Juegos de guerra en la Línea Durand (III)
Juegos de guerra en la Línea Durand (III)
Por Guadi Calvo | 11/03/2025 | Mundo
Fuentes: Rebelión
Desde el comienzo de Ramadán el pasado viernes 28, el mes sagrado de los musulmanes, tres importantes ataques se produjeron en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa (KP) en el noreste de Pakistán.
El primero tuvo como objetivo el mítico seminario religioso Darul Uloom Haqqania, en Akora Khattak un pueblo del distrito de Nowshera próximo a la frontera con Afganistán, sobre la conocida Línea Durand.
Un shahid se inmoló con su carga explosiva en las puertas de la mezquita minutos después de terminada la plegaria principal del viernes (día santo del islām), asesinando a seis personas, entre ellas el maulana Hamidul ul-Haq Haqqani, además de herir, según fuentes indias, a otros veinte acólitos del maulana.
Tanto el principal blanco del ataque, el emir Hamid-ul- Haq, como el escenario elegido, no ha sido un hecho oportunista, sino que deja claro que detrás del atentado del que hasta ahora ningún grupo se atribuyó la responsabilidad, cifra un mensaje que promete mucha más sangre.
El maulana Haqqani era hijo de otra gran autoridad religiosa, Sami-ul-Haq, considerado el ideólogo de muchísimos líderes talibanes, entre ellos Mohamed Omar, más tarde el mullah Omar, fundador del movimiento talibán en 1994, quien sería reconocido por sus pares como el amīr al-muʾminīn (príncipe de los creyentes).
Tampoco el lugar elegido ha sido casual, ya que el seminario de Darul Uloom Haqqania donde unos cuatro mil talib (estudiantes) reciben de manera gratuita educación coránica, comida y ropa, es la madrassa donde se han formado Omar y cientos de talibanes y muyahidines de todo el mundo.
Si bien funciona desde 1947, este templo, al igual que otros miles
alrededor del mundo a partir de los años setenta, ha recibido millones de
dólares de Arabia Saudita para que propaguen su interpretación del Corán,
el wahabismo, el fundamento ideológico de todas las organizaciones
terroristas que se adscriben al sunismo.
Los otros dos ataques tuvieron como escenario la localidad de Bannu, también en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, el pasado día 4.
El primero de estos fue reivindicado por el nuevo grupo terrorista, Jaish
al-Fursan funcional al Tehreek-e-Taliban-e-Pakistan (TTP),
actualmente la más letal de la media docena de las organizaciones insurgentes
que operan en Pakistán.
Se informó que dos grandes explosiones, producto de la detonación de dos
vehículos estacionados junto a uno de los muros de la guarnición militar de la
localidad, abrieron una brecha por la que varios muyahidines alcanzaron
a filtrarse, iniciando un tiroteo que dejó, según las fuentes militares, uno
treinta y cuatro muertos: tres civiles, dieciséis militantes y cinco soldados,
además de treinta heridos.
El ataque se produjo en el comienzo del atardecer, momento en que se produce la ruptura del ayuno que es obligación para los musulmanes mantener a lo largo del Ramadán, cuando los fieles suelen relajarse aprontándose para una cena casi siempre festiva.
La segunda de las acciones de Bannu fue contra una mezquita repleta de fieles por la fecha. Si bien no está claro que este último ataque haya sido producto de una acción premeditada o consecuencia de las fuertes explosiones sucedidas durante el ataque a la base militar.
Bannu, al igual que toda la provincia de Khyber Pakhtunkhwa es un blanco predilecto de los terroristas. En noviembre último un shahid hizo detonar el vehículo que conducía matando a doce militares después de lanzarse contra un puesto de seguridad. En julio anterior otro ataque también había provocado la muerte de varios integrantes de las fuerzas de seguridad.
El año pasado se constituyó como el más mortífero para las fuerzas de seguridad pakistaníes en una década, habiendo muerto cerca de setecientos regulares en unos 450 ataques.
El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, tras condenar los ataques,
exigió una profunda investigación que, con o sin ella, apuntará a Kabul.
Los sospechosos de siempre
El ejército pakistaní insiste en que durante los asaltos de Bannu testigos afirman haber detectado la presencia de afganos, mientras que la Inter-Services Intelligence (ISI), la omnipresente inteligencia pakistaní, sostiene que los atacantes provenían de Afganistán, donde había sido planificado.
En una declaración de la vocería del ejército se exige a Kabul que cumpla con su compromiso de “no tolerar organizaciones terroristas en su territorio”. (Ver: Juegos de guerra en la Línea Durand I y II).
Cuando el pasado 28 de febrero se cumplían cinco años de los acuerdos de Doha, que terminaron con la presencia norteamericana en Afganistán después de veinte años, Zabihullah Mujahid, el vocero del los talibanes, declaró que ese acuerdo estaba limitado a un período de tiempo y que ahora ha expirado». El Emirato Islámico de Afganistán (nombre oficial del país) tiene un sistema de gobierno establecido y ya no podemos avanzar basándonos en ese acuerdo”. Mu..