India, un largo puente hacia Kabul

Quizás los juegos de intereses, cercanías y distanciamientos entre Afganistán, Pakistán e India sean el mejor ejemplo práctico de aquel concepto que apareció por primera vez tres siglos antes de Cristo en el Arthashastra, el tratado hindú sobre la gobernanza del Estado: “el enemigo de mi enemigo…”. Pakistán, al estar en medio de afganos e indios, obligatoriamente ha desarrollado más vínculos entre sus dos vecinos, de los que han tenido India y Afganistán, más allá de haber sido parte del Imperio Británico. Las relaciones entre Pakistán y Afganistán, contrariando lo que se podría suponer a priori, han alcanzado puntos extremadamente conflictivos desde que los mullahs han llegado a Kabul.

Partiendo de dos factores determinantes, Islamabad profundiza sus políticas de deportaciones masivas contra los tres millones de afganos que desde hace décadas se han refugiado no solo a lo largo de la frontera, la disputada “Línea Durand”, sino también en ciudades como Karachi, Islamabad y Rawalpindi. En esta últim se están dando cursos intensivos a la policía, la Guardia Fronteriza y otras fuerzas de seguridad para la búsqueda y captura de afganos indocumentados o no, ya que un millón y medio de ellos han conseguido el estatus de refugiados avalados por la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), lo que había sido revalidado por el Gobierno pakistaní con plazo que vencía el próximo 30 de junio. Esta situación se agrava con la decisión del presidente Donald Trump de cerrar la Oficina del Coordinador de los Esfuerzos de Reubicación de los afganos (CARE) a partir del próximo abril, lo que impedirá que doscientos mil afganos que han colaborado con los Estados Unidos durante la ocupación puedan radicarse en aquel país.

Si bien las motivaciones que articula el Gobierno del primer ministro Shehbaz Sharif es la grave crisis económica que atraviesa el país, tan cierta como que Pakistán es el cuarto deudor mundial del Fondo Monetario Internacional, después de Argentina, Egipto y Ucrania. Quizás la principal de las razones de esta campaña de deportaciones sea por el supuesto “dejar hacer” de Kabul al grupo terrorista Tehreek-e-Taliban-e-Pakistan (TTP), que aparentemente nada tiene que ver con los muyahidines del mullah Haibatullah Akhundzada y, en menor medida, con las organizaciones armadas de Baluchistán, que pugna por escindirse de Pakistán desde hace más de setenta años. Las cotidianas operaciones del TT en Pakistán, que después de golpear vuelven a Afganistán, les han permitido provocar miles de bajas al ejército, a las fuerzas de seguridad y de civiles, además de generar a Islamabad pérdidas millonarias.

Según algunos registros, entre 2023 y 2024 los muertos superarían los dos mil. Mientras Pakistán establece mayores controles en los pasos fronterizos, lo que causa un descalabro económico en todo el sistema comercial a un lado y otro de la frontera profundizando la crisis económica, Islamabad ha bombardeado posiciones del TTP en territorio afgano, generando al menos una veintena de civiles muertos. India, el histórico enemigo de Pakistán, con quien desde 1947 ha mantenido tres guerras e innumerables choques fronterizos por la región de Cachemira, estrecha más y más lazos diplomáticos y comerciales con el Gobierno talibán. Si bien Nueva Delhi ha tenido históricamente una relación ambivalente con Afganistán, a lo largo de los 20 años de ocupación norteamericana (2001-2021) tuvo una importante presencia en ese país, habiendo invertido más de tres mil millones de dólares en el sostenimiento de distintas instituciones estatales, incluida la construcción del Parlamento y el entrenamiento tanto del extinto Ejército Nacional Afgano como de la Alianza del Norte, la vieja organización político-militar creada por Ahmad Shāh Masūd, asesinado dos días antes de los ataques a las torres de Nueva York. Sin su líder y a pesar de haber sido derrotada por los talibanes en la guerra civil 1992-1994, resistió en las alturas del Panjshir hasta la llegada de los norteamericanos en 2001 y, tras su salida 20 años después, es ahora el hijo de Masūd, también llamado Ahmad, que junto a Amrullah Saleh, el ex vicepresidente del Gobierno norteamericano, intenta mantener la resistencia en la provincia de los tayikos afganos. Afganistán también cuenta con la peligrosa presencia del Dáesh Khorasan, que, instalado desde el 2014, ha sido una creciente amenaza para el poder de los mullahs.

La guerra quedó atrás

Durante los primeros meses del nuevo Gobierno de los talibanes, la presencia india prácticamente había desaparecido de Afganistán, aunque comenzó a retornar tras las primeras señales que dejaban en claro que los mullahs, o por lo menos gran parte de su Gobierno, ya no eran los fanáticos moldeados por su fundador, el mullah Mohammad Omar, muerto en 2013. La dirigencia intentaba la creación de un estado, con todas las prevenciones del caso, “moderno”, mientras se distanciaba de Pakistán, por lo que India rápidam..

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Auge y caída de los padrinos de la guerra

En junio de 2022, en pleno éxtasis onanista de la OTAN y la UE, se celebraba la cumbre del G7 en la localidad alemana de Schloss Elmau. Apenas habían pasado cuatro meses desde la entrada de las tropas rusas en Ucrania y las potencias occidentales ponían en práctica todas las sanciones imaginables contra Rusia con el objetivo de colapsar su economía, paseaban a Zelensky de parlamento en parlamento como un superhéroe de Hollywood y alentaban el mito de una, supuestamente, inevitable victoria ucraniana. En la imagen más icónica de la cumbre puede observarse a los sonrientes Olaf Scholz (Alemania), Joe Biden (EE.UU.), Boris Johnson (Reino Unido), Emmanuel Macron (Francia), Mario Draghi (Italia), Justin Trudeau (Canadá), Fumio Kishida (Japón), Ursula von der Leyen (Comisión Europea) y Charles Michel (Consejo Europeo) manteniendo una videoconferencia con el líder ucraniano mientras lucen camisas arremangadas de un color blanco impoluto, purificado y casi angelical. De manera que, en su comunicado final, se comprometieron a apoyar a Ucrania el tiempo que fuese necesario y a aumentar las sanciones a Rusia por el bien de la libertad y la democracia.

Dos años y medio después, de aquella puesta en escena no va a quedar ni el apuntador y, para bien o para mal, un Vladimir Putin sobrado de legitimidad interna les va a sobrevivir políticamente a todos. Porque la mayoría de los presentes han sido borrados del mapa o están a punto de serlo, tras haber comprometido miles de millones para la guerra en lugar de promover la paz; tras aumentar de forma desorbitada los presupuestos militares en detrimento del gasto social; y tras haber provocado en sus respectivos países una crisis económica, energética e industrial de un alcance aún por determinar. Personajes que llegaron arrasando en comicios electorales, cumplieron su función como mamporreros del imperio y se van despreciados, desacreditados y deslegitimados por sus propios hooligans.

El último en caer ha sido Justin Trudeau, que el 6 de enero de 2024 ha anunciado su renuncia como primer ministro de Canadá tras casi diez años en el poder, con uno de los niveles de aceptación más bajos en la historia de su país y agobiado con la falta de apoyo en sus propias filas partidistas. Con su decisión, el Parlamento estará prorrogado hasta el 24 de marzo, concediendo tiempo al gobernante Partido Liberal para evitar una moción de censura y elegirle un sustituto. Trudeau reafirmó en muchas ocasiones «el compromiso inquebrantable de Canadá» con el pueblo de Ucrania frente a la agresión rusa y, al menos los parlamentarios canadienses, lo demostraron inequívocamente cuando en septiembre de 2023 ovacionaron de pie a un nazi ucraniano de las SS durante la visita del presidente ucraniano Volodymyr Zelensky.

Sin embargo, el precursor en abandonar el cargo fue el bocazas y estrambótico Boris Johnson, que dimitió como primer ministro británico tres meses después de la cumbre alemana del G7. Aún tuvo tiempo para sabotear las negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania, no permitiendo que Zelensky y los suyos pusiera fin a la guerra y aceptasen su neutralidad militar. Johnson sustituido por Liz Truss, hasta aquel entonces ministra de Asuntos Exteriores, que pasó únicamente 44 días en el cargo y tuvo que dejar el camión de la mudanza a las puertas de Downing Street. Entonces emergió la figura de Rishi Sunak, que ejercería de primer ministro hasta ser desalojado por la mayoría absoluta del opositor Partido Laborista en la elecciones celebradas en julio de 2024.

En octubre del mismo 2022, Mario Draghi fue sustituido al frente del gobierno italiano por la ultraderechista Giorgia Meloni, la cabecilla de Hermanos de Italia. Draghi había presentado la dimisión en julio, pero su renuncia fue rechazada por el presidente de la República. Meloni dejó bien claro durante la campaña electoral que «Italia es, a título pleno, parte de Europa y la OTAN. Quien no esté de acuerdo no podrá formar parte de este Gobierno». Y desde entonces ha dejado claro en la práctica su apoyo a la política de EE.UU., incluso en el permiso para usar misiles de largo alcance contra Rusia.

Fumio Kishida dimitió y abandonó el cargo de primer ministro de Japón el 1 de octubre de 2024, después de ocupar el asiento durante tres años. Se fue con una de las tasas de apoyo público más bajas de su historia y acusado de ser una marioneta de EE.UU. y la OTAN.

En Francia, el nivel de confianza en su presidente Emmanuel Macron está a la altura de las catacumbas de París. En febrero de 2024, Macron pretendió erigirse en héroe de guerra tras organizar una conferencia en París y proponer abiertamente el envío de tropas occidentales a Ucrania. Tras el estrepitoso fracaso de su partido en las elecciones europeas, convocó elecciones legislativas en las que su partido obtuvo el tercer puesto, pese a lo cual impuso con calzador como primer ministro a Michel Barnier, quien presentó su renuncia tres meses más tarde, convirtiéndose en el primer ministro ..

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Japón, en la isla del Houtokuji

En la última planta del rascacielos Sunshine 60, en Ikebukuro, donde los niños y sus madres juegan en un parque infantil entre falsos momijis otoñales, hay un observatorio con magníficas vistas sobre Tokio. El gigantesco edificio se levanta donde estuvo la célebre prisión de Sugamo: allí fueron recluidos los criminales de guerra del fascismo japonés que acabaron colgados en la horca el 23 de diciembre de 1948. Entre ellos estaban Hideki Tōjō, el primer ministro que dirigió el país durante la Segunda Guerra Mundial; Seishirō Itagaki, ministro de la Guerra; Kōki Hirota, ministro de Asuntos Exteriores, e Iwane Matsui, el general que ocupó Shanghái y permitió la masacre de Nankín. La prisión fue derribada en 1958 y todo aquel barrio de Nishi Sugamo fue remodelado. Nada recuerda hoy a la cárcel, aunque junto al rascacielos crearon una pequeña zona ajardinada, con una roca en el lugar donde estuvo la horca donde, en kanji, se lee: “Deseando la paz eterna”. No hay ninguna mención al fascismo, ni a los criminales de guerra japoneses. Ese olvido deliberado sigue ocultando los demonios del militarismo fascista japonés y, también, de la ocupación estadounidense de posguerra, que no ha terminado: el Pentágono dispone hoy de más de ciento veinte bases militares en el archipiélago nipón.

En
Shinjuku, las tabernas de Omoide Yokochō siguen mostrando el
recuerdo de la triste posguerra, aunque los pequeños figones se
hayan renovado, y la vida tokiota no se detiene nunca, en medio de
rascacielos, templos y centros comerciales, en
un frenesí que tritura la modernidad y oculta los temores del Japón
de hoy: la decadencia, el envejecimiento, la pérdida de población,
el retroceso ante la pujanza china. A ciento treinta kilómetros de
Tokio, en la ciudad de Kiryū, la agitación y las premuras tokiotas
desaparecen, y surge de nuevo la vida apacible: allí se halla el
austero Houtokuji, un templo zen de 1450 que se ilumina en las noches
de otoño con la deslumbrante belleza de los ginkos y momijis, y cuyo
jardín de rocas y arena expresa la delicada cultura nipona, el
esplendor del mundo, representando la grúa, la tortuga y el monte
Hōrai,
deseando una larga vida y buena fortuna. Como tantos siglos atrás,
la isla del jardín simboliza los problemas que atrapan, los años
oscuros que apresan, ahora en un momento crucial en que parece que
todo el país se fuera deslizando hacia esa ínsula del albero.

*
* *

En
las elecciones de octubre de 2024 la derecha tradicional del Partido
Liberal Democrático, el Jimintō,
del primer ministro Shigeru Ishiba, consiguió el mayor porcentaje de
votos, el 26 %, seguido del Partido Democrático Constitucional, de
Yoshihiko Noda, (un partido centrista, con algunos rasgos
progresistas) con el 21 %. El resto de los tres partidos
conservadores obtuvieron entre el 9 % y el 11 %, incluido el
Kōmeitō de la secta budista Sōka Gakkai. El Partido Comunista, que
cuenta con una fuerte organización, no consiguió agrupar a los
descontentos, que optaron por la abstención. Así, el PLD y su
aliado el Kōmeitō tienen 215 escaños (perdieron 73 con relación a
las anteriores elecciones) cuando la mayoría parlamentaria se sitúa
en 233 diputados, y el Partido Liberal Democrático, pese a no
dominar la Dieta, consiguió que su candidato, Ishiba, fuera
reelegido primer ministro. Pero crece la desafección hacia el
anquilosado sistema político japonés: votó poco más de la mitad
de la población, descontenta con el viejo partido conservador que
gobierna casi desde el final de la ocupación estadounidense e
inquieta por el aumento de los precios y las dificultades de la
economía, mientras contempla la corrupción, la oscura y delictiva
financiación de los liberales, y el militarismo que estimula Estados
Unidos para arrastrar a Tokio en su acoso a China.

El
año 2023 fue también malo. Otro más. Y 2024 ha mostrado el
desgaste del poder conservador. Según el Fondo Monetario
Internacional (FMI), en valores nominales Japón
cedió el tercer puesto de la economía mundial a Alemania (cuya
fortaleza también flaquea) aunque si se define con el más riguroso
criterio del PIB por PPA, paridad de poder adquisitivo, Japón ha
retrocedido para convertirse en la quinta economía mundial, tras
China, Estados Unidos, India y Rusia. Hace treinta años que la
economía japonesa inició su lento declive, viendo pasar los que se
denominaron “tigres asiáticos” (Corea del Sur, Taiwán, Singapur
y Hong Kong), la burbuja inmobiliaria y la crisis financiera, la
disminución del número de habitantes y el envejecimiento de la
población, hasta el punto de que la crisis ha hecho que aparezcan
también los “bancos de alimentos” para ayudar a los pobres, algo
impensable tres décadas atrás cuando la economía nipona era la
segunda del mundo. La
combinación de un yen debilitado que ha llevado al Banco de Japón,
en coordinación con la Reserva Federal estadounidense y el banco
central surcoreano, a intervenir para frenar la depreciación de la
moneda, junto a una reducción del consumo i..

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La caída de Zelenski será la mayor derrota de los «neocon»

El
pasado 12 de febrero, los presidentes Putin y Trump mantuvieron una
conversación telefónica en la que abordaron el conflicto de
Ucrania, la situación del Medio Oriente, el canje de presos, el
programa nuclear iraní y el estado de las relaciones entre sus
países.

Posteriormente,
el 18 de febrero, en Arabia Saudita se llevaron a cabo negociaciones
entre Rusia y Estados Unidos, con la finalidad de eliminar las
restricciones al trabajo de sus embajadas y normalizar las relaciones
entre sus países, de discutir la agenda de un futuro encuentro entre
los presidentes Vladímir Putin y Donald Trump y de planificar
acuerdos que resuelvan el conflicto ucraniano. Tanto en Moscú como
en Washington valoraron positivamente las conversaciones y expresaron
el deseo de mantener contactos y trabajar para lograr el fin del
conflicto ucraniano.

Según Marco Rubio, secretario de Estado de EE.UU.: “Todo estaba perdido bajo el mandato de Joe Biden. No había contacto. (…) Incluso en el apogeo de la Guerra Fría, incluso en los peores días de la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética tuvieron contacto. (…) Así que, al final, nos guste o no, Rusia es una potencia, una potencia mundial. Está implicada y comprometida en Siria; ha estado implicada y comprometida en Oriente Medio, ciertamente en Europa e incluso en el hemisferio occidental. Tenemos que mantener cierta comunicación con ellos”.

Esta reunión, que debía ser aplaudida por el mundo entero, pues cambió la política de EE.UU., enmarcada en los viejos paradigmas de la Guerra Fría y de la ruso fobia nazi, provocó histeria y pánico entre los países de la UE, persuadidos de que nadie puede decidir sobre la guerra y la paz por encima de sus cabezas. Por lo que María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, declaró: “Vemos una reacción nerviosa, por no decir al borde del pánico, de Occidente. (…) Los contactos ruso-estadounidenses en los niveles más altos y elevados están provocando una verdadera histeria entre los rusófobos euroatlánticos. (…) Por lo visto, la UE busca una solución militar al conflicto ucraniano, pese a que eso está en contra de los intereses de todos los pueblos del viejo continente”.

¿Qué es lo que ha pasado? Que un puñado de plutócratas acaparó el poder político de EE.UU. No hace mucho, Elon Musk dijo que el Partido Demócrata está secuestrado por extremistas. Aunque él no lo dijo, este secuestro se dio a partir del 9/11, cuando parte del poder en Occidente fue tomado por los neocon, un sector de la ultraderecha de EE.UU.

A
partir de entonces comenzaron las guerras ‎sin fin, o sea, se
trataba ahora no de ganar las guerras, sino de ‎iniciarlas y
prolongarlas el mayor tiempo posible, con el objetivo de destruir la
‎estructura política de los países, blancos de esta estrategia,
para, en virtud del caos creado, ‎privarlos de toda defensa.

Los
neocon postulan que deben primero destruir a Rusia y
luego, a
China, para que EEUU mantenga su supremacía sobre el mundo;
vendieron la idea de derrotar a Rusia mediante drásticas sanciones
económicas, la misma que UE y el G(7) aceptaron sin razonar ni
chistar.

Este
hecho posibilita responder a una pregunta sin respuesta aparente:
¿Por qué en la guerra de Ucrania, la UE apoya al gobierno nazi de
Kiev? Porque Ucrania es usada como carne de cañón por las potencias
occidentales, para derrotar a Rusia y luego desintegrarla
y
pulverizarla, utilizan
este conflicto
con el fin de empeorar su situación. Para ello, prolongando el mayor
tiempo posible la guerra de
Rusia contra los nazis que gobiernan Ucrania y mediante sanciones,
buscan que se produzca la bancarrota económica de este país.

Entre
noviembre de 2013 y febrero de 2014 se dio el sangriento golpe de
Estado de Ucrania. Victoria Nuland, neocon y que era alta dirigente
del Departamento de Estado de EEUU, fue a Kiev para ‎respaldar a
los banderistas del Sector de Derecha, ‎herederos de los
colaboradores ucranianos que durante la Segunda Guerra Mundial
lucharon junto a los nazis y son responsables de numerosos crímenes
de lesa humanidad.

La
primavera de 2014, cuando en Ucrania no había autoridad legítima
alguna, Crimea se independizó de Ucrania y, mediante un referéndum,
se reintegró a Rusia, mientras que los ciudadanos del Donbass
proclamaron la independencia de las Repúblicas de ‎Donetsk y
Lugansk.

A
partir de febrero de 2022, la situación empeoró debido a que
Ucrania planificó la toma de Crimea y el ‎Donbass, para lo cual
incorporó a sus Fuerzas Armadas a todas las organizaciones
paramilitares ‎de los banderistas.

‎En
estas circunstancias, Rusia reconoció la independencia de Donetsk y
Lugansk. De inmediato, sus gobernantes pidieron a Rusia ayuda contra
Ucrania, que realizaba operaciones militares contra ellos y ocupaba
una parte de sus territorios desde 2014. El 24 de febrero de 2022, el
Presidente Putin inició ‎una operación militar especial para
desnazificar y desmilitarizar a Ucrania.

Antes de ganar su segunda presidencia, Donald Trump sostu..

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Ucrania en el predregoso camino a la paz

La
conversación telefónica del 12 de febrero entre Trump y Putin,
esperada por pacificadores, pero temida por los muchos belicistas en
cargos de gobierno en Occidente, abre una gran cisura en las
relaciones internacionales occidentales de los tres últimos años,
que, en lo referente a la seguridad internacional, estaban marcadas
por la narrativa de defensa incondicional a Ucrania y el tono marcial
a un enemigo “agresor” y “visible”: Rusia. Por ello, esta
conversación que abre negociaciones de paz, puede calificarse de
histórica en medio de una atmósfera occidental de rechazo a toda
voz pacifista de alto al fuego, a las muertes y destrucción que
acarrea la guerra. Por lo pronto, tiene ya serias consecuencias para
los diferentes actores que tuvieron una participación estrecha en la
contienda.

Para
la Unión Europea

Este
primer contacto de paz que se extiende también a la reanudación de
relaciones diplomáticas y comerciales entre EEUU y Rusia, representa
un duro golpe al belicismo europeo y Occidental. ¿Cómo queda ahora
la Unión Europea, que participó activamente en la guerra contra
Rusia a órdenes de Washington, llevando al extremo la victimización
de Ucrania y demonización de Rusia, y con ello, haciendo el papel de
su fiel sirviente? A las élites políticas de la Unión Europea, que
aún siguen manteniendo en alto sus espadas contra Rusia, no les
quedará otra opción más que bajar a regañadientes su tono bélico
y esconder la humillación pidiendo a Washington participar en
negociaciones de paz.

Pero
las relaciones entre Washington y la Unión Europea no son ahora las
mejores. De ésta última se oye resistencia y hasta rebeldía al
gran giro político estadounidense sobre Ucrania, quedándose ella
sola como su única defensora acérrima. De ahí que Trump concederá
a la Unión Europea asiento en las negociaciones de paz, en todo caso
después de ser elegido el nuevo gobierno alemán, y siempre que éste
se someta a las directrices y mandatos de Estados Unidos en la causa
ucraniana. Estados Unidos no hará concesiones a su satélite Europa
Occidental si sus gobiernos no marchan al son de su política; y esto
lo sabe el próximo canciller del partido conservador CDU, Friedrich
Merz, que aún persigue alimentar la guerra con mejores armas, como
los misiles Taurus, y más dinero a Ucrania; actos que torpedearán
los esfuerzos de paz de Trump. Pero no creo que se llegue a ello; ya
en el cargo tendrá que educarse en la política pragmática de Trump
lograr la paz en Ucrania y trabajar con él en esa dirección; es
decir, tendrá que hacer una conversión de Saulo a Pablo para evitar
retaliaciones y hasta sanciones por parte de Washington.

Pero
es de gozar este momento de “golpe” duro a la arrogancia de la
élite europea, desesperada por no encontrar aún el tono consonante
con Washington. Sobre todo, el ver cómo se van derritiendo esos
“soldados de plomo” que azuzaron la confrontación militar contra
Rusia con propaganda y tambores de guerra, obtuvieron el
consentimiento de sus poblaciones con toda clase de falsedades sobre
Rusia y Putin, arriesgando no solo una Tercera Guerra Mundial sino
una confrontación nuclear de dimensiones incalculables para la
humanidad. “Soldados” de escasa o nula sensibilidad humana hacia
las diarias y cuantiosas pérdidas humanas; quienes censuraron y
oprimieron las voces de “paz”; quienes se alistaban ya a una
confrontación directa y larga contra el “enemigo ruso”, que
ellos mismos construyeron en su “posición de superioridad”
militar, económica, política y moral, que ni siquiera era suya,
sino prestada de su hermano mayor hegemónico, Estados Unidos.

Solo
es de lamentar que las poblaciones de la Unión Europea en su mayoría
hayan caído en ese juego político manipulativo de sus gobernantes,
en complicidad con los medios de comunicación de masas. En todo
conflicto siempre hay dos partes que cuentan su historia diferente.
En una guerra, en la que está de por medio la vida de una gran parte
de la población, siempre se culpa al enemigo, obviándose la máxima
pacifista y de equidad de que se debe escuchar también a la otra
parte a la que se culpa. Que los hechos son obvios porque Rusia
comenzó la guerra con su incursión militar en Ucrania, sí, pero
esta narración, neutral, puede cargarse con acusaciones de
“invasión”, “agresión”, “crimen de guerra”,
“exterminio”, genocidio, etc. etc., cuando el otro lado porta su
justificación de que se trató de una “intervención militar” de
carácter humanitario. Conflicto éste para ser dirimido por un
tribunal internacional, pero el sistema internacional no está apto
para hacerlo; por ello solo queda el camino de la negociación de
acuerdo a las normas internacionales de la buena fe y del debido
respeto mutuo entre las partes.

Para
Estados Unidos

Estados
Unidos bajo la administración de Biden fue el planificador y
promotor de esta guerra, cargándosela inmediatamente en los hombros
de la élite europea occidental y aliados de la OTAN, quienes la
ejecutaron y engrandecieron sobrepasando l..

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Los archivos del genocidio: del pueblo pequot al palestino, del «destino manifiesto» a la Riviera de Gaza

El
Dr.
Martin Luther King hijo
escribió
en 1964 un célebre libro titulado Why
We Can’t Wait?
[Por qué no podemos esperar] en el que además de abordar el crimen
de la esclavitud y de las humillaciones diarias que padecen las
personas
afroestadounidenses, también dedicaba varias páginas a examinar lo
que se puede denominar el «choque de civilizaciones» de
los siglos XVI al
XIX entre los emigrantes europeos y los 70 millones de personas
originarias que vivían en el continente
de América del Norte y del Sur.
Colón
no «descubrió»
las
Américas,
había
otras
personas que
vivían
aquí desde hacía decenas de miles de años.
Lo
que se iba
a conocer
como «América» no era una
«terra
nullius»,
sino
que pertenecía
a cientos de pueblos originarios diferentes, que tenían sus propias
culturas y lenguas, las «primeras
naciones»
del continente de América del Norte.

En
el territorio que ocupan ahora Estados Unidos y Canadá vivían unos
diez millones de algonquins,
apaches,
cayugas,
cherokees,
cheyennes,
chippewas,
comanches,
coyotes,
crees,
dakotas,
delawares,
hopis,
iowas,
iroquois,
lakotas,
micosukees,
mi’kmaqs,
mohawks,
mohegans,
mojaves,
muscogees,
narragansetts,
omahas,
oneidas,
pawnees,
pequots,
pueblos,
quechans,
saginows,
seminoles,
senecas,
shawnee,
shoshones,
sioux,
spokanes,
squamish,
tlingits,
unangans,
utes,
wichitas,
yuroks,
zunis,
etc.

El
Dr. King escribió:
«Nuestra nación nació de
un genocidio cuando aceptó
la doctrina de que las personas originarias americanas, las
y los indios, eran una raza
inferior. Incluso antes de
que en nuestras tierras
hubiera gran cantidad de
personas negras,
la cicatriz del odio racial ya había desfigurado a
la sociedad colonial.
La sangre fluyó
desde el siglo XVII en adelante en las batallas de supremacía
racial. Quizá
somos la única nación que, como
política nacional, trató
de eliminar a su población originaria.
Es más, elevamos esa
trágica experiencia a la condición de noble cruzada.
De hecho, ni siquiera hoy
nos hemos permitido rechazar este bochornoso episodio o sentir
remordimiento por él.
Nuestra literatura, nuestro
cine, nuestro teatro y nuestro folclore lo exaltan» (1).

En
efecto, durante mi infancia
en Chicago en la década de
1960 tenía muy claro que en la lucha entre los cowboys
y los indios, los cowboys
eran los buenos y los indios los malos.
Me costó muchos años darme
cuenta de quién era el opresor y quién el oprimido, de quién
era el ladrón y quién la víctima del asesinato,
la expoliación y la humillación.

¿Ha
cambiado nuestra mentalidad?¿Estamos
dispuestos a rechazar la filosofía del «destino manifiesto»?¿Hemos
desarrollado nuestra facultad de autocrítica y empezado a darnos
cuenta de la enormidad del crimen cometido contra
las
personas originarias
de América del Norte y del Sur? ¿Somos capaces de practicar el
cristianismo y mantener un mínimo de humanidad hacia otros
pueblos? ¿Qué significa
«Primero Estados Unidos»?
¿Significa la opresión del
resto del mundo? ¿Qué quiere decir Trump con su
consigna «Hacer que Estados
Unidos sea grande otra vez»?¿No sería mejor hacer que Estados
Unidos sea querido y respetado?¿No
sería mejor para Estados Unidos y para el resto del mundo que las
órdenes ejecutivas provenientes
del Despacho Oval estuvieran en consonancia con las tradiciones
cristianas de Estados Unidos? ¿No
sería mejor revivir el legado de Eleanor Roosevelt y redescubrir la
espiritualidad de la Declaración Universal de los Derechos Humanos?

Por
desgracia, si observamos cómo actúa el presidente Donald Trump,
dudo que el resto del mundo nos considere «grandes». La mayoría de
las personas civilizadas del mundo podrían tener motivos para
temernos e incluso para odiarnos. Trump
parece poner en práctica la máxima de Calígula
oderint dum metuant:
«siempre
y cuando
me teman, que me
odien» (2). ¿Por
qué cambiar el nombre de Monte
Denali en
Alaska por
Monte
McKinley (3)?
¿Por qué apoyar la
limpieza étnica y el genocidio del pueblo de Gaza (4)
y de Palestina (5)
que está llevando a cabo ahora Israel? ¿Por
qué negar al pueblo palestino su derecho a la autodeterminación, su
derecho a su
patria (6), en la que sus
antepasados han vivido durante miles de años?
También en este caso se
han invertido los papeles,
está claro que Israel es el ocupante y el opresor, y está claro que
el pueblo palestino es la víctima y lo ha sido desde la Nakba de
1947-1948. La
guerra genocida en Gaza no empezó el 7
de octubre de
2023, sino
76 años antes.
Pero en vez
de tratar de
hacer justicia al pueblo de Palestina que
sufre desde hace
tanto tiempo, el presidente
Trump pretende robarle
sus tierras, «trasferir»
a la población
palestina
fuera de sus hogares y hacer una «Riviera» mediterránea (7)
para los oligarcas de Israel y Estados Unidos. ¿Tenemos
tan metido en nuestro ADN el genocidio de las Primeras Naciones de
Estados Unidos que podemos apoyar entusiasmados la limpieza étnica y
el genocidio en Palestina?

El «descubrimiento» de
América»

Cada
12 de octubre muchas
personas celebran en Estados Unidos l..

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Zelensky vs Trump: una implosión por el saqueo de Ucrania

Sin embargo, para algunos analistas, el inédito griterío entre ambos presidentes habría tenido la escenificación de Hitler cuando este forzó a los gobiernos checoslovaco y austriaco a entregar el territorio en los Sudestes y el país entero, respectivamente. Y es que Zelensky rechazó la propuesta de Trump de un cese al fuego incondicional donde Rusia y EE.UU. terminaban repartiéndose los ricos recursos naturales de Ucrania (petróleo, gas, tierras raras, etc.), haciendo a un lado a la UE y al propio presidente ucraniano.

En
la Casa Blanca, Trump, le advirtió a Zelensky que, “no estaba en
posición de imponer condiciones para la paz y le acusó de coquetear
con la Tercera Guerra Mundial”, cuestión llamativa viniendo de
alguien que criminaliza a los migrantes, impone aranceles a la
competencia económica y plantea el principio de una nueva Edad de
Oro para EE.UU. desenvolviendo una estrategia geopolítica
expansionista (anexión de Canadá, Groenlandia, etc.).

Inmediatamente,
Úrsula von der Layen, presidenta del Consejo Europeo, declaró: “Tu
dignidad (en referencia a Zelensky) hace honor a la bravura del
pueblo ucraniano. Manténgase fuerte, sea bravo, no se deje
intimidar. Usted no está nunca solo, querido presidente Zelensky”,
(DW, 28/02/25).

De
esta forma, Zelensky quedaría al borde de un golpe de Estado yanqui
o de ser rescatado por un sector de la UE como señala líneas arriba
der Layen. Es que si bien es cierto la inversión norteamericana se
aproxima a los $115,000 millones (aunque Trump habla de $500,000
millones), la de la UE alcanza los 132,000 millones de euros (datos
del Instituto de Economía Mundial de Kiel). La UE y Zelensky habían
aceptado el cese al fuego siempre y cuando EE.UU. garantice la
presencia militar de la UE en Ucrania, cuestión que Putin rechaza de
forma categórica. La única garantía que ofrece EE.UU. es un fondo
de compensación que implicaría la cesión del 50% del territorio
ucraniano por el apoyo financiero y militar invertidos en la guerra
de Ucrania contra Rusia.

Cuando
Zelensky habla de “una paz justa y duradera” buscaría un
“reparto democrático” de Ucrania donde él y la UE tengan una
“tajada más grande de la torta y una presencia militar como
garantía disuasiva frente al ejército ruso”, cuestión que Trump
no aceptaría ya que prioriza su acuerdo con Putin y porque sabe que,
por un lado, Zelensky y la UE dependen de su sistema satelital
antimisiles para poder desenvolver una guerra de alcance mundial, y
por otro, porque para él su enemigo principal es China. Sin embargo,
el nuevo canciller conservador alemán, Friedrich Merz, estaría
decidido a priorizar “que Europa logre la independencia de EE.UU.”,
(BBC, 24/02).

En
este sentido, en la reunión de la UE en Londres (02/03), se acordó,
“mantener
el flujo de ayuda a Kiev y mantener la presión económica sobre
Rusia para fortalecer la posición de Ucrania; asegurarse de que
Ucrania esté en la mesa de negociaciones y que cualquier acuerdo de
paz debe garantizar su soberanía y seguridad; y continuar armando a
Ucrania para disuadir futuras invasiones”, (Infobae, 03/03). No
obstante, a pesar que Macron declaró que irían a dar una tregua de
un mes, Starmer, señaló que no había un plan determinado todavía.
Este último a su vez “lanza puentes” a Trump, mientras que la
mayoría de mandatarios europeos aparecen más firmes en su
distanciamiento con EE.UU.

Para
algunos analistas, el acuerdo de paz integrando a la mesa de
negociaciones a la UE o Zelensky sería la solución a la guerra.
Pero una “garantía de seguridad” para Ucrania (como plantean la
UE y Zelensky), implicaría una fuerza militar. Es decir, una
situación de volatilidad colosal como la de Siria o la de Palestina,
donde a la menor chispa se podría volver a incendiar la pradera.

Así
las cosas, estaríamos frente a la paz de los cementerios que sería
financiada con la plata del recorte del presupuesto social a los
trabajadores europeos y norteamericanos.

César Zelada. Director de la revista La Abeja obrera. Escritor y colaborador en varios medios de prensa obrera y popular.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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El norte global tiene diez veces más poder de voto en el FMI que el sur global

Para el Fondo Monetario Internacional (FMI), cada persona del norte vale por nueve personas del sur. Este cálculo se basa en los datos del FMI sobre el poder de voto en la organización de los Estados del norte global y del sur global en relación con su población. Cada país, en función de su “posición económica relativa”, como sugiere el FMI, tiene derecho a voto para elegir a sus delegados al directorio ejecutivo, que toma todas las decisiones importantes de la organización. Un breve vistazo al directorio muestra que el norte global está ampliamente sobrerrepresentado en esta institución multilateral, crucial para los países endeudados.

Estados Unidos, por ejemplo, tiene el 16,49% de los votos en el directorio del FMI, a pesar de representar solo el 4,22% de la población mundial. Dado que el Convenio Constitutivo del FMI exige el 85% de los votos para realizar cualquier cambio, Estados Unidos tiene poder de veto sobre las decisiones del FMI. En consecuencia, los altos funcionarios del FMI se alinean con las políticas del Gobierno estadounidense y, dada la ubicación de la organización en Washington, DC, consultan frecuentemente con el Departamento del Tesoro de EE. UU. sobre su marco político y las decisiones específicas.

Por ejemplo, en 2019, cuando el Gobierno de Estados Unidos decidió dejar de reconocer unilateralmente al Gobierno de Venezuela, presionó al FMI para que siguiera su ejemplo. Venezuela, uno de los miembros fundadores del FMI, había acudido a la entidad en busca de ayuda en varias ocasiones, pagó los préstamos pendientes del FMI en 2007 y luego decidió no solicitar más asistencia a corto plazo. De hecho, el Gobierno venezolano se comprometió a construir el Banco del Sur para proporcionar préstamos puente a los países endeudados en caso de déficit en la balanza de pagos. Sin embargo, durante la pandemia, Venezuela, al igual que la mayoría de los países, intentó recurrir a sus reservas de 5000 millones de dólares en derechos especiales de giro (DEG), la “moneda” del FMI, a los que tenía acceso como parte de la iniciativa global de aumento de liquidez del fondo. No obstante, el FMI, bajo presión de EE. UU., decidió no transferir el dinero. Esta resolución se produjo después que se rechazara previamente una solicitud de Venezuela para acceder a 400 millones de dólares de sus derechos especiales de giro.

Aunque Estados Unidos afirmó que el verdadero presidente de Venezuela era Juan Guaidó, el FMI siguió reconociendo en su sitio web que el representante de Venezuela ante la organización era Simón Alejandro Zerpa Delgado, entonces ministro de Finanzas del Gobierno del presidente Nicolás Maduro. El portavoz del FMI, Raphael Anspach, no respondió a un correo electrónico enviado en marzo de 2020 sobre la denegación de los fondos, aunque publicó una declaración formal en la que afirmaba que “el compromiso del FMI con los países miembros se basa en el reconocimiento oficial del Gobierno por parte de la comunidad internacional”. Dado que “no hay claridad” sobre este reconocimiento, escribió Anspach, el FMI no permitiría a Venezuela acceder a su propia cuota de derechos especiales de giro durante la pandemia. Poco después, el FMI eliminó abruptamente el nombre de Zerpa de su página web. Una clara muestra de la presión ejercida por Estados Unidos.

En 2023, en el Nuevo Banco de Desarrollo (Banco BRICS) en Shanghái, China, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, señaló
la “asfixia” de la política del FMI hacia las naciones más pobres.
Refiriéndose al caso de Argentina, Lula dijo: “Ningún gobierno puede
trabajar con un cuchillo en la garganta porque debe dinero. Los bancos
deben tener paciencia y, si es necesario, renovar los acuerdos. Cuando
el FMI o cualquier otro banco presta a un país del Tercer Mundo, la
gente se siente con derecho a dar órdenes y manejar las finanzas del
país, como si los países se hubieran convertido en rehenes de quienes
les prestan dinero”.

Ben Enwonwu (Nigeria), The Dancer [La bailarina], 1962.

Toda la retórica sobre la democracia se desvanece cuando se trata de la base real del poder en el mundo: el control sobre el capital. El año pasado, OXFAM demostró que “el 1% más rico del mundo posee más riqueza que el 95% de la humanidad” y que “más de un tercio de las 50 empresas más grandes del mundo, con un valor de 13,3 billones de dólares, están ahora dirigidas por un multimillonario o tienen a un multimillonario como principal accionista”. Más de una docena de estos multimillonarios forman parte del gabinete del presidente estadounidense Donald Trump, que ya no representa al 1%, sino al 0,0001%. Al ritmo actual, a finales de esta década, el mundo verá la aparición de cinco billonarios. Son quienes dominan los gobiernos y, por tanto, tienen un impacto extraordinario en las organizaciones multilaterales.

En 1963, el ministro de Relaciones Exteriores de Nigeria, Jaja Anucha
Ndubuisi Wachuku, expresó su frustración con las Naciones Unidas y
otras organizaciones ..

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La III guerra mundial

Clausewitz

“…Tú
estás jugando con la Tercera Guerra Mundial…”, le increpó Trump
a Zelensky (Infobae, 28/02), por no querer firmar un alto al fuego
con Putin sin “garantías de seguridad”. Días antes,
contradictoriamente, a la vez que logró “el alto al fuego”,
señaló que EE.UU. tomaría el control de Gaza para desenvolver un
proyecto inmobiliario denominado “la Riviera de Medio Oriente”,
(DW, 11/02), lo que para algunos implicaría una limpieza étnica. A
la vez, exige a los países integrantes de la UE aumentar su
presupuesto militar al 5% del PBI para sostener la OTAN, saca a
EE.UU. de la OMS, recorta la “ayuda” de más de $40,000 millones
de USAID a los países tercermundistas, etc.

Entonces,
¿Por qué Trump habla de la paz? Porque es un político burgués
astuto y cauteloso. Durante la crisis económica y militar alemana de
1930, Hitler, también
hablaba de la paz tratando de ganar tiempo y cambiar la correlación
de fuerzas para así pasar de su obra cumbre “Mi Lucha” a la II
guerra mundial. Para comprenderlo habría que analizar el discurso de
Trump durante su toma de posesión (20/01). Una manifestación
categórica de la línea política estratégica imperialista de su
gobierno: Make América Great Again (MAGA).

“La
Edad de Oro de Estados Unidos comienza ahora mismo…
revocaremos
el mandato de los vehículos eléctricos, salvando nuestra industria
automovilística”,
declaró
el magnate yanqui (NYT,
20/02). Es
que a pesar que algunos medios señalan que la productividad de
EE.UU. se ubica en el primer lugar, lo que no señalan es que la
misma no ha podido superar las cifras pre pandemia y que China a
avanzado. El peso del dólar como moneda mundial habría caído del
71% (2000) al 55% (2022). En el 2000, el 75% de los países tenían
como principal socio comercial a EE.UU., mientras que, en el 2020,
China habría alcanzado el lugar de EE.UU.

Entonces,
Trump habría concluido que EE.UU. tiene que “romper huevos si
quiere hacer una tortilla”. Es decir, “romper el orden mundial”
para recuperar su hegemonía internacional. Biden se abrió varios
frentes de guerra que solo en Ucrania han costado cerca de $150,000
millones. Trump, replantea la estrategia de guerra yanqui, reconoce
la victoria militar rusa y se repliega hablando de paz (impone el
alto al fuego en Gaza, negocia con Putin sobre Ucrania), con el fin
de concentrarse en el dragón asiático. Pero la demagogia pacifista
de Trump a confundido a tirios y troyanos.

No
obstante, la dialéctica nos enseña a no confundir el todo con
algunas partes de la crisis. Sucede que no
estaríamos frente a una tendencia aislacionista y pacifista del
Imperio del Norte, sino a una política expansionista y agresiva que
responde al “declive relativo” (es fuerte militarmente) de la
potencia yanqui. Sus amenazas de invadir y tomar el control del Canal
de Panamá, anexarse Groenlandia, Canadá y México (argumentando el
terrorismo de los carteles de la droga fentanilo), así lo
demostrarían.

Según
el connotado periodista Seymour Hersh, “EE.UU. dio la orden para
volar los gasoductos Nordstream” (France24; 09/02/23), con el fin
de boicotear el suministro de gas ruso barato a Alemania, lo que
produjo la dependencia de energía yanqui a precio caro. Esto, entre
otros factores, conllevó a la crisis del gigante Ford y una recesión
de la economía alemana por segundo año consecutivo (la producción
industrial alemana ha bajado un 7% desde 2021, mientras que las
industrias intensivas en energía han bajado un 20%). Según el
informe Draghi, “la producción manufacturera europea ha bajado un
9% desde 2021, los metales un 35%, los equipos eléctricos un 49%”.
Además. “la cuota de la UE en el comercio mundial se ha reducido
del 18,9% en 2004 al 14,8% en 2024. En comparación, las
exportaciones de EE.UU. representan el 10,8% del comercio mundial y
las de China, el 18,1%”, (Ok diario, 03/03).

Si
bien es cierto que después del derrumbe de la URSS, EE.UU. se
erigió como la potencia imperial vencedora y el dólar se tornó en
la moneda de intercambio mundial, convirtiéndose en la potencia
financiera decisiva del FMI, BM, OTAN, ONU, etc. pues, sin embargo,
geopolíticamente, EE.UU. ha retrocedido debiendo sacar sus tropas
militares de Irak, Siria y Afganistán. Incluso, antes tuvo que
retirarse de Vietnam y en la toma reaccionaria de Siria, los EE.UU.
serían convidados de piedra de Turquía.

A
esta situación habría que agregar que según el economista Claudio
Katz, “…Trump
confronta con un adversario digital que ha tomado la delantera. China
emparejó primero los avances tecnológicos norteamericanos y disputa
actualmente los segmentos más sofisticados…se puso al frente de la
5ª y 6ª generación de comunicaciones móviles…también gana
primacía en las ciudades inteligentes, el reconocimiento facial y el
universo del Big Data. Ahora batalla palmo a palmo en la carrera de
la Inteligencia Artificial…”, (Qué
anticipa DeepSeek, 21/02).

Sería
por estas razones que Trump (que ahora tiene mejores condiciones para
imponer su política bonaparti..

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Juegos de guerra en la Línea Durand (III)

Juegos de guerra en la Línea Durand (III)

Por Guadi Calvo | 11/03/2025 | Mundo

Fuentes: Rebelión

Desde el comienzo de Ramadán el pasado viernes 28, el mes sagrado de los musulmanes, tres importantes ataques se produjeron en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa (KP) en el noreste de Pakistán.

El primero tuvo como objetivo el mítico seminario religioso Darul Uloom Haqqania, en Akora Khattak un pueblo del distrito de Nowshera próximo a la frontera con Afganistán, sobre la conocida Línea Durand.

Un shahid se inmoló con su carga explosiva en las puertas de la mezquita minutos después de terminada la plegaria principal del viernes (día santo del islām), asesinando a seis personas, entre ellas el maulana Hamidul ul-Haq Haqqani, además de herir, según fuentes indias, a otros veinte acólitos del maulana.

Tanto el principal blanco del ataque, el emir Hamid-ul- Haq, como el escenario elegido, no ha sido un hecho oportunista, sino que deja claro que detrás del atentado del que hasta ahora ningún grupo se atribuyó la responsabilidad, cifra un mensaje que promete mucha más sangre.

El maulana Haqqani era hijo de otra gran autoridad religiosa, Sami-ul-Haq, considerado el ideólogo de muchísimos líderes talibanes, entre ellos Mohamed Omar, más tarde el mullah Omar, fundador del movimiento talibán en 1994, quien sería reconocido por sus pares como el amīr al-muʾminīn (príncipe de los creyentes).

Tampoco el lugar elegido ha sido casual, ya que el seminario de Darul Uloom Haqqania donde unos cuatro mil talib (estudiantes) reciben de manera gratuita educación coránica, comida y ropa, es la madrassa donde se han formado Omar y cientos de talibanes y muyahidines de todo el mundo.

Si bien funciona desde 1947, este templo, al igual que otros miles
alrededor del mundo a partir de los años setenta, ha recibido millones de
dólares de Arabia Saudita para que propaguen su interpretación del Corán,
el wahabismo, el fundamento ideológico de todas las organizaciones
terroristas que se adscriben al sunismo.

Los otros dos ataques tuvieron como escenario la localidad de Bannu, también en la provincia de Khyber Pakhtunkhwa, el pasado día 4.

El primero de estos fue reivindicado por el nuevo grupo terrorista, Jaish
al-Fursan funcional al Tehreek-e-Taliban-e-Pakistan (TTP),
actualmente la más letal de la media docena de las organizaciones insurgentes
que operan en Pakistán.

Se informó que dos grandes explosiones, producto de la detonación de dos
vehículos estacionados junto a uno de los muros de la guarnición militar de la
localidad, abrieron una brecha por la que varios muyahidines alcanzaron
a filtrarse, iniciando un tiroteo que dejó, según las fuentes militares, uno
treinta y cuatro muertos: tres civiles, dieciséis militantes y cinco soldados,
además de treinta heridos.

El ataque se produjo en el comienzo del atardecer, momento en que se produce la ruptura del ayuno que es obligación para los musulmanes mantener a lo largo del Ramadán, cuando los fieles suelen relajarse aprontándose para una cena casi siempre festiva.

La segunda de las acciones de Bannu fue contra una mezquita repleta de fieles por la fecha. Si bien no está claro que este último ataque haya sido producto de una acción premeditada o consecuencia de las fuertes explosiones sucedidas durante el ataque a la base militar.

Bannu, al igual que toda la provincia de Khyber Pakhtunkhwa es un blanco predilecto de los terroristas. En noviembre último un shahid hizo detonar el vehículo que conducía matando a doce militares después de lanzarse contra un puesto de seguridad. En julio anterior otro ataque también había provocado la muerte de varios integrantes de las fuerzas de seguridad.

El año pasado se constituyó como el más mortífero para las fuerzas de seguridad pakistaníes en una década, habiendo muerto cerca de setecientos regulares en unos 450 ataques.

El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, tras condenar los ataques,
exigió una profunda investigación que, con o sin ella, apuntará a Kabul.

Los sospechosos de siempre

El ejército pakistaní insiste en que durante los asaltos de Bannu testigos afirman haber detectado la presencia de afganos, mientras que la Inter-Services Intelligence (ISI), la omnipresente inteligencia pakistaní, sostiene que los atacantes provenían de Afganistán, donde había sido planificado.

En una declaración de la vocería del ejército se exige a Kabul que cumpla con su compromiso de “no tolerar organizaciones terroristas en su territorio”. (Ver: Juegos de guerra en la Línea Durand I y II).

Cuando el pasado 28 de febrero se cumplían cinco años de los acuerdos de Doha, que terminaron con la presencia norteamericana en Afganistán después de veinte años, Zabihullah Mujahid, el vocero del los talibanes, declaró que ese acuerdo estaba limitado a un período de tiempo y que ahora ha expirado». El Emirato Islámico de Afganistán (nombre oficial del país) tiene un sistema de gobierno establecido y ya no podemos avanzar basándonos en ese acuerdo”. Mu..

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