntó que Marín es “una persona abocada al lobby religioso” y que su trayectoria “va en contra de los derechos de las mujeres y de las diversidades sexuales”.

En cuanto a las declaraciones de Judith Marón, el diputado Vlado Mirosevic, manifestó que “son posiciones fanáticas que no le hacen bien a un Estado laico, esa es la verdad”.

La legisladora Emilia Schneider, indicó que el que el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género quede en manos de una alta dirigente de un partido cristiano y conservador, “me parece una pésima señal”. Advirtió que “no vamos a permitir retrocesos en los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales, lo hemos dicho claramente y esta ministra tiene una trayectoria marcada de un de oponerse a los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales. Por lo tanto, esperamos que el presidente Kast cumpla su promesa de no meterse en temas comillas valóricos”.

En estos días distintas encuestas y análisis colocan a Judith Marín como la ministra peor evaluada, la que presenta mayor nivel de rechazo y conflictividad. Es probable que se empieza a contar cuánto durará en el cargo.

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